[Editorial]: La clase política de este país nunca tendrá la última palabra

El gobierno y la clase política aprobaron la Ley de Aula Segura. Unos propusieron castigos que atropellan derechos reconocidos en sus propias leyes; otros los maquillaron para reducir el rechazo. La prensa de los empresarios mintió y tergiversó para hacernos creer que estamos ante una ley necesaria e inevitable. Carabineros, como es habitual, reprimió brutalmente a los que se atrevieron a manifestar en las calles su rechazo. 

En Chile existen más de 12.000 establecimientos educacionales reconocidos por el MINEDUC. En cuatro de ellos ocurrieron hechos calificados como violentos por las autoridades de gobierno. Para responder a esa “violencia generalizada” se pusieron de acuerdo todos los que reciben millonarios sueldos del Estado.  

Es, sin duda, una medida injusta e innecesaria. Los problemas de la educación en Chile son otros, mayores y más urgentes; lo han dicho por años los estudiantes, marchando en las calles, ocupando sus establecimientos, organizando sus comunidades. Han denunciado la “educación de mercado” que el Poder instala para beneficio de unos pocos empresarios. Exigen un sistema nacional de educación “laica, gratuita, no sexista, de excelencia y con control comunitario, una educación sexual integral”, han explicado en reiteradas ocasiones. 

Tampoco la violencia al interior de los establecimientos proviene de estudiantes movilizados: “Los métodos de lucha que nosotros estamos llevando con nuestras comunidades, nunca, nunca, nunca tienen que ser, ni van a ser en contra de nuestras propias comunidades educativas (…) el movimiento estudiantil no son sólo los estudiantes, somos todos los actores sociales de la comunidad. El movimiento estudiantil también son nuestros profesores, también son nuestros auxiliares que viven la precariedad del trabajo”, han afirmado. 

Establecimientos inadecuados, en ruinas y sin los recursos mínimos para una buena educación; profesores y auxiliares estresados y mal pagados; brutalidad policial, golpes y abusos cada vez que protestan, son temas más urgentes. Pero el gobierno dice tener miedo de unos pocos encapuchados. ¿Cómo se explica tanta rabia contra los jóvenes? 

La juventud y los estudiantes representan todo lo que atemoriza y amenaza a una burguesía codiciosa y arrogante, dispuesta a arrasar territorios y destruir comunidades humanas para acrecentar sus ganancias. Los y las jóvenes vienen con una mirada fresca, que descubre recién la vida, que se asombra ante su riqueza y variedad, que ve en ella todas sus reales potencialidades y no sólo nichos de mercado y riquezas materiales.  

La juventud popular es sensible ante la injusticia, la explotación, la destrucción del medio ambiente, el rechazo a la diversidad, el atropello a las comunidades, sus culturas propias, sus formas de vida. Por eso  los y las jóvenes  se levantan contra todos los abusos, se solidarizan con todas las luchas del pueblo, quieren cambiarlo todo, quieren mejorarlo todo, quieren compartir entre todos lo que entre todos se crea y se produce. 

Por eso el terror y el odio de los capitalistas y sus sirvientes políticos hacia la juventud, y en particular a la juventud y los estudiantes que se movilizan por sus derechos, por los derechos de todos, por la vida. Porque el capitalismo representa la muerte, todos los días y en todo lo que toca. La burguesía sólo ve en el mundo recursos económicos, sólo ve en los seres humanos la mano de obra, la capacidad de trabajo que puede explotar.  

La burguesía exige el orden de la sumisión y la muerte: El trabajador vencido, que no reclama por salario ni por condiciones de trabajo. El estudiante apagado, que acepta lo que le dicen, sin criticar, reflexionar ni proponer nada. Los brutos de uniforme, en ordenadas filas, dispuestos a obedecer órdenes sin pensar, a golpear, incluso matar a quien le indiquen sus amos. 

La Ley de Aula Segura busca paralizar y reprimir a los estudiantes movilizados, romper sus lazos con otros sectores del pueblo, que defienden el aire y el agua, que exigen mejores salarios y condiciones de trabajo, derecho a la salud, una jubilación digna. Quieren quebrar la unidad del pueblo, la organización y la solidaridad de todos los que luchan. Quieren impedir la convergencia de todos los esfuerzos en un programa de transformación radical de la sociedad, quieren impedir el avance de la vida.