[Editorial]: Nada está definido… todo está en cuestión

Pasada la primera vuelta electoral, los resultados sacaron a relucir una serie de exitismos que, a poco andar, comenzaron a confrontarse con la realidad. Especialmente, para la derecha, que instalo a partir de las manipuladas encuestas un triunfo aplastante por sobre el resto de los candidatos y, en particular, sobre la Nueva Mayoría. Toda la maquinaria informativa de la derecha trabajó sembrando la inseguridad y las campañas del terror, como en sus mejores tiempos, buscando neutralizar o derrotar a sus adversarios políticos y, a veces, contra sus enemigos declarados. En ese escenario creado, y en el marco de una institucionalidad altamente cuestionada por la población, se dieron resultados que, en algunos casos, sorprendieron a los propios actores y, en otros, eran previsibles. Estaba claro que no alcanzarían una votación significativa, partiendo por  el representante de la Nueva Mayoría, quien expresa el fracaso de un proyecto reformista de salvataje del capitalismo en  su expresión neoliberal; además, vinculado a todas las prácticas que la sociedad rechaza, consensos —acuerdos cocinados entre unos pocos—, cohecho, corrupción, narcotráfico y represión contra el movimiento social y mapuche.

El avance más significativo e inesperado lo ha dado el Frente Amplio. Es un hecho incuestionable que se genera una nueva situación, donde sectores descontentos, de las clases medias de nuestro país, logran posicionarse como un actor relevante al interior del parlamento, con una propuesta reformista, de cambios, que abarca gran parte de las demandas que el movimiento social ha venido levantando durante la última década. Por estas demandas, el pueblo se ha enfrentado a la represión y a todo el andamiaje del Estado por frenar, cooptar y dividir, buscando aislar a los sectores que buscan desarrollar una línea independiente y de clase. Hoy se busca institucionalizar las demandas, y los resultados dependerán de las negociaciones que se den en su interior. Los riesgos de dicha apuesta están dados por los intereses de clase que se defienden. La derecha y el empresariado ya han explicitado su posición de defender y profundizar el modelo. Y buena parte de la ex Nueva Mayoría se comprometió, desde el término de la dictadura, con el neoliberalismo. Es válido preguntarse, entonces, si basta con ser «oposición constructiva» para alcanzar transformaciones reales.

La gran mayoría optó por la abstención. Un 53,3% (más de 7.731.000 personas) del padrón electoral. Es factible establecer que existe una apatía, que el individualismo que se ha instalado, ligado al modelo imperante, constituye una causa. Sin embargo, subestimar la capacidad de pensar a partir de la experiencia individual y colectiva de nuestro pueblo, es una intención tendiente a justificar la falta de legitimidad de cada uno de los candidatos y parlamentarios.

Debemos pensar que, si sólo un tercio de esa abstención se convierte en pueblo organizado, se va construyendo una alternativa popular y revolucionaria por sobre cualquier proyecto que intente suplantar la representación de la gran mayoría de las y los trabajadores y el pueblo. En esa dirección avanzan las comunidades, hacia la construcción de su propio proyecto de clase, no se dejan engañar con presiones y chantajes frente a la derecha y Piñera. La institucionalidad y la democracia actual no resuelven las demandas y derechos del pueblo.

El Bloque en el poder  enfrenta una crisis profunda. La incertidumbre se ha posesionado en esta segunda vuelta. Sin embargo, sea cual fuese el resultado, el pueblo, las y los trabajadores debemos continuar construyendo un camino propio, de carácter independiente, promoviendo la organización, movilización y lucha, creando nuestros propios espacios de representación popular —organizaciones  de trabajadores, asambleas estudiantiles y territoriales—, enfrentando directamente nuestras demandas contra el estado capitalista.