Elecciones y opciones

Por Reinaldo Vives

Cerrado el primer turno de las elecciones, todos los sectores percibieron que algo importante había cambiado en la escena política. Definir qué, sin embargo, dependerá del punto de vista de quien analice, de los intereses de clase que represente, de los objetivos políticos que se plantee.

Nosotros nos situamos en el punto de vista de un naciente movimiento popular, con perspectiva revolucionaria.  Sabemos que “las elecciones nunca resuelven por si mismas los problemas de las clases, sólo los plantean.” (M. Enríquez). Buscamos comprender cuáles son los problemas que se nos plantean a partir de ahora, cómo influye el cambio de escenario político en la búsqueda de caminos para el avance popular.

Carnaval de mentiras

La primera constatación que puede hacerse, es el uso tendencioso de las encuestas, que demuestran el rol político activo que juegan los centros de estudios políticos y los grandes medios de prensa. Lejos de estudiar la realidad, o de informar sobre ella, se dedican a mentir, tergiversar u ocultar aspectos de la realidad, de acuerdo a los intereses de sus propietarios.

Ni el reformismo burgués de la Nueva Mayoría estaba tan derrotado, ni Piñera tenía el triunfo asegurado, ni el ciudadanismo del Frente Amplio atraía tan pocos respaldos como indicaban las diferentes encuestas, los “expertos analistas” o los titulares de la prensa burguesa.

Tal como se ha demostrado en golpes y ofensivas antipopulares, en el Chile del 73 como  en todo el continente, los grandes medios de prensa de nuestros países son agentes activos de la derecha más agresiva y de intereses externos, articuladores y propagandistas de toda clase de conservadores, reaccionarios y fascistas. Debemos leer los medios separando los hechos de las interpretaciones que quieren imponernos.

Es tarea urgente del pueblo desarrollar sus propios medios de comunicación, y denunciar el financiamiento preferencial de los grandes medios empresariales por el Estado. Una verdadera libertad de prensa, que facilite la existencia de periódicos, radios y televisoras en manos de los trabajadores y las comunidades, es una condición esencial para avanzar en la construcción de una fuerza popular

Límites de la derecha

La segunda observación que puede hacerse es que, se ordene como se ordene el porcentaje de chilenos que participan en la elección de autoridades, la derecha no logra representar ni la mitad de ellos. Piñera logró ser presidente por los errores de la Concertación; por maniobras internas se impuso un candidato que no atrajo el interés ni de sus propios votantes, en momentos en que vicios como el apitutamiento de parientes y amigos, y el sospechoso enriquecimiento de algunos socios listos ya eran secretos a voces entre sus partidarios y exigían una evolución.

La política de acuerdos por arriba que marcó la post-dictadura no representa los intereses populares; siempre operó en contra de las tendencias y aspiraciones democráticas del pueblo. La búsqueda de consensos con una burguesía codiciosa y sin escrúpulos es un camino de derrotas.

En esta ocasión el gran capital votó haciendo caer la Bolsa de Valores de Santiago, mostrando su rechazo a  la votación de los sectores reformistas, que en conjunto reúnen más votos que su representante. Es una clara presión sobre la coalición de gobierno; si una vez más se entrega la administración del país a los herederos de la dictadura, será por la torpeza y la cobardía de los gobernantes. 

Los que usurpan la representación del pueblo deberían asumir la responsabilidad de proteger los espacios democráticos que la lucha popular arrebató a la dictadura. Pero no lo harán por sí solos, el pueblo no puede confiar en reformistas viejos o nuevos, que frenan la movilización para actuar en su nombre. Sólo la organización y la lucha popular independiente conseguirán llevarnos hacia una sociedad más justa y democrática.

La tercera fuerza

Mucho se ha escrito para explicar el crecimiento del tercer bloque político, una mezcla de grupos, desde liberales y “ciudadanistas” que creen en una república reformable, hasta otros que se dicen de una izquierda radical. Lecturas optimistas apuntan a una ampliación del arco político hacia la izquierda, aunque sus principales líderes no surgen de sectores populares, y rechazan constantemente esta categoría; condenan tanto la herencia del período de Allende como los procesos cubano y venezolano.

En realidad no hay una ampliación, ya que no ha variado el porcentaje de población que vota, menos de la mitad de los habilitados; tampoco ha variado la proporción de votantes de cada sector. Más bien parece ser un reordenamiento de fuerzas al interior del campo de los que apuntan a reformar el neoliberalismo, impulsado por el fin del binominal.

Considerando la edad de sus líderes más visibles, aparece más como una renovación generacional desde afuera, de una franja política que, abrazada a los privilegios y oropeles del poder político, no supo abrir paso al necesario recambio. Su rechazo al desgaste moral y político de la casta gobernante los lleva a adoptar un discurso de tono populista; han llegado a la dirección de algunos movimientos sociales, pero no para construir su independencia, sino para presionar desde ellos su “incidencia” en negociaciones al interior de la institucionalidad.

Esto no impide que su aparición genere fenómenos de optimismo y expectativa en sectores que hasta ahora se han mantenido incrédulos ante la política. Será necesario un esfuerzo para explicar una vez más los límites del proyecto reformista, y mostrar las posibilidades reales de un proyecto clasista, de organización y lucha independiente.

Un proceso similar ocurre también en la derecha, con militantes más jóvenes que se distancian de los viejos “coroneles” de la UDI, desgastados por los escándalos y juicios por corrupción. Siguiendo tendencias globales de la crisis del neoliberalismo, adoptan un discurso fascista; reivindican los valores más conservadores de la burguesía chilena, el clericalismo y el espíritu de casta privilegiada, xenófoba y racista, que les hace despreciar la participación popular, prefiriendo la violencia antipopular simbolizada por la reacción pinochetista.

Abstención activa

Estos interesantes procesos políticos ocurren, con todo, en el espacio limitado de una militancia sin base social propia. Por eso gran parte de los discursos de todos los sectores que participan en las elecciones se centraba en el llamado a la participación popular en la votación. No obtuvieron los resultados esperados, manteniéndose la abstención, a pesar del crecimiento de la población, en cifras superiores al 53% de los habilitados.

Desde todos los sectores participantes se expresó el temor y la rabia en improperios dirigidos a quienes no participaban, dando un contenido político al rechazo a votar. Tildando de flojos, apáticos, de hacer el juego a la derecha, se negaron a interpretar y comprender en su amplitud y complejidad el fenómeno.

Es efectivo que no todo el mundo que se abstiene lo hace por una convicción política elaborada. Pero también es verdad que incluso en procesos de radicalización y lucha de amplias masas, no todos los que participan tienen un proyecto claro. Para desatar un fenómeno de masas basta que se generalice en la población un sentimiento de rechazo a las medidas tomadas por el Poder. La conducción la darán quienes hayan estado en la calle desde los inicios, que tengan legitimidad y capacidades para explicar con claridad los objetivos y la dirección del movimiento.

La abstención electoral del pueblo no es pura apatía o indiferencia. No hay día que no se produzca un paro de trabajadores, una marcha de estudiantes, la movilización territorial y comunitaria en pueblos y ciudades a lo largo del país. Las organizaciones populares han crecido, han ganado confianza en sí mismas y en la solidaridad de sus hermanos de clase. Esa parte activa del rechazo hacia la casta en el poder y su sistema de explotación y robo la ignoran los reformistas,  la ocultan y criminalizan los medios.

El pueblo se abstiene de votar, pero no se abstiene de luchar, de construir sus propias fuerzas, de hacer política popular y revolucionaria. Pequeños núcleos de izquierda revolucionaria han estado ahí desde siempre, conservando la memoria histórica, organizando nuevas fuerzas, encabezando los nuevos combates. Poco a poco se va dibujando un camino propio, se van uniendo las diversas luchas, se van aclarando los objetivos del pueblo.