Elecciones: Boleto a ganadores

Por Ernesto Castro

Desplegadas ya las candidaturas presidenciales que representan a diferentes agrupaciones políticas del país, quedan al descubierto las complejidades propias del crítico contexto en que deberán desenvolverse, y nos alertan de la posibilidad de importantes readecuaciones que podrían ser históricas, en las alianzas de los sectores que sustentan la administración del poder.

El Frente Amplio, que aparece desde la izquierda de la moribunda Nueva Mayoría, cuyo antecedente más inmediato es el triunfo electoral de Jorge Sharp en las municipales de Valparaíso, ha ganado terreno con una de sus dos candidaturas: Beatriz Sánchez es quien aparece con mayores posibilidades de representar esta frágil agrupación de pequeñas colectividades, integrada principalmente por estudiantes, académicos, profesionales de clase media y en menor medida de sectores populares, los que no logran aun, consensos mínimos con respecto a definiciones político ideológicas .

Alejandro Guillier, que logró ganar la disputa a Ricardo lagos Escobar, criticado duramente por las viudas del ex mandatario por su falta de propuesta, ha recibido un duro golpe en el flanco que corresponde a una de las colectividades que lo apoyan, El Partido Socialista. A raíz del escándalo por revelaciones de inversiones de esta organización en empresas, en particular SQM, propiedad del yerno del dictador. Los días venideros arrojarán mayor información en relación al costo político para la campaña de la carta, que hasta ahora, aparece con mayor opción de llegar a una segunda vuelta.

Con un atrevido viraje hacia la derecha, tratando de posicionarse en condiciones de recuperar parte del porcentaje electoral perdido durante casi tres décadas. La DC decidida a mantener la candidatura de su presidenta Carolina Goic, ha puesto lápida a la existencia de la Nueva Mayoría y los acuerdos de listas unidas para enfrentar las parlamentarias. Estira así el abanico electoral desde el centro hacia la derecha y pone un gran manto de duda acerca de su destino pos-electoral.

Con menos incertidumbres, la casi segura carta derechista, Sebastián Piñera, deberá sortear las críticas de Manuel J. Ossandón, quien pretende pavimentarse desde ahora el camino a las presidenciales del 2020. Además, de las remotas posibilidades de un escándalo de dimensiones tales que pusieran en riesgo su candidatura.

El factor abstencionista, nuevamente promete ser el invitado de piedra, más aún cuando continúan y continuaran los casos de corrupción, ampliando cada día el arco de las instituciones comprometidas. Al parecer nadie se salva.

De todas maneras, gane quien gane las próximas elecciones presidenciales y cualquiera sea el resultado de las parlamentarias, los que seguro celebraran será la clase empresarial que contará con un presidente afín a sus proyectos y visión de país, y un parlamento donde prevalecen los cocineros que siempre les favorecerán.

En el actual contexto, es una tragedia que los sectores que reivindican los intereses de los sectores populares y de los trabajadores, no tengan la capacidad de aprovechar la crisis de los “dueños del poder”, impulsando su profundización y al mismo tiempo, la constitución de una nueva alternativa.

No se ha logrado comprender las complejas causas que mantienen a los sectores que luchan por verdaderos cambios, sumidos en constante fragmentación, dispersión política e ideológica. La falta de unidad, de un proyecto común para lograr, desde el seno de los movimientos sociales, plantear al país la imperiosa necesidad de terminar con el estado actual de las condiciones en que se desenvuelven los sectores proletarios, y con ello la posibilidad cierta de que es posible apoderarnos de nuestros destinos para construir una sociedad de los trabajadores.