El puño alzado de la mujer en lucha

Por Javiera Ormeño Correa

A principios de este año, cuando hacía un juego de probabilidades y apuestas sobre cuál sería el tema de contingencia de este año, marcado por ser el primero del electo presidente derechista Sebastián Piñera, jamás apareció en mi cabeza la idea de una movilización feminista. Y es que la historia ha sido cruel, al punto de bajarnos la moral y cubrirla de una eterna falsa esperanza, bajo la excusa de las condiciones, del panorama nacional, de que aún nos falta por trabajar. Sin embargo, en contra de toda expectativa, compañeras de todo el país decidieron alzar el puño; ya no se puede seguir esperando cuando la opresión es sistemática, es eterna, es histórica.

La Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Austral fue la primera en levantarse, iniciando así el 17 de abril de este año lo que sería una movilización sin registro previo. Al día de hoy, son más de 18 las universidades y liceos en toma feminista, por su propia seguridad en un espacio que, supuestamente, debería ser de confianza como el de una casa de estudios. Un mes llevan las compañeras de la Universidad Católica de Temuco también, resistiendo, avanzando. Catorce días llevamos nosotras en la Universidad de la Frontera, avanzando y construyendo.

No es de extrañar lo que está sucediendo hoy, desde hace siglos el patriarcado ha fabricado desigualdades de género, alimentadas por un sistema además capitalista, el cual se sirve de la explotación y opresión que el mismo sistema patriarcal creó. Desigualdades que se traducen en discriminación, en violencia, en machismo, en invisibilización ante la situación de opresión por su condición de mujer, y también por su condición de clase. Una doble opresión que nos escondió, hace siglos, en la labor doméstica y el espacio privado, negándonos la opinión, la decisión y la acción. Hoy, en pleno 2018, la mujer pobre aún muere por abortar, la mujer lesbiana sigue siendo sexualizada y rechazada, en caso de que no calce con el prototipo comercial que el capitalismo les fabricó; la mujer mapuche sigue siendo doble y triplemente discriminada en todos los espacios por pertenecer a un pueblo en lucha.

He escuchado a muchos decir que esta es una movilización de la feminista burguesa, que ignora la importancia de la lucha de clases, que nos movemos desde un espacio de privilegio. Y lo último es cierto, el espacio universitario es un espacio privilegiado, al que muchas de nuestras compañeras jamás podrán acceder porque al mismo sistema le conviene que no ingresen. Sin embargo, esta movilización es sólo una forma de visibilizar aquello que se viene gestando de forma histórica en cada una de las mujeres rebeldes, guerrilleras, pero también en las eternamente ignoradas, las que nunca tuvieron la posibilidad de hablar.

Hoy la lucha se alza también por la mujer pobre, ignorada por la institucionalidad una y mil veces, incluso después de muerta por causa de la violencia machista. Hoy, aquí en Temuco, nos alzamos por Yini Sandoval, asesinada por su ex pareja y luego incinerada en su casa junto a sus tres hijos en un barrio pobre de la ciudad, a esos a los que las instituciones les dan la espalda, creciendo en un sector ignorado y continuamente golpeado.

Hoy, las compañeras de la UCT y la Ufro , construimos y peleamos por las mujeres mapuche como Lorenza Cayuhuán, a quienes la violencia institucional las ha tenido pariendo engrilladas sólo por ser mapuche. Hoy peleamos por todas las mujeres lesbianas y disidentes, ignoradas en los espacios de opinión pública, ignoradas por colectivos LGTBI+ que terminan concentrando su lucha en la figura masculina y reproduciendo los mismos patrones de esta sociedad. Hoy alzamos la voz no sólo para que no nos sigan acosando y abusando en nuestras casas de estudio; hoy alzamos la voz en un acto de rebeldía contra el patriarcado, contra el machismo y también contra el capital, para dejar más claro que nunca que la revolución será feminista o no será.