[Editorial]: El mal gobierno versus los movimientos sociales

Ya van 4 meses del Gobierno neoliberal de los empresarios y de la derecha. Y ya la piel de oveja con que se cubrió en sus inicios se ha venido abajo. Su planteamiento como Gobierno de Unidad Nacional, con las comisiones, fue para sumar incautos o, en muchos casos, a cómplices pasivos y activos. 

Su carácter se ha develado. El Gobierno busca aumentar rápidamente la ganancia de los empresarios, y su víctima inicial son los jóvenes, estudiantes-trabajadores/as, con una violenta discriminación, más desregularizados, más precarios, y con menos derechos sociales. Las aspiraciones por un salario mínimo justo, fueron claramente rechazadas, llamando a la «responsabilidad», como si con responsabilidad se puede parar la olla. Impulsan un proyecto de ley para declarar ilegal las tomas y poder desalojarlas dentro de las 48 horas, para amedrentar a los estudiantes secundarios y buscar apagar su llama de rebeldía. Como una nueva forma de paralizar la gratuidad universal de la educación impulsan un nuevo sistema de crédito, que mantiene el endeudamiento. Se preparan para ir al Tribunal Constitucional para tratar de taponear la ya limitada ley de la interrupción del embarazo en tres causales. Una inhumana política de «regularización» de la migración, discriminatoria y racista. En vez de buscar la solución de la devolución de la tierra y la autonomía del pueblo mapuche, profundizan la respuesta represiva. 

Nos encontramos con un Gobierno, con una derecha, que se enfrenta a los trabajadores/as, a los jóvenes, a los estudiantes, a los migrantes. Son nuevos ataques contra el pueblo. Es por eso, que el Gobierno, busca fortalecer el poder represivo del Estado, y el enemigo principal es el pueblo mapuche, y para ello han formado el comando jungla, profundizando la militarización de carabineros. Pero aún hay más, desde la Comisión de seguridad se plantea un Consejo Asesor de Inteligencia para el Presidente de la Republica, y no hay que ser muy avispado para ver hacia donde apunta.  

La pregunta es qué hacer frente a esos eventuales retrocesos.  

La propuesta de defensa del legado, del Gobierno neoliberal de la Nueva Mayoría, no es más que renunciar a las luchas que se dieron en los años anteriores, porque ese legado no representa —y en algunos casos fue en contra— las demandas de los movimientos sociales: se fortalecio a los empresarios de la educación como a los empresarios en general con la reforma laboral. 

Pareciese que la lucha parlamentaria pudiese entregarnos elementos para avanzar, dado que la derecha no tiene mayoría en ambas cámaras. Pero eso es una ilusión. El Gobierno puede gobernar por decreto y administrativamente, pero puede lograr además mayoría con algunos sectores de la ex Nueva Mayoría, los más neoliberales (ejemplo es el nuevo Estatuto Laboral para estudiantes). 

Pero hay que ver como se puede avanzar en el fortalecimiento de la lucha por las demandas sociales. Mayoritariamente este parlamento representa a las fuerzas neoliberales de todo tipo incluida aquellas progresistas que son también neoliberales. Se podrá generar proyectos de ley sin lugar a dudas (en el papel), pero es ingenuo creer que se pueda convencer a los neoliberales para que se conviertan en ley.  

Tampoco se podrá convencerlos con propuestas gradualistas que limitan las demandas, para asegurarles que no se va a romper su lógica económica neoliberal a expensas de seguir manteniendo los sufrimientos del pueblo. 

La historia cambió radicalmente el 2011. La insatisfacción, el malestar acumulado, se volcó a las calles en cientos de miles y fuimos parte de ella como tantos chilenos y chilenas. Entendimos el poder de la unidad social, el poder de la organización, el poder de decidir sin tutelas ni apadrinamiento, el poder de la justicia de nuestras demandas. Aprendimos a luchar y a tomar la iniciativa, y a no doblegarnos por retrocesos temporales. Al final de cuentas confiamos en nuestras propias fuerzas.   

Los movimientos sociales, no están muertos, pero tampoco tienen la fuerza y la iniciativa de aquellos tiempos. El sistema nos ha tendido trampas y ellos hicieron su tarea. Y desde los movimientos sociales aparecieron las «soluciones» fáciles, entramos a confiar donde no hay que confiar, e inclusive se deslegitimó la movilización como arma de lucha, so pretexto de que estas se habían naturalizado. 

Potenciemos la lucha de todos y todas, potenciemos la lucha de los trabajadores, pobladores, mapuches y estudiantes, las luchas feministas, de las comunidades y en los territorios. Potenciemos la lucha del pueblo, y convirtamos nuestros sueños en realidad.