[Editorial] La cuestionada legitimidad de la democracia actual

Como hemos venido señalando en los últimos años, el poder político que descansa en el gobierno, parlamento y otras instituciones del Estado, ha ido adquiriendo la denominación de una “clase política” que ha gobernado bajo una serie de acuerdos definidos como “consensos” siendo estos los que han permitido dar garantías principalmente a los grandes grupos económicos de seguir manteniendo un modelo neoliberal expresión del capitalismo más ortodoxo en la defensa del libre mercado, el lucro, la explotación de las y los trabajadores,  además la sobreexplotación de los recursos naturales que constituyen el eje de la acumulación de riquezas y de las grandes desigualdades por la que atraviesa nuestro país.

El buen funcionamiento del modelo necesariamente se sustenta en la estrecha relación entre el poder del dinero y el ejercicio de la política, lo que define las dificultades que puede tener cualquier  proyecto alternativo dentro de la institucionalidad sin que tenga que  enfrentar sus representantes que por décadas se han puesto al servicio de los objetivos del sistema y el modelo.

Los casos de financiamiento irregular, cohecho y corrupción son parte de esa lógica de gobernar, por los intereses que protegen, defienden y proyectan, claramente no estipula resolver las demandas que se han planteado por los movimientos sociales en los últimos años. Esta situación delimita claramente la ruptura de la clase política con la mayoría de la sociedad, la expresión más evidente es la abstención ascendente de la última década. En ese sentido las primarias recientes demuestran con información objetiva que los datos  continúan en esa dirección, si bien las expectativas que existían es que fuera mayor la expresión de la crisis, no podemos dejar de establecer que el tensionamiento interno de la derecha, promovió niveles de participación en una intensa campaña para frenar los intentos de alguna de sus tendencias, que sin duda generaban incertidumbre en los grandes grupos económicos. Esa era la respuesta que se requería dar, más que demostrar a la Nueva Mayoría el poder de convocatoria. Si vemos las últimas elecciones municipales, Chile Vamos alcanza una votación de 1.827.815 más 825.844 votos de independientes y sub-pactos alcanzan la cifra de 2.652.906 votos, en las primarias 2017 logra una votación 1.418.138, es decir, menos 1.234.768 votos. Estos datos podría tener alguna variación en las elecciones presidenciales, sin embargo, veamos el universo de electores con derecho a voto  actualmente son 14.121.316 ( fuente servel ), eso significa que no alcanza el 11% del padrón electoral. Ésta es la representación que poseen los que pretenden gobernar durante el próximo periodo, este cuadro no es muy distinto al de la nueva mayoría que con alguna variación no superaría el 20% del electorado. Ambas coaliciones tienen el mismo nivel de deslegitimidad.

En el caso del Frente Amplio y su representación es bastante menor de lo que sus dirigentes nos anunciaron  ( 327.716 votos que corresponde al 2,32 % del padrón electoral ), la explicación a este exiguo resultado también de alguna manera es la respuesta de la población a las promesas que tienen pocas o nulas posibilidades de cumplirse,  además  no basta con exhibir en algún programa de gobierno las demandas más sentidas de las y los trabajadores o comunidades,  es necesario construir junto a aquellas y aquellos que se dice representar la construcción de una alternativa de sociedad que asegure un rol participativo real y no desde ese parlamento carente de voluntad y compromisos con la solución a los problemas que afectan a la mayor parte de la sociedad en Chile.

Finalmente, cuando tenemos gobiernos carentes de legitimidad, crecen los riesgos de autoritarismos, el ejercicio o incremento de la violencia del estado el cual el movimiento social y la lucha del pueblo mapuche lo viven en lo cotidiano de nuestros días.

Es necesario comprender que las amenazas restauradoras de Piñera y los empresarios, debe orientarnos a fortalecer la unidad de las organizaciones de los trabajadores , de los organizaciones sociales y comunidades. Solo así podremos enfrentar la nueva ofensiva empresarial.

*Foto de referencia de las elecciones municipales de octubre 2016