[Editorial]: Los empresarios coludidos con el Estado

Hace más de un año, cuando Piñera llegó al gobierno, lo hizo con la arrogancia de quien viene a imponer medidas y estilos nuevos. Su tarea central y urgente fue, y  aún es,  resolver un problema estructural del capitalismo chileno, pues es tan abierto a los mercados externos, que cualquier problema en ellos, afecta directamente las inversiones y el funcionamiento interno. Con la disputa entre China y Estados Unidos, y la crisis global que se prolonga desde 2008, las inversiones extranjeras, que ya venían disminuyendo, han caído aún más, y con ellas las ganancias del empresariado local.  

El programa con el que Piñera llegó a gobernar, apuntaba a reducir gastos y aumentar sus entradas a cualquier costo: Reforma tributaria, que disminuye impuestos a las empresas; reforma a las AFP, que aumenta los aportes de los trabajadores que van a las grandes empresas, vía un nuevo organismo; la Reforma laboral, que busca reducir las escasas garantías de los trabajadores, disminuyendo a la mitad la indemnización por años de servicio, y flexibilizando las condiciones de contrato y despido.  

Asimismo, las empresas modernizan sus equipos, pero cada máquina nueva obliga al cierre de empresas que no pueden pagarlas, precariza la situación de los que siguen trabajando, divide y debilita aún más la organización de los trabajadores y su capacidad de lucha. El desempleo sube mes a mes, y cada vez es más difícil volver a encontrar trabajo. La cesantía golpea a amplios sectores, sobre todo la construcción, comercio y transporte, donde más ha avanzado la tecnología moderna y la precarización. Entre los más afectados se encuentran las mujeres y los jóvenes.  

Los empresarios encuentran que nada es suficiente, reclaman a gritos más ayuda del Estado, amenazan con más crisis y más cesantía. El gobierno, fiel sirviente de los grandes capitalistas chilenos y extranjeros, es sordo a los problemas de los trabajadores y en lugar de medidas de apoyo, reprime a manifestantes y huelguistas. La clase política en su conjunto calla, derrotada y sin otras propuestas. 

Al mismo tiempo, se gastan sumas millonarias organizando eventos para mejor vender lo que queda de país: El segundo semestre se harán encuentros internacionales de alto nivel, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, conocida como COP-25, y la APEC, el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico; eso a pesar de la larga lista de necesidades urgentes de los más variados sectores de nuestra sociedad, como el aumento de hospitales, de recursos y médicos en el sistema público de salud; el mejoramiento de la educación pública y de la infraestructura de colegios y liceos a lo largo de país, educación gratuita para los trabajadores y sus hijos; seguridad social digna y segura para los trabajadores jubilados o enfermos, terminando con un sistema que sólo sirve para capitalizar las grandes empresas; resolver los problemas del agua para extensas comunidades, agrícolas e incluso urbanas, como en Osorno; poner fin a las “zonas de sacrificio”, en que trabajadores y sus familias viven expuestos a contaminantes que dañan en forma permanente su salud y bienestar. Tierra y autonomía para el pueblo mapuche. 

Sin embargo, todas las acciones que realizan los capitalistas y el Estado, sólo responden a la necesidad de aumentar sus enormes ganancias. La codicia los lleva a explotar los trabajadores, depredar y contaminar los territorios, vender el agua, la salud y la educación. La necesidad de justificar y defender la explotación impone el patriarcado, los medios de prensa mentirosos, la educación que enseña la resignación y el individualismo. El miedo a perder los privilegios produce el rechazo a los extranjeros, a los pobres, a las mujeres libres, impone la represión, el odio, el miedo y la censura. 

Es necesario entender cuál es el elemento común a todas las luchas, la codicia y el miedo de la clase dominanteAvanzar en un Programa que articule las demandas de todos los sectores del pueblo, apuntando al enemigo común, el capitalismo que empobrece y amenaza la vida de todos. Cada uno luchando por sus propias demandas, pero solidarizándose con las demás, y apuntando al núcleo del sistema, la explotación, la depredación, el patriarcado y la discriminación.