[Editorial] Los ricos: ellos sí saben por quienes votan

El voto duro de la derecha evitó un presagiado desastre para la candidatura presidencial de la primera carta del gran empresariado Sebastián Piñera. El ex presidente y millonario, sindicado como un ladrón de cuello y corbata por sectores de la población que aún recuerdan cuál fue el origen de su fortuna avaluada en más de dos mil quinientos millones de dólares, no ocultó su felicidad por el triunfo que lo dejó como único candidato de la derecha y, más aun, por la cantidad de votantes que acudieron a los locales de votación en un día complicado por el partido definitorio de la Copa de las Confederaciones entre Chile y Alemania.

No tan satisfechos se encontraban en el Frente Amplio por los resultados que dejaron como ganadora a Beatriz Sánchez, pero con una cantidad de votantes muy por debajo de lo que se esperaba (500.000) y que mantuvieron a la “izquierda” de la Nueva Mayoría en nerviosa y tensa espera por el temor de una altísima votación del Frente Amplio que los posicionara con fuerza hacia la segunda vuelta en las elecciones en desmedro de la candidatura de Alejandro Guillier.

Para algunos analistas quienes más perdieron fueron los partidos de la Nueva Mayoría que, al no realizar primarias, se farrearon la oportunidad de dar a conocer sus planteamientos, posicionar candidatos, aceitar la “maquina electoral” y percibir el ánimo de lucha electoral de sus votantes duros.

Nuestros deseos fueron decepcionados porque esperábamos un desastre completo del proceso, en consideración al clima deportivo dominical, la baja participación en la anterior primaria, la crisis de representatividad y la tendencia a la baja participación en la asistencia a las urnas de la mayoría de los chilenos.

Las primeras impresiones mediáticas de los mismos protagonistas y los analistas de siempre nos aportan para las primeras reflexiones del porque no se dieron nuestras aspiraciones de un fracaso de quienes llevan al pueblo a creer que participando de las elecciones se puede lograr elegir a algún representante que va a conducir al país hacia la verdadera igualdad, acceso a la salud de manera digna, educación gratuita y de buen nivel para todos sin distinción, fin a la explotación de los trabajadores, buenos sueldos, respeto a los derechos de los pueblos originarios, respeto al medioambiente y las comunidades, etc.

La derecha recibió el respaldo de los sectores que históricamente han votado por ellos y que respondieron al oportuno llamado a participar del proceso para apoyar a cualquiera de sus tres candidaturas, unido al caliente clima creado por las polémicas entre dos de sus candidatos (Ossandón y Piñera). El votante de esa derecha está más deseoso que en anteriores procesos de que haya un cambio de timón en la conducción del país, fundamentalmente desde el punto de vista de las políticas económicas y de ámbitos como el de educación, “seguridad pública” y de índole tributaria, por ejemplo.

El Frente Amplio sobrevaloró sus posibilidades basándose de sobremanera en la experiencia electora de las municipales anteriores en donde obtuvieron un extraordinario triunfo con Jorge Sharp en Valparaíso, que derrotó tanto a las candidaturas de la Nueva Mayoría como de la derecha. Sin tener aún una presencia real y fuerte en todo el territorio nacional, visibilidad política mediática, sostenida a través de un transcurso de tiempo mayor, una maquina electora de peso, es difícil que logren pasar a segunda vuelta y, además, obtener un número importante de diputados en la próxima contienda de noviembre.

Nosotros vemos que las mayorías, el pueblo, está ajeno a estos procesos porque desconfía de sus seudo representantes que, una vez elegidos, son absorbidos por el sistema político empresarial que determina que cualquier cambio es a favor de los dueños del capital. En el actual contexto todo proceso electoral esta amañado por la alianza estratégica, entre los empresarios y la mayoría de los partidos políticos, que determinan a Chile como uno de los países más desiguales de la región y el mundo. La crisis institucional, de representatividad está instalada y es muy difícil su resolución a favor de los intereses de aquellos que dicen que es posible realizar las trasformaciones que el pueblo reclama a través de las elecciones. Los dueños de Chile no lo permitirán, ellos tienen el poder.

Ayudar a profundizar la crisis de los poderosos y sus instituciones que operan como herramientas al servicio de la dominación es el camino. Llamar a boicotear sus elecciones, introduciendo contenidos movilizadores, que enfrenten, de alguna manera, sus propuestas políticas programáticas y empujen al acercamiento entre los sectores consecuentes del pueblo y la clase trabajadora. No nos quedaremos de brazos cruzados frente a un nuevo tongo que pondrá a la cabeza de nuestro querido Chile- sea quien sea que gane las elecciones- a un peón del gran capital.