[Editorial]: ¡A descontaminar Chile de la explotación capitalista!

Durante semanas hemos visto cómo, una vez más, el gobierno chileno antepone los intereses de las grandes empresas a la salud y la vida de los habitantes de un territorio. Hoy hablamos de Quintero y Puchuncaví, pero podrían ser Freirina, Chiloé, Puerto Varas o Antofagasta.  

Decenas de ciudades, pueblos, barrios, comunidades agrícolas o caletas de pescadores son sacrificadas para aumentar las ganancias de una clase dominante codiciosa y violenta. Para ellos no existen seres humanos, sino capital humano y consumidores, fuerza de trabajo para explotar con salarios miserables, precios inflados, créditos usureros, jubilaciones indignas. 

La burguesía chilena, asociada con grandes capitales externos, impone una forma de servirse del país: El extractivismo, la explotación rentista de los recursos naturales, que le permite acumular enormes ganancias, depredando y agotando los territorios a su paso. Cobre, litio, forestales y otros monocultivos, pesca industrial y salmoneras, producción de energía, todo se basa en el viejo principio de comprar barato, vender caro y ganar mucho sin esfuerzo. 

No se agrega valor en el país a lo producido, así los trabajos son más simples, precarios,  con salarios menores y una aún más desigual distribución de la riqueza. La sola extracción y exportación tampoco lleva a un desarrollo económico sostenible en el tiempo, recursos se agotan, mercados externos se cierran, aparecen productos de reemplazo en otros países.  La experiencia de la explotación, en otros tiempos, de la plata o el salitre, no les enseñó nada, nuestros burgueses están cegados por sus fabulosas ganancias de corto plazo, no piensan en el pueblo ni en su propio futuro. 

El patrón de acumulación instalado es una  “decisión técnica”, nos dicen, de los “expertos”, que no se puede alterar por la política porque es “populismo”, cualquier crítica es “ideológica”, no hay alternativa. Pero nosotros sabemos que la política y la economía no son independientes, la economía habla de las relaciones que los seres humanos establecen entre ellos para producir los bienes necesarios para su vida cotidiana: comida, vestimenta, hogar, educación, salud, jubilación. Las decisiones económicas son esencialmente políticas, responden a la correlación de fuerzas entre las clases sociales. 

Por eso hoy en Chile el Estado y los políticos hacen las leyes, y toman las decisiones, que los capitalistas exigen para su enriquecimiento. Las relaciones impuestas son tan injustas y desiguales, tan depredadoras e irresponsables, con el medioambiente y con la mayoría de la sociedad, porque fueron impuestas por la fuerza. Por la brutalidad golpista, por un Estado que impide la participación de los trabajadores y las comunidades en la toma de decisiones que los afectan, por la represión violenta  e inmediata de quienes se movilizan para  manifestar su descontento o sus demandas.  

Cada día son más los trabajadores, trabajadoras, estudiantes, mujeres, comunidades rurales, pueblos, que comprenden las mentiras, el egoísmo y la irresponsabilidad en que se basan las decisiones políticas y económicas del Estado chileno. Cada día son más los que comprenden que no habrá reformas desde arriba, sólo la movilización conjunta de los afectados puede imponer cambios y soluciones a la enorme desigualdad social de nuestro país.  

En la calle, descubriendo sus problemas comunes, sus intereses compartidos, defendiéndose juntos de la policía, creando colectivamente propuestas y soluciones, el pueblo va aprendiendo el verdadero rol del Estado, va comprendiendo la naturaleza común de los problemas que enfrentan sus diversos sectores: El capitalismo, que aunque lo llamen “neoliberalismo”, es siempre la misma máquina de explotar a los trabajadores y trabajadoras, que va destruyendo la gente y la naturaleza a su paso, sólo para enriquecer más a una minoría insaciable. 

Pero en la lucha, las comunidades y el pueblo van descubriendo también la necesidad de la unidad, de organizaciones más fuertes  y más extensas, de la articulación de los distintos esfuerzos. Es el momento que los sectores más avanzados, con mayor experiencia, se vuelquen a las movilizaciones, se pongan a la cabeza de los esfuerzos de organización, ayuden a crear líneas de comunicación y coordinación entre los pueblos y comunidades en lucha. 

¡A descontaminar Chile de la explotación capitalista!