[Editorial]: Presidente empresario sin escrúpulos

La primera mitad del año estuvo marcada por la intensa actividad internacional del jefe de Estado. Sobre todo, su viaje a China nos muestra los verdaderos proyectos de largo plazo de la burguesía chilena. 

No es casual que los medios de prensa burgueses nos hayan distraído con la historia del viaje del hijopara evitar preguntas que no les conviene oír. Porque esos viajes de los empresarios no son importantes sólo para ellos, los acuerdos firmados tendrán un gran efecto en la vida de miles de trabajadores y comunidades en Chile; es necesario que comprendamos su verdadero sentido y nos preparemos para enfrentar las consecuencias que tendrán. 

Cometeríamos un grave error al quedarnos en las burlas que muchas personas hacen a las torpezas e ignorancias que al presidente se le escapan cada vez que abre la boca. El no necesita ser brillante orador porque no necesita convencer ni explicar nada al puebloal que ignora y desprecia 

El presidente es un capitalista, un comerciante astuto y sin escrúpulos, al servicio de su clase; ha sabido moverse en el turbio escenario de la política chilena e iniciar un reordenamiento de largo alcance. Mantiene a la oposición tradicional dispersa y desconcertada, ha atraído a sus posiciones a sectores de centro, y hasta algunos que se consideran progresistas no presentan alternativas ante su ofensiva. 

Así ha logrado imponer su agenda de reformas, avanzando en sus principales proyectos, la idea de legislar la reforma a las pensiones, la reforma al Código Laboral y el TPP-11 (Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico, de 11 países tras la retirada de EE.UU), destinados a mejorar las condiciones de explotación del trabajo en una nueva fase del capitalismo chileno. 

Tras esos proyectos hay una agenda que los medios no nos muestran, pero que es mucho más importante. Los acuerdos comerciales con China y otras potencias globales apuntan a la modernización de las grandes empresas que explotan las riquezas de nuestros países; haríamos muy mal en creer el cuento del producto chino barato y malo, los acuerdos firmados significarán un salto tecnológico en el comercio y la producción.  

A partir de ellos, se prepara la llegada a Chile de la tecnología comunicacional 5G, que aumenta entre 100 y 1.000 veces la velocidad de comunicación entre aparatos informáticos. Esto significa que se hará más fácil y rápida la venta on-line de toda clase de productos, reduciendo en hasta 50% según algunos cálculos, los puestos de trabajo en el retail. También en la construcción, el transporte y la minería, entre otros, aumentará el uso de maquinarias robotizadas y manejadas en línea, reduciendo otra enorme cantidad de puestos de trabajo.  

Como parte de otros acuerdos de libre comercio que se acercan, como el TPP-11, y las ventajosas condiciones que ya se aplican a los productos extranjerosha comenzado una serie de quiebras de empresas industriales a lo largo del país, que deja el campo abierto a las exportaciones, y un reguero de familias sin ingresos ni perspectivas. 

En resumen, el gobierno del presidente de los capitalistas avanza en una reestructuración de la economía y el mundo del trabajo de nuestro país, que les garantice a ellos nuevas y mayores ganancias por muchos años, a costa de la reducción de la mano de obra. Es un nuevo escenario el que enfrentaremos, con limitaciones al derecho al trabajo, un debilitamiento mayor de la organización sindical, cesantía y precarización extrema de las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo. 

Es verdad que el pueblo no ha cesado de organizarse y de luchar durante estos meses, por el agua, los salarios, la educación, la contaminación; hubo combativas marchas de las mujeres el 8 de marzo y de los trabajadores el 1° de mayo, a pesar de todos los medios usados por la represión para atacarlas.  

Pero urge avanzar en otras tareas, fortalecer nuevas instancias unitarias de los trabajadores y demás sectores movilizadospensar juntos los cambios que se vienen y los modos de enfrentarlos; es necesario encontrar y preparar nuevas formas de lucha, adecuar las organizaciones al nuevo escenario.  

Sobre todo, es necesario afinar y concordar un programa político para las transformaciones radicales que el pueblo y los trabajadores necesitan, la hoja de ruta hacia una nueva sociedad de justicia y solidaridad.