Dominga, la millonaria

Por Antonio Barraza

El día 31 de agosto de 2017 renunciaban a sus cargos los dos ministros encargados del área económica del casi finalizado gobierno de Michelle Bachelet. Era la consecuencia del controversial rechazo al proyecto minero Dominga por parte del comité de ministros, en fallo dividido —3 en contra 2 a favor y 1 ausente—.

La antesala de sus salidas dejó dudas al interior del pasado gobierno en materia de crecimiento, sustentabilidad y medioambiente. Quedó clara la existente línea divisoria entre las dos almas de aquella extinta coalición. Esta vez, se expresaba en las distintas visiones de un tema fundamental para cualquier mandato con carácter modernizador. La confrontación tomó revuelo mediático, esta vez, a través de las intervenciones de la misma Bachelet y su ministro del medio ambiente, Marcelo Mena. Por otro lado, el titular de hacienda, Rodrigo Valdés, y el de economía, Luis Felipe Céspedes, se ubicaron muy cercanos a las visiones de la actual administración piñerista.

Comunidades en conflicto.

En la localidad de La Higuera, en la sexta región, en donde se emplazaría el proyecto Dominga, las cosas no fueron distintas y pasaron mucho mas allá de palabras y declaraciones; y pusieron a las comunidades en conflicto. Fueron estas las que protagonizaron movilizaciones a favor y en contra de la mina, la que, por un lado, amenazaba sus fuentes laborales —al destruir o poner en riesgo la flora y fauna del sector, que vive fundamentalmente del turismo y de la rica variedad de mariscos y peces que abundan las localidades—; y, por otra parte, ofrecía oportunidades a aquellos que se quejan de no tener las mínimas condiciones de subsistencia debido a la falta de empleos, infraestructura de salud, escolar, etc, y que ven como única esperanza de solución a sus graves problemas este millonario y prometedor proyecto.

El proyecto millonario

2.500 millones de dólares sólo en inversión de infraestructura; promesa de miles de empleos de generación directa y cuatro veces más de generación indirecta en zona de crisis económica; y que dañaría, inevitablemente, el valioso medioambiente, reserva ecológica, empobreciendo a los miles de vecinos que viven del mar; y cientos de miles de millones de dólares de ganancias para los grandes capitalistas quienes, agotada la explotación, dejarían la zona sin ninguna otra superación para la comunidad y para el país  que frutos momentáneos y etéreos .

Recién instalado el gobierno de Piñera, el proyecto que parecía muerto vuelve a la palestra. Se abren reales posibilidades de que sea reinstalado, debido al cambio en el contexto de correlación de fuerzas entre partidarios y detractores de Dominga. Resucitado el controversial proyecto no hace más que reimpulsar la lucha y movilización de aquellos que creían haber superado las amenazas a sus fuentes de ingresos y de aquellos que ven en Dominga la única solución para mejorar sus dramáticas situaciones familiares.

Traspasada, la propiedad, de manos de Piñera a amigos cercanos, Dominga tuvo como principales obstáculos, para su puesta en marcha, no sólo la movilización de los habitantes de las costas de la región, sino, también, que de variadas organizaciones ambientalistas y —lo que más peso en el comité de ministros— el rechazo de sectores pertenecientes al bacheletismo. Todo esto, encima, en época pre electoral.

La defensa de la sustentabilidad

En el nuevo contexto político, determinado por abiertas intenciones develadas en promesas electorales de crecimiento, inversión, alza de la productividad, generación de empleos de calidad, etc, es determinante la irrupción de negocios relacionados con la actividad extractiva y de generación de energía. Las inversiones de grandes capitales hacia esos sectores se verán, otra vez, privilegiadas en las interpretaciones de los organismos encargados de administrar las tibias regulaciones del estado chileno pro empresarial. El maltratado medioambiente de nuestro país deberá ser defendido con mayor fuerza por todos aquellos partidarios de un sistema económico sustentable al servicio de los que trabajan para vivir, y en contra de los que invierten para saquear.