Día internacional de los Trabajadores: En la lucha contra los capitalistas

Por Arturo Adriasola 

Este 1 de mayo se cumplen 132 años de la masacre de los obreros en Chicago. Este no ha sido un hecho puntual. Es la historia de la lucha de los trabajadores y trabajadoras por todo el mundo contra el capital. 

Chile no ha sido la excepción. Las matanzas obreras no han sido pocas. Aún más, el Estado ha utilizado a las Fuerzas Armadas para reprimir a los trabajadores y mantener el orden vigente, que favorece los intereses de los grandes capitalistas. Así, tenemos la matanza de la Escuela Santa María de Iquique, como el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Pero, también, el asesinato de trabajadores y sindicalistas que luchaban por sus derechos, perpetrados durante esta «democracia»: Juan Pablo Jiménez, Rodrigo Cisterna y Nelson Quichillao. 

Es la política de amedrentamiento y represión de los capitalistas, para asegurar que el sistema económico funcione y poder extraer, así, las ganancias. El sistema nos quiere vivos, pero complacientes, sometidos, indiferentes y derrotados. 

La lógica capitalista es estrujar al máximo posible a los trabajadores y con el menor sueldo. Así, se han multiplicado el subcontrato, la desregularización y flexibilización del trabajo, etc. Junto con ello, los sueldos irrisorios, que obligan a horas extraordinarias, tener otro trabajo y endeudarse. Además, en el sueldo base, la parte permanente se reduce para que se complete con bonos variables de productividad. Esa es la política. Con la menor retribución salarial posible, aumentar la producción y aumentar la ganancia del capitalista. Por último, saquea nuestras materias primas, tanto del mar como de la tierra, sin importar la sustentabilidad, y la contaminación. 

 ¿Cómo lo hace el Estado? 

El Estado no lo hace mejor. Los problemas cruciales que se enfrentan son la inseguridad e inestabilidad laborales de los trabajadores a contrata y honorarios, siendo estos últimos los sin derechos laborales. Han llegado a tal extremo, que los derechos sociales básicos se han transformado en un negocio más, afectando directamente la calidad de vida. Lucran con la salud, lucran con las pensiones, lucran con las viviendas, lucran con la educación, etc. 

Con la expansión económica neoliberal, pasamos de un país atrasado a un país en desarrollo (parte del selecto grupo de la OCDE). En vez de elevar la calidad de vida y pelar al chancho en forma justa, se ha profundizado la desigualdad en beneficio de unos pocos, de una casta de capitalistas, políticos y militares, que nos gobiernan y nos dominan. 

Esta profunda transformación, en Chile, requirió del 11 de septiembre de 1973 y la dictadura militar, que pudiera derrotar, a sangre y a fuego, a los trabajadores y al pueblo. Así, la dictadura impuso este sistema capitalista neoliberal, rapaz, que pone por encima de la vida y la dignidad humana, el negocio, la ganancia y el lucro. 

 ¿Qué hay que reflexionar? 

La clase capitalista de entonces, apoyó y formó parte de la dictadura. Hoy, en un nuevo 1° de Mayo, nos encontramos con que esos mismos capitalistas han sido la base de sustento de los gobiernos de la Concertación, la Nueva Mayoría y la derecha. Ellos sostienen este sistema político, sus instituciones corruptas y esta «democracia» que les entrega tantos beneficios. 

Esto es lo que hay que reflexionar en este 1° de mayo. Nos enfrentamos a una reforma laboral en beneficio de los empresarios. Nos enfrentamos a la ofensiva empresarial, en un gobierno de derecha, fiel representante, de los intereses capitalistas. Esta ofensiva capitalista solo podrá ser contenida por la lucha y organización de los Trabajadores y el pueblo. 

Para los trabajadores los desafíos son enormes: 

  • Organizar la lucha por un sueldo mínimo base y digno, que permita satisfacer necesidades fundamentales sin hacer horas extras y tener otro trabajo, que permita el descanso y la recreación, y poder vivir la vida. Esta lucha convoca al conjunto de los trabajadores, porque el conjunto de los sueldos y salarios se rigen por este mecanismo. Además, convoca a los trabajadores organizados y no organizados. Avanzar en un monto basal de lucha es vital, y este ya sobrepasaría los $ 400.000 
  • Fortalecer la lucha por el fin de las AFP, reemplazadas por un sistema de reparto y solidario. Que los pensionados actuales y futuros no tengan una pensión miserable. La pensión básica mínima no puede ser inferior al sueldo mínimo, que en la actualidad es de $ 276.000; que los empresarios coticen un 9% para que la pensión aumente significativamente. Hay que fortalecer la lucha, en la calle, de la Coordinadora Nacional de Trabajadores No+AFP. 
  • No más honorarios, fin al subempleo y a todo tipo de subcontrato. No es posible que para un mismo tipo de trabajo existan diferentes tipos de contratos, ni que para una misma empresa contraten distintos empresarios. Lo que ellos buscan, con esto, es disminuir derechos y salarios.  
  • Igualdad y no discriminación de la mujer en el trabajo. Derecho a sala cuna para todos/as los/as trabajadores/as. Permiso para cuidado de ancianos y enfermos, pagado por empresarios. A igual trabajo igual sueldo y derechos. 
  • Las leyes laborales hechas por José Piñera y la dictadura, limitan la negociación colectiva a la empresa. Pero, aún más, permiten múltiples sindicatos en una misma empresa. Romper este marco significa la unidad de los trabajadores para una única negociación colectiva en una empresa. Eso no es suficiente. Hay que luchar para negociar por rama o servicio, ya sea de hecho o derecho. Frente a un mismo trabajo, igual salario e iguales derechos. 
  • Fin de los servicios mínimos y derecho a huelga sin restricción —y no solo en la negociación colectiva—, para defender los derechos de los trabajadores, en contra de las políticas anti trabajador de los gobiernos, por solidaridad, etc.  

 Es la lucha de todos 

Nadie se puede engañar. La lucha contra el capital será mucho más dura. Conocemos la historia, conocemos sus propósitos y vivimos a diario la salvaje explotación. No nos cuentean con comisiones, unidad nacional, aumentar la productividad, y otras yerbas. Será una lucha larga, en la cual no estamos solos. Somos la gran mayoría de los chilenos que sufrimos de la acción salvaje de los capitalistas y nos oponemos a su interés privado y en contra de los intereses sociales de la mayoría, de los trabajadores y el pueblo. 

La lucha de muchos: los pescadores artesanales que se enfrentan a 7 familias beneficiadas por la ley de pesca; los mapuche por expulsar a las forestales que les arrebataron sus tierras; los trabajadores de la salud para sacar a los privados del sistema público; los consumidores contra los empresarios coludidos; los estudiantes por el fin al lucro y el CAE en la educación, gran negociado para los bancos; la nacionalización de los recursos naturales, el cobre, y por recuperar el litio; las comunidades por el control del agua; la estatización del Transantiago; la CNT No+AFP por sacar a los capitalistas del sistema de pensiones; los trabajadores por mejores condiciones salariales y de trabajo; las comunidades contra los capitales que degradan el medio ambiente, y otras tantas luchas más. 

Es una lucha difícil porque, en permanente atropello de nuestros derechos, son respaldados por el conjunto de instituciones. Entre ellas, principalmente, Carabineros, que como fiel perro guardián reprime las manifestaciones. Tienen un gobierno siempre presto a satisfacer a sus intereses; un parlamento que, mayoritariamente, favorece a las fuerzas políticas que han profundizado el neoliberalismo —la derecha y lo que fue la Concertación—. Entonces, ¿qué podemos esperar de la institucionalidad vigente que nos permita hacer avanzar, significativamente, en nuestras luchas? Nada, nada, y no podemos poner nuestras confianzas en esta. 

El camino no puede ser otro que la unidad de los trabajadores, trabajadoras y el pueblo. Hay que separar, claramente, la paja del trigo; los que están en la lucha y los que están en la conciliación. Sí, es «histórico» que la CPC, Confederación de la Producción y del Comercio, se haya juntado con la directiva de la Central Unitaria de Trabajadores y que nuestro enemigo de clase busque «construir confianzas». Es una traición a la clase trabajadora y a la inteligencia humana; una ofensa a los asesinados y a los que diario sufren el yugo de la explotación. 

El camino sigue siendo el de unidad y lucha. No hay soluciones intermedias, ni permitidas por los propios capitalistas. Los Trabajadores y el pueblo tendrán que crear su propio camino, su propia alternativa y proyecto de sociedad. Y habrá que seguir fortaleciendo las bases de las organizaciones sindicales, con perspectiva antimachista, en unión con los inmigrantes, y en la lucha y convergencia, en pos de una Central Clasista de la Trabajadores.