[Editorial]: Lo central de nuestras demandas aún está pendiente

Acabó el gobierno de Bachelet en el mayor fracaso. La corrupción alcanzó a ambos bloques políticos, a sus guardianes uniformados y a la propia familia de la presidenta. Naufragaron promesas, como el infeliz Proceso Constituyente, o la Reforma al Sistema de AFP, exigidas por cientos de miles de manifestantes en todo el país. Ese gobierno cooptó dirigentes estudiantiles para neutralizarlos,  entrampándolos en mesas y comisiones del parlamento. Sí, logró limitar las reformas, mientras se reprimía brutalmente a los sectores que insistían en movilizarse. 

El cierre de la cárcel de lujo para asesinos y torturadores, ni se perdió en un enredo de torpezas de último minuto, ni no sucedió porque «no se pudo hacer», como pretendió justificar la ministra Narváez. Tuvieron cuatro años para hacer la gestión y, si no se hizo, fue falta de voluntad y convicción de justicia, además de una burla para las víctimas. La gran deuda con los caídos en defensa de los avances populares y la lucha contra la dictadura sigue pendiente: no hay reparación, ni castigos adecuados, para los responsables civiles y militares de la masacre.  

Impunes, los uniformados siguen reprimiendo y torturando trabajadores, estudiantes y mapuche. Al mismo tiempo, montaron verdaderas mafias para robar los fondos de sus instituciones, obtenidos de los impuestos que pagan los trabajadores y del saqueo del cobre.  

Derrotada por su inepcia, la NM cedió el triunfo a Piñera, símbolo de los empresarios chilenos, enriquecidos por siglos en el saqueo del territorio, y el uso del Estado y sus medios, para aumentar sus fortunas y privilegios. Esto se refleja en su gabinete, y en las políticas que ya comienza a impulsar. 

La gratuidad de estudios es condicionada al «crecimiento», es decir, al aumento de sus riquezas, que para ellos nunca será suficiente. Y, va acompañada de la amenaza: «El tiempo de las marchas ya pasó, hoy se quiere ver a los estudiantes en las aulas», que indica el ministro encargado. 

La sombra de la brutalidad del Estado planea en cada declaración. «A juicio de nuestro gobierno en la Araucanía sí hay actos terroristas», dice el ministro del interior, y propone mejorar la prevención del delito «en las zonas de mayor delincuencia y que tienen menos recursos». Obviamente, no se refiere ni al Congreso ni a los cuerpos uniformados. La salida del jefe de carabineros no responde a faltas cometidas o amparadas, sino a dudas sobre su lealtad, por su estrecha relación con Bachelet. 

En lo económico, apenas instalado, el ministro de hacienda advierte que «el crecimiento económico no está asegurado», y los empresarios insisten en que «la prioridad está en simplificar el sistema tributario chileno», o sea, pagar menos impuestos. Ni siquiera la payasada de proceso constituyente sobrevive a la derrota de la NM. El nuevo gobierno la desecha completamente, dejando ver que aún no tienen acuerdo sobre cómo reordenar el país y sus propias relaciones, que es lo que vendría a sancionar una nueva constitución.  

Porque, estas constituciones no son para ponerse de acuerdo en cómo organizar el país; se imponen cuando un sector burgués ha logrado instalar una nueva forma de dominar y explotar el país, y necesita legitimarla con las leyes adecuadas, como hizo Pinochet en 1980. 

Para los movimientos sociales, para los sectores populares, no hay un gran cambio en la situación. Lo central de nuestras demandas aún está pendiente. Sigue el lucro y los negociados con la educación, con la salud, con la vejez y enfermedad de los jubilados. Siguen los trabajos precarios con sueldos miserables. Siguen los créditos usureros comiéndose nuestros ingresos presentes y futuros, como una condena sin salida. Lo poco que se pudo avanzar en las demandas sociales, en organización, se logró por nuestra movilización independiente, en las calles, resistiendo la represión.  

Es necesario profundizar en la necesidad de organizarnos por nosotros mismos y de fortalecer esta organización, de movilizarnos y exigir en las calles nuestros derechos, recuperar conquistas históricas, luchar por una nueva sociedad, de trabajadores y comunidades solidarias y productivas, sin explotación y sin violencia.  

A crecer en organización, a avanzar en las luchas, a mejorar nuestras capacidades.