El huracán capitalista

Por Héctor Luis Alamo, Revista Enclave. Traducción por Benjamín Alaluf.

El capitalismo llegó a  Puerto Rico aproximadamente el 25 de julio 1898, el día en que la tropas norteamericanas vinieron lanzándose desde el mar a Guánica. Una forma incipiente de explotación burguesa había estado antes, sin duda enviada por las fragatas españolas. Pero fue la llegada del capitalismo yanqui, en forma del Banco Colonial Americano y el Sugar Trust, que ha llevado caóticamente pero inevitablemente a la crisis que está asfixiando a la isla mientras hablamos.

Los Estados Unidos conquistó a Puerto Rico y lo colonizó por dos razones: la primera, como un puesto militar fronterizo para asegurar el comando militar del Caribe, sino todo el hemisferio, y la segunda, como una fuente de mano de obra barata y recursos naturales. Pero con una mirada más cerca se puede ver que las dos razones son realmente la misma: con el Estado capitalista utilizando su poder militar para imponer, expandir y fortalecer su poder económico. En vez del latifundio de la España feudal, por más de cien años Puerto Rico ha jugado un rol de anfitrión reticente para su equivalente de hoy en día: el agronegocio, la manufactura, el farmacéutico y las inmobiliarias.  

 

Los experimentos económicos de Washington en Puerto Rico, tenían el propósito de mostrar a la isla como una joya del capitalismo occidental en contraste el socialismo del Este y han sido meramente los tornillos sueltos del capitalismo enfrentando su caída. La Gran Depresión fue una pronta alarma para el capitalismo, la más fuerte hasta ahora, indicando que el diagnóstico de Marx, tenía un poco de verdad. Los economistas fueron obligados a reconocer las contradicciones existentes dentro del capitalismo – la sobreproducción, la caído del índice de ganancia y el antagonismo del capital hacia la naturaleza – y buscaron otras maneras para curar el capitalismo de su propia debilidad y por lo menos mantenerla en soporte vital, de manera indefinida si hace falta.

 

El colapso del azúcar y otras cosechas no solamente en Puerto Rico sino en todo el mundo, llevó a Wall Street a realizar una industrialización masiva para llevar a la isla al siglo XX lo más pronto posible. Como el plan de cinco años de Stalin en la Unión Soviética que empezó hacía dos décadas atrás, la meta real de la Operación Manos a la Obra no era la prosperidad del pueblo puertorriqueño sino las ganancias de los Estados Unidos. Quien lo dude sólo tiene que acordarse de la esterilización forzada en Puerto Rico durante el mismo tiempo. El genocidio y la justicia económica jamás compartirán el mismo escenario.

 

Desde entonces, la extensión del capitalismo global ha causado una caída en la estabilidad económica de Puerto Rico que antes disfrutaba por la virtud de su relación muy cercana (y muy forzada) con los Estados Unidos. Además la eliminación gradual de estímulo fiscal para la industria y la inversión, que empezó en 1996 con el Presidente Clinton, dio rienda suelta a uno de los casos más viciosos de fuga de capital en la historia reciente, transformando a Puerto Rico en una manchita.

 

Ahora los buitres están volando encima, codiciosamente buscando cualquier pedazo de víscera que puedan encontrar. Están cerrando las escuelas, los hospitales se han desplomado y Prepa, la empresa pública eléctrica, está siendo mal manejada a propósito por el Gobernador Rosselló con la esperanza de que privaticen el servicio eléctrico otros servicios. Dieron rienda suelta a Puerto Rico y sin revisión a la tasa de su desarrollo, el capitalismo ha salido del cascarón, madurado y finalmente colapsó durante un siglo. Ahora está en quiebra, todo tiene que irse, mientras el capitalismo busca otro anfitrión.

 

El mes pasado el hombre del tiempo dijo que Puerto Rico se esquivó de un golpe directo del Huracán Irma, una de las tormentas más feroces jamás haya desatado el Atlántico. Pero los puertorriqueños no tienen miedo a los desastres naturales, no cuando toda su ruina es artificial.