[Editorial]: Por la conquista de justas y postergadas demandas por el pan y el trabajo

El sistema de explotación impuesto ha sido perfeccionado desde el estado y su administración por sucesivos gobiernos, que tienen en común ser la expresión política de la hegemonía de la burguesía y de sus mandantes imperialistas, desde hace medio siglo. 

El término pactado de la dictadura de Pinochet impulsado por la burguesía, vasalla del imperialismo, tuvo como condición, la imposición de un pacto social que garantizara la gobernabilidad, eufemismo para la continuidad del sistema impuesto a sangre y fuego durante la dictadura. 

El pacto social suponía la perpetuación de la hegemonía política de la burguesía, la rendición y repliegue de las fuerzas populares, a una colaboración de clases complaciente, en beneficio también de cúpulas partidarias, que sin otro capital, han usado y abusado de sucesivas oleadas de protesta social, como moneda de cambio para acrecentar sus espacios de poder en la institucionalidad burguesa. Configurando con ello, la traición más grande que nuestro pueblo registre en esta historia y que se resume en la descomposición moral y política de la socialdemocracia con sus viejos y nuevos apóstoles. 

Para la burguesía el costo de comprar presidentes, parlamentarios, jueces, directivos del estado, militares y policías, dirigentes políticos o sociales nacionales o locales, periodistas y académicos, sacerdotes y pastores, palidece cuando se le compara con las utilidades obtenidas depredando  el patrimonio, el territorio nacional y sus recursos, las arcas fiscales, los salarios y las pensiones de hambre de los trabajadores. En esta espiral de corrupción generalizada, motivada en la compulsión por el lucro consustancial al sistema, se manifiesta con crueldad y crudeza en los niveles de precarización del trabajo y de la vida de millones, en marginación social, en desigualdad y toda suerte de abusos y atropellos, de una institucionalidad que se descompone progresivamente y cuyo último recurso siempre es la violencia en contra de los pobres. 

En este contexto, el gobierno de Piñera y su comparsa de piratas y traficantes al servicio de los patrones, se propone apretar aún más el nudo atado al cuello de los trabajadores, promoviendo reformas laborales cuyo propósito será, como ha sido hasta ahora, acrecentar la explotación y el saqueo, potenciado por la súper-explotación del trabajo inmigrante y promover, entre otras medidas, una reforma tributaria regresiva, en beneficio de los más ricos y las corporaciones. 

Millones de trabajadores no tienen libertad de organización, movilización y negociación. Quienes pueden acceder a los exiguos espacios que se han logrado conquistar o mantener, se enfrentan a la asimetría de poder entre las organizaciones sindicales que luchan y los patrones. En consecuencia, sufren una y otra vez la frustración de esperanzas y demandas de una vida mejor que garantiza a priori un sistema hecho por la burguesía y para la burguesía para garantizar el lucro. 

El sindicalismo amarillo, las burocracias sindicales y su oportunismo, el lobby de los patrones en las instituciones fiscalizadoras y la corrupción de los jueces laborales; la perdida de la conciencia de clase y el apoliticismo que castra la vocación de poder de la clase trabajadora, así como la ignorancia y la corrupción que permea a los sectores más desposeídos ya sea mediante el clientelismo o el asistencialismo, contribuyen a configurar una situación de debilitamiento radical de la fuerza y extensión de la organización, la unidad y la lucha de los trabajadores, agravando el presente cuadro de dispersión, fragmentación y desmovilización, sentando con ellos las condiciones propicias para la nueva arremetida de la burguesía en contra de la clase trabajadora. 

 En este contexto, resulta urgente la construcción de un movimiento de trabajadores que sea capaz de asimilar la complejidad de la lucha de clases, haciéndose cargo de las múltiples expresiones de esta lucha, integrando todas las formas de resistencia y avanzando en la conformación de una organización de carácter clasista, capaz de avanzar en la construcción de una columna de poder que a su vez ponga en movimiento al conjunto de la sociedad chilena en la lucha anticapitalista, no solo para la conquista de justas y postergadas demandas por el pan y el trabajo, sino que además sea capaz de impulsar la lucha por la construcción de una sociedad justa y libre.