El feminismo es un movimiento internacional

Por Karina Nohales, Coordinadora 8 de Marzo

La idea de las luchas internacionales se nos aparece hoy como una cuestión del pasado. La solidaridad y la defensa de demandas comunes por las y los trabajadores de diversos países parece haberse difuminado justo cuando el capitalismo alcanzaba su mundialización, paradoja explicable por la derrota mundial de nuestra clase con que se selló el siglo pasado. Sin embargo, ninguna derrota gravita para siempre y, dado que las condiciones que lanzaron a millones de hombres y mujeres a la lucha en el pasado siguen imperando, hay hoy síntomas nos anuncian que la hora del internacionalismo puede estar de regreso.

Las grandes resistencias que ha conocido el siglo actual no han logrado todavía contagiarse de país en país, de territorio en territorio, generando movimientos internacionales, pero algo se asoma de entre las manos de los diversos movimientos de mujeres.

Las mujeres somos la mitad de la humanidad. La inmensa mayoría de nosotras somos parte de la clase trabajadora mundial. Nada tiene de extraño que en el capitalismo globalizado seamos nosotras las protagonicemos hoy distintos movimientos, porque las condiciones de vida que golpean al conjunto nos golpean con efecto multiplicador a nosotras.

Esa es la razón de que los problemas que plantea el feminismo no consisten en un eje temático dentro de una diversidad de ejes temáticos, no son un punto específico de una agenda limitada. La forma y los contenidos concretos que han adoptado los movimientos feministas hoy tienden a cuestionar de conjunto las bases materiales de la sociedad en que vivimos tanto hombres como mujeres y también el planeta, sus recursos orgánicos e inorgánicos y las demás especies vivas. Es decir, el movimiento feminista tiende a cuestionar el patriarcado y sus criminales efectos, los que recaen sobre el conjunto social y medioambiental, pero se ejecutan enfáticamente sobre los cuerpos de las mujeres, especialmente las pobres, indígenas y negras.

Ejemplo de ello es la lucha de las mujeres kurdas de las YPJ, que se han puesto a la cabeza de la autodefensa armada en el contexto de la guerra en Siria y en contra el fascismo islámico. El conjunto de los pueblos que habitan hoy el territorio sirio están contra la guerra y resisten al fascismo islámico, pero ¿sobre los cuerpos de quiénes recae la barbarie oscurantista de Daesh y demás organizaciones afines? ¿Sobre los cuerpos de quiénes recae todo el mercado ilegal de la explotación sexual asociado al mercado de la llamada “ayuda humanitaria”?

Por su parte, las mujeres en el Estado Español han paralizado gran parte de la economía nacional el pasado 8 de marzo bajo la consigna “si nosotras paramos se para el mundo”, utilizando la Huelga General, herramienta propia de la clase trabajadora. La lucha de las mujeres en ese país es en resistencia contra las condiciones de vida que ha impuesto la crisis capitalista, relacionadas con el desempleo, la falta de vivienda y la privatización del sistema de seguridad social y de cuidados, así como contra la violencia machista.

En tanto, las mujeres en Argentina acaban de conquistar media sanción legislativa al proyecto que legaliza el aborto. Un proyecto de ley que hace tres meses no existía y que hasta hace pocas semanas parecía improbable se aprobara. Mediante movilizaciones callejeras gigantescas, las mujeres combinaron la lucha por sus derechos sexuales y reproductivos con la lucha contra el FMI y el gobierno de Macri y sus planes económicos en Argentina. Espontáneamente en diversos países latinoamericanos fueron convocadas manifestaciones en las Embajadas de Argentina, a favor de la ley de aborto en ese país y en apoyo al movimiento de las mujeres.

A este compás y en este contexto se libra la ola feminista en Chile, el paraíso neoliberal. Si sus protagonistas han sido las estudiantes ello se debe al permanente dinamismo que dicho sector social ha mantenido desde hace más de diez años. Pero, aunque los medios de comunicación dominantes traten de convertir ese protagonismo en exclusividad, lo cierto es que la ola feminista ha excedido el espacio estudiantil. Las demandas del feminismo se han expresado en el movimiento de masas que lucha por un nuevo sistema de pensiones NO+AFP, en los movimientos que luchan por el derecho a la vivienda, en los territorios y barrios y también en el mundo sindical.

La articulación de las mujeres de todos estos sectores se ha galvanizado en Santiago en la Coordinadora 8 de Marzo, la que en clave anticapitalista se ha planteado una orientación política de lucha contra la precarización de la vida. Al calor de la ola feminista la Coordinadora 8 de Marzo logró irradiar al conjunto del territorio nacional mediante la Jornada Nacional de Protesta Feminista del 1° de Junio, en respuesta la Agenda Mujer y a la Cuenta Pública del gobierno del derechista Piñera, a la cual las mujeres opusimos nuestro propio programa, nuestra Cuenta Pública Popular Feminista, abordando los múltiples aspectos de la existencia individual y colectiva de la clase trabajadora.

Junto a ello, nuevos espacios de organización de mujeres se han levantado. Es el caso de la Asamblea de Mujeres de los barrios Yungay y Brasil en Santiago Centro y de la Red de Mujeres Trabajadoras y Sindicalistas. En el primero de los espacios nos hemos propuesto hacer del barrio un territorio libre de violencia machista y racista; en el segundo de los espacios, levantar un programa feminista desde el mundo del trabajo.

Hoy las calles, la justicia, los centros de trabajo, la TV, la familia, las relaciones personales, las palabras y los gestos se encuentran sometidos al emplazamiento feminista. Se ha instalado en el país una discusión transversal acerca del “sentido común” de la sociedad. Fruto de la ola, las mujeres estamos hoy más organizadas que antes y con mayores elementos programáticos. Avances cuantitativos y cualitativos se han verificado en un periodo extremadamente breve. Pero no basta. Nos miramos, analizamos nuestra realidad, leemos nuestras condiciones de vida y la de nuestro pueblo y nos decimos que no es suficiente.

Miramos entonces la realidad de otros países y la lucha de otras mujeres. Queremos ser también las que pararon las calles del Estado Español cantando “a la huelga”, himno de la revolución proletaria de 1936. Queremos ser ese millón de mujeres que saltaron y se abrazaron con júbilo el 14 de junio en Argentina, las que liberaron el llanto pensando en las que lucharon antes, queremos ser las que se sintieron siendo el hilo que une a tantas generaciones de mujeres en resistencia en la historia.  

Las feministas queremos unir la historia y unirnos a la historia, enriqueciéndola.  Queremos ser libres y luchamos por ser libres juntas todas juntas. El misterio se va resolviendo, nos damos cuenta que las que luchan allá están de alguna forma luchando por las que estamos acá y viceversa. Y el internacionalismo, en los hechos, vuelve a asomarse en la historia, desenterrado por las manos, las mentes y los corazones de las mujeres.

Porque nos sentimos parte de esta lucha internacional y porque no queremos defraudarnos, la Coordinadora 8 de Marzo pone sus próximos pasos en retomar con fuerza la lucha por el derecho al aborto legal para todas las mujeres en Chile y en instalar y trabajar la perspectiva de Huelga General de Mujeres para el próximo 8 de marzo, en contra de la precarización de la vida.