[Editorial]: En este septiembre, para todos ellos y todas ellas nuestro homenaje

La polarización nuevamente emergió. Era como si los fantasmas del pasado aparecieran otra vez. Y así la “paz” de “la transición” se hubiese trisado una vez más. “Se trata de un montaje”, fue la frase que revivió la indignación. Y no era para menos, era echarle cenizas al terrorismo de Estado. Además, venía a coronar la libertad otorgada por la Corte Suprema a 7 asesinos de Punta de Peuco, en el camino de la impunidad. 

Es parte de la ofensiva de la derecha, del gobierno de los empresarios, de la institucionalidad qué, con el campo libre, con las oposiciones en crisis y también condescendientes, y con los movimientos sociales desmovilizados, es el escenario ideal para buscar imponer sus políticas. 

Pero fue el mundo de la cultura, los que rechazaron y levantaron la cabeza con dignidad. Ha sido la antesala de un nuevo septiembre: se cumplen 45 años del golpe y de la dictadura militar, apoyada por los partidos del ayer, y que son los partidos de hoy, del actual gobierno. Apoyada también por los empresarios y que nadie quiere hablar, incluidos sectores anti neoliberales. La clase capitalista, que apoyó enérgicamente a la dictadura, y activamente callaron ante los asesinatos, desapariciones, encarcelamientos y torturas, mientras ganaban plata a destajo, se apropiaban las empresas del Estado y se aplicaba una feroz política de explotación contra los/as trabajadores/as. 

El Chile del siglo XXI es muy distinto del Chile del siglo XX. Sin embargo, hay un hilo común, la brutal contradicción que recorre nuestra sociedad y que, recurrentemente sale a la superficie: la fuerza liberadora de las mil veces postergados, de las mil veces aplastadas, abusadas, oprimidas y reprimidas. Es la fuerza liberadora de los que luchan, de la gente común, de nosotros/as, de los/as que nos organizamos y nos movilizamos. Es la fuerza de los movimientos sociales. 

Hoy como ayer nos vemos enfrentados a la violencia cotidiana del sistema. ¿Acaso no es violento que el sueldo mínimo suba sólo $ 10.000? ¿Acaso no es violento que los estudiantes tengan que hipotecar parte su vida para pagar a los bancos y al Estado? Uno se pregunta, ¿Acaso, no es violencia que el Estado construya un montaje para incriminar y criminalizar al pueblo mapuche? 

Está la violencia contra los jóvenes estudiantes, que los convierte en trabajadores/as de segunda clase, sobre-explotados/as y precarizados/as. Y seguimos, la violencia de las instituciones que amparan el machismo e impiden que las mujeres decidan sobre su propio cuerpo; explotándolas también con más trabajo formal, mientras siguen realizando el trabajo no-remunerado del hogar. ¿Acaso no es violencia que las farmacias y los laboratorios lucren con la vida y tengamos una salud para ricos y otra para pobres? ¿Acaso no es violento vivir hacinado mientras las constructoras e inmobiliarias se enriquecen? También la violencia que discrimina y criminaliza a migrantes? Estas son solo algunas de las mil facetas de sufrimiento y violencia del pueblo. 

Las mismas luchas se dieron en los 70: la tierra para quien la trabaja de los campesinos; el sueño de la casa propia de los pobladores; la democratización la universidad de los estudiantes; la lucha por mejores condiciones salariales y laborales de los trabajadores, pero además para ponerla economía servicio del pueblo y no para un puñado de capitalistas como lo es hoy. También fue la organización embrionaria del Poder Popular, los Comandos Comunales, la unión de trabajadores/as, pobladores/as, campesinos/as y estudiantes, que se preparaba para construir el poder de los de abajo, con una nueva democracia, una democracia directa, y no para los patrones sino para el pueblo. 

Hoy como ayer, nuestros anhelos chocan con la misma muralla: con los empresarios dueños de la economía y del destino de Chile, con sus instituciones y con la clase política, desde la derecha hasta la Nueva Mayoría. 

Por eso la clase dominante busca borrar la memoria del pueblo chileno. La derecha, los sectores más retrógrados de nuestra sociedad, no pudieron negar la violación sistemática de los DDHH. Sin embargo, la lucha por la verdad, la reparación, la justicia y contra la impunidad, ha sido empantanada por la Nueva Mayoría. La libertad condicional a asesinos es un grave retroceso; el pacto de silencio de las FFAA, Carabineros y civiles está vigente; la estructura de las FFAA y Carabineros, la doctrina de seguridad nacional, que las llevó al golpe de Estado permanece intacta. 

Pero la memoria del pueblo va más allá de la memoria oficial. Es la memoria de sus anhelos, de sus derrotas, pero también de sus parciales y efímeros triunfos. Es la historia de un pueblo que fue masacrado; es la historia de los combatientes que murieron resistiendo y de los detenidos desaparecidos; es la historia de los muchos/as que vivieron presos/as y torturados/as, exiliados/as, luchadores/asen la clandestinidad y en las protestas, que hicieron suyo el derecho a rebelarse, y que abrieron un sendero, para un cambio real en nuestra sociedad, por y para el pueblo y los/as trabajadores y trabajadoras. 

En este septiembre, para todos ellos y todas ellas nuestro homenaje.