Dos estrategias: desde arriba y desde abajo

Por Eduardo Gómez

En las elecciones del 19 de noviembre, el régimen convocó —nuevamente— a medir fuerzas para delinear quiénes de sus destacamentos serán los llamados a liderar su gobierno

Para el sector revolucionario, que no se hizo parte de esta confrontación, estaba claro que se trata de un escenario en el que se intenta resolver, institucionalmente, la crisis del capitalismo chileno; obviamente, sin la participación autónoma del pueblo. En estas condiciones, gane quien gane el manejo del gobierno, no es esperable un cambio en lo medular de los objetivos y la estructura del régimen ni de sus mecanismos de dominación, tanto en sus formas de explotación, exclusión, cooptación, como represión.

Sin embargo, fijarse solo en nuestra mirada crítica y horizonte estratégico, sin incorporar la dinámica de confrontación del régimen capitalista dominante, sería un error. Aunque las tendencias generales sigan su curso, ello no quiere decir que todo siga igual. Las fuerzas que actúan en la política contingente, evidentemente, se han modificado y también la dinámica de las confrontaciones al interior del régimen.

¿Qué es lo nuevo?

Los «analistas» del régimen presentan, en sus diagnósticos, la visión de que algo importante ha cambiado en el escenario de la lucha política, siendo especialmente destacada la presencia y asentamiento de una fuerza política reformista antineoliberal (FA) que cambia la dinámica del duopolio neoliberal en la que se enfrentaban solo sus dos caras, la liberal y progresista (Concertación y NM) y la derecha conservadora y ortodoxa. Más que una novedad, esto es, de cierta manera, la profundización de lo iniciado por el bacheletismo II, una fracción del régimen que en alianza con el PC abogaba y convocaba a avanzar en «reformas» al sistema, la que si bien avanzó tibiamente en sus propuestas fue duramente castigada por la derecha, por sus sectores más conservadores (DC y socialdemocracia), por su propia ambivalencia y falta de convicción, y por su temor a convocar abiertamente al campo popular. Es en ese contexto que dentro del régimen emergió y se dio lugar a un sector político más crítico y decidido a realizar reformas utilizando la lucha social, liderado por fracciones profesionales y pequeño burguesas.

Mirado desde la estrategia de los de abajo, de la lucha de los sectores populares por imponer sus términos y avanzar en su autonomía política, es claro que luego de un largo período de resistencia y rearticulación han logrado instalar en la escena política algunas de sus luchas y a dirigentes que han surgido de ellas. Aunque en general buena parte de estas han sido hasta el momento cooptadas y reabsorbidas por la lógica capitalista (véase como han aprovechado la gratuidad universitaria para expandir el mercado) no hay duda que se ha acumulado experiencia, organización, y que la lucha social es actualmente un factor incidente en la lucha interburguesa. El FA es tributario de la energía creada por la lucha popular, pero estas luchas seguirán tratando de superar los límites institucionales del régimen y buscarán expresarse políticamente. El movimiento NO+AFP ha demostrado en esta coyuntura un avance respecto de luchas populares anteriores: se ha mantenido autónomo, ha mostrado su fuerza social en el contexto de la disputa política burguesa, y ha mantenido sus banderas estratégicas.

Una identidad clara

Por tanto, si bien la instalación del FA forma parte del proceso de recomposición política del capitalismo chileno, es evidente también que representa el despliegue de la lógica de la lucha de clases, en la que las luchas populares comienzan a hacerse visibles e intentan expresar sus intereses estratégicos. Es de esperar que en un sector del campo popular se extenderán expectativas de cambio e «incidencia» y que los distintos grupos políticos reformistas sean quienes lideren por un tiempo la escena de la «lucha de calles», mientras que con esa fuerza intentarán intervenir en la «confrontación parlamentaria» para conformar un nuevo régimen que le dé una salida «viable» a la crisis política del capitalismo chileno.

En este escenario se torna imprescindible que el sector revolucionario se haga presente en la lucha política con una identidad clara y una perspectiva estratégica para el período, que se mantenga y desarrolle en los territorios y organizaciones populares advirtiendo de los límites de los cantos de sirena de la institucionalidad reformista, rompiendo el cerco que el régimen impone a los sectores más empobrecidos. De otra manera, la izquierda revolucionaria diluirá su sentido histórico, y puede ser políticamente borrada nuevamente por un largo tiempo como ya lo fue durante el periodo de la Concertación. Tal como antes, las fuerzas del régimen tratarán de obstaculizar esta posibilidad, y la ceguera propia y el encierro pueden contribuir a ello.