Editorial Abril: ¿Hasta cuándo mierda continúan saqueando al país?

¿Hasta cuándo mierda… continúan saqueando al país?

Los grandes grupos económicos continúan obteniendo millonarias utilidades y definiendo el curso de la economía, siendo respaldados, cada cierto tiempo, por la asistencia de personeros del Banco Central y el Ministerio de Hacienda a sus encuentros empresariales, lugares donde se precisa imponer la agenda de crecimiento y productividad, con la contribución de recursos públicos al desarrollo de la actividad privada. Con esta estrategia, el gobierno intenta llegar al fin de su mandato en una buena relación con quienes, verdaderamente, gobiernan el país: los empresarios.

Por otra parte, el gobierno de la Nueva Mayoría, definitivamente, ha entrado en zona de repliegue. No hay política concreta y real que, por lo menos, manifieste una direccionalidad hacia un nuevo gobierno. El fracaso se apoderó desde la presidenta hacia abajo. Nada de lo prometido logró impactar en la sociedad como cambio en favor de las grandes mayorías. Todo fue relativo, flexible o en la medida de lo posible. El descalabro del gobierno ha estado definido por contradicciones en su interior, entre posturas pseudoreformistas y conservadoras, buscando resolver la crisis en un marco de adscripción al modelo económico, que les impide tocar, en forma real, los intereses de los empresarios.

La inercia de esta crisis política no tiene límites y, al parecer, tampoco tiene tiempos. Cumpliremos cuatro años viendo, y analizando hasta la saturación de las palabras y lo escrito, la descomposición de la clase política y todas las instituciones. Todas las manifestaciones de delitos e irregularidades atentan contra la sociedad y, en particular, contra los trabajadores y los sectores marginados y excluidos del modelo. Estos delitos los han llevado a cabo los gobiernos de turno, los parlamentarios, y una larga lista de instituciones estatales y ministerios, lo que devela una crisis profunda.

Interesante cuadro sería saber cuántos individuos han estado o están involucrados en estos actos, que han permitido definir una forma de gobernar donde es la oligarquía la que ejerce el poder, sin control ni fiscalización.

Las Fuerzas Armadas, también han sido parte de esta lógica de saqueo del estado. No está demás recordar casos como la compra de fragatas por la Marina, la compra de aviones Mirage por la Fuerza Aérea, el desfalco del Ejército de alrededor de 6.600 millones y, ahora, se suma Carabineros con delitos de fraude al fisco y malversación de caudales públicos con un monto aproximado a los 11 mil millones.

Esta situación puede terminar, como todas las anteriores, sin detenidos, considerando ciertos decretos que definen plazos que proscriben dichos actos delictivos. En estos casos, no funciona la institucionalidad, la contraloría, la fiscalización ni el mando. Es decir, hay un problema estructural que solo se audita cuando te descubren, de lo contrario prevalece la impunidad que pagamos todas las trabajadoras y trabajadores.

La antesala de las elecciones ya manifiesta cuál será el resultado de ese proceso: un nuevo fracaso de la clase política . Nuevamente, se puede demostrar el engaño de los partidos tradicionales, que exhibían un alto número de militantes y que, hoy, vemos desesperados por conseguir firmas suficientes para poder continuar existiendo y poder presentar candidatos. Los inflados números de la UDI, del PPD y de la mayor parte de las organizaciones es, también, expresión de la lógica del poder dominante, la de promover el clientelismo y otras prácticas sin control, que permitían inscribir militantes bajo subterfugios o maniobras engañosas. Esa práctica generalizada, ha costado más de 6.000 millones el último año en recursos entregados por el Estado a esos Partidos. Eso también lo paga el pueblo, las trabajadoras y trabajadores.

El proceso electoral ha abierto y develado el estado actual de las organizaciones y sus candidatos. Se está generando un cuadro que va ratificando el sentir del descontento y la ruptura de amplios sectores del pueblo con las organizaciones políticas tradicionales.

Así como están las cosas, no existe ninguna posibilidad de cambios, mejoras y derechos sociales garantizados. Las ilusiones de algunos sectores de la izquierda sólo llevan al fracaso. Es necesario comprender el marco de una institucionalidad dominada por poderes fácticos y antidemocráticos, lo cual hace difícil o imposible cualquier proceso de transformación por esa vía.

La tarea para la actual situación es crear las condiciones para cambios reales, una alternativa que nazca desde las bases, desarrollando la organización y la movilización por los derechos de estas, desarrollando y fortaleciendo un movimiento popular en la perspectiva de construcción de una nueva sociedad.

¿Por qué Chile se cansó de esperar? Porque se cansó del saqueo de nuestros recursos que van a parar a manos de la corrupción y de los empresarios a través de las AFP. Por eso la multitudinaria movilización del movimiento No + AFP ha instalado, en el escenario nacional, un proceso que va aglutinando a amplios sectores en perspectiva de un proyecto independiente, de clase y popular. Ese es el camino a recorrer: la movilización y la lucha por nuestros derechos sociales.