Editorial: GUERRAS DE RICOS, MUERTE DE POBRES

El delirante sueño de los super ricos terminó:

La idea de un mundo “globalizado” en interés del capital, sin fronteras para la explotación de los trabajadores, tropezó en la crisis económica de 2008, y desde entonces busca una salida. En los propios países ricos que lo impusieron, sus pueblos se hunden en la pobreza y comienzan a resistir y a luchar

Otras potencias crecieron y exigen su parte, como Rusia y China. Otros países se negaron a ser simples campos y factorías de empresas transnacionales: Libia, Irán, Siria, Venezuela. Los intentos de las potencias europeas y EEUU por doblegarlos fallaron: Si lograron destruir la Libia de Gadafi, también despertaron la feroz resistencia de los pueblos sirios y kurdos, que obligó al repliegue de las tropas norteamericanas y europeas.

El sueño de la globalización termina entre la sangre y muerte de hombres y mujeres, trabajadores, niños, ancianos, de países pobres; condenados a la miseria, emigran a países ricos, culpables de su dolor, y que hoy los desprecian y maltratan.

Otro mundo se perfila entre las ruinas humeantes: Hoy, como hace un siglo, el mundo se enfrenta a un intento de las grandes potencias por repartirse a sangre y fuego las riquezas del mundo más allá de sus fronteras.

En un planeta agotado por la explotación de los trabajadores y la depredación de la naturaleza, los países que aún conservan reservas, sobre todo de petróleo, se convierten en objeto de la codicia incontrolable de los poderosos.

Por eso hoy se ataca a Venezuela y se crean las condiciones para invadirla, destruirla, saquearla. Más allá de los conflictos internos que pueda tener, y que sólo a su pueblo corresponde resolver, asistimos a un intento de invasión y destrucción de un país hermano.

La agresión a Venezuela no se debe permitir, ni por acción ni por omisión. La ambición de los super ricos no se detendrá en esas fronteras. Avanzarán sobre todo el continente, y ya encuentran cómplices activos y pasivos en cada país: burguesías enriquecidas a la sombra de esos grandes capitales, políticos conniventes o timoratos, medios de prensa que agitan la tragedia venezolana para tapar las medidas antipopulares de los gobiernos.

En nuestro propio país, se alzan ya fuerzas oscuras que nos arrastran al pasado, arrebatando lo poco que queda de las conquistas que los trabajadores y el pueblo han logrado en siglos de lucha, intentando aplastar cualquier intento de resistencia o de avance.

Ante la guerra que amenaza, los trabajadores y el pueblo no pueden esperar ayuda ni protección de quienes se reparten el Poder y las riquezas, ni del país ni del extranjero. Menos de quienes hoy vacilan en enfrentar la agresión, cuando no la apoyan irresponsablemente.

¡Sólo los trabajadores pueden resistir y luchar, y crear un mundo de paz y de justicia!

¡Fuera yanquis de Venezuela, de Nuestra América y de Chile!

¡La solidaridad es la ternura, pero también la fuerza de los pueblos!