El significado de Maduro

Por Lucas Koerner, Venezuela Analysis. Traducción por Benjamín Alaluf.

Desde Caracas, Venezuela los compañeros de Venezuela Analysis están haciendo reportajes desde una perspectiva crítica del proceso bolivariano. A continuación compartimos la última parte de una mini-serie que pretende dar a conocer las problemáticas reales de la Revolución Bolivariana.

No hay duda que los casi seis millones de personas que votaron por el gobierno en las elecciones regionales y municipales lo hicieron por razones materiales profundas.

Frente a una oposición derechista auspiciada por los Estados Unidos que ha hecho nada más que tratar incesantemente de botar al chavismo del poder y ejercer su programa neoliberal, muchos y muchas venezolanos ven al gobierno bolivariano como el único régimen en su memoria que realmente reconocido su existencia y priorizado su bienestar.

Consecuentemente, para un amplio mayoría de las clases populares venezolanas, Maduro y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) aún representan la esperanza que las conquistas democráticas y sociales – aunque disminuidas por la crisis [económica] y la retirara contrarrevolucionaria – puedan ser preservadas y profundizadas. Un ejemplo de esto es el programa gubernamental de los CLAP [Comités Locales de Abastecimiento y Producción] de distribución local de comida subsidiada que se hace casa a casa en coordinación con consejos comunales locales, lo cual se ha expandido para cubrir a millones de familias. A pesar de los numerosos problemas que han dañado al programa y además a otras políticas sociales incluyendo el nuevo sistema de Bonos de Tarjeta de la Patria, sin tales iniciativas, es probable que el gobierno no hubiera podido contar con movilizaciones masivas populares que exitosamente lo defendieron contra las protestas insurreccionales de la derecha el año pasado.

Pero esta preocupación con temas de pan y mantequilla sola no puede explicar la energía de la que fui testigo el 4F.

Más allá de cualquier demanda programática o apego emocional de virtud por ser la nominación de Chávez, la reelección de Maduro connota para muchos chavistas la posibilidad de continuar la secuencia revolucionaria que empezó en las revueltas masivas en 1989 contra el neoliberalismo conocidas como el Caracazo y continuaron por la elección de Chávez, el proceso de asamblea constituyente de 1999, las victorias populares contra el golpe de Estado en 2002 y el paro petrolero hasta la elección de Maduro y la derrota de las guarimbas.


Eso es el hecho que un chofer de bus o un teniente-coronel provinciano, pobre y afro-indígena pueda ocupar el timón del Estado simboliza lo que las masas venezolanas pueden lograr en la práctica, en lo concreto radicalmente rehacer el orden social desde abajo en la dirección de una democracia socialista “protagónica y participativa.”


Por toda su mediocridad como individuo y líder político, la presidencia de Maduro personifica la esperanza borrosa anticolonial ofrecida por Frantz Fanon que “el último será primero y el primero el último,” concretamente que las masas negras y morenas jamás volverán a ser gobernados por la oligarquía blanca pro-yanqui que los asfixiaba por tanto tiempo.

En ese sentido, el eslogan de “¡No volverán!” todavía tiene una poderosa resonancia, particularmente para las generaciones más viejas que vivieron la Cuarta República de la oligarquía que precedía a Chávez.

El apoyo para Maduro es por lo tanto complejo: viene tanto de una visión utópica infusionada emocionalmente de continuar la lucha revolucionaria persoficinada en la figura de Chávez como de una lectura pragmática de la actual correlación de fuerzas y la amenaza catastrófica de la derecha.

El apoyo incondicional para Maduro es preservar el legado de Chávez porque el pueblo sabe que es más fácil profundizar una revolución mientras está en el gobierno que entregarlo a una derecha que no tiene respeto por la vida y sólo busca eliminar al adversario,” explica Javier, de 36 años, quien es vocero de iniciativas económicas populares en su Consejo Comunal en el sector obrero de Catia ubicado en el oeste de Caracas.

Para Javier, él mismo un militante del PSUV quien se ha vuelta crítico de la élite del partido que hasta ha llegado al punto de apoyar a candidaturas independientes de izquierda como Eduardo Samán, Ángel Prado, entre otros, “esto no quiere decir que el pueblo acompañe a Maduro ciegamente, pero a lo contrario, de una manera crítica.”