Desmitificar la (contra) reforma educacional y sobre la “radicalización” de la CONFECH

Por Nicolás Campos

Durante el periodo de “transición” se intentó, por parte de los sectores políticos tradicionales de Chile, normalizar el sistema neoliberal privatizador en Chile y lo querían hacer parecer una realidad imposible de cambiar. Una de las mejores técnicas que los intelectuales de aquella época tuvieron fue el de dividir a la sociedad en diferentes esferas; por una parte se nos presentaba la política, en donde el dictador ya se había ido: “¡Éramos una democracia!”, pudimos haber exclamado fácilmente, y por otra, la esfera económica representada por el neoliberalismo. Hasta ahí la historia parecía inamovible para el país, una serie de gobiernos de la Concertación que gobernaron a un Chile relativamente callado, al que aún le duraba el efecto del somnífero llamado transición.

Y en eso llegaron las y los estudiantes en una mezcla extraña entre carnaval, marcha y protesta callejera. Fueron las y los estudiantes de Chile quienes con demandas, que hasta ahora parecían claras, sencillas y simples eran capaces de calar hondo en el sentido común de las personas,  le comenzaron a resquebrajar la – hasta la época – tan fácil gobernabilidad a la clase dirigente y los partidos del país. El movimiento estudiantil es sin duda un lugar común para cualquiera que quiera hacer una radiografía de la situación política de la última década del país.

Luego del gobierno de Piñera vinieron las elecciones, donde la Nueva Mayoría (NM) apostó por un Programa de Reformas, con el objetivo de entregar una salida institucional a las demandas que poseían las y los estudiantes. Conquistó así el voto de muchas y muchos, y por supuesto las reuniones con el empresariado no fueron escasas, a fin de cuentas ellos deciden quien “nos gobierna”. Así apareció la Reforma Educacional de la NM, la cual es y continúa siendo el hijo prodigo del actual Gobierno de Bachelet. Los titulares y los partidos del oficialismo nos empapelaban de consignas que habíamos escuchado en la calle: “Gratuidad”, “Fin al Lucro”, “Educación de Calidad”, pero esta vez eran ellos quienes las usaban. Fuimos testigos de cómo el Gobierno de Chile se apropió de nuestras consignas que tanto nos había costado instalar. Pese a esto -lamentablemente no para todos- la reforma y la propuesta de una salida institucional a un conflicto que se presentaba en la calle, fue materia de discusión y desconfianza, porque ¿cómo los mismos que levantaban las manos con la derecha años atrás, ahora nos iban a devolver todo lo que robaron?.

Es importante  desmitificar que la actual Reforma a la Educación, así como su discusión, es “una ganada de las y los estudiantes”; como al sector fanático de las ganadas concretas le gusta comprender. El año 2012 la OCDE emanó un documento en el que se hacía un análisis crítico de la educación en Chile, la cual no estaba en línea con los países “en vías” o “desarrollados” con los que a muchos les gusta compararse. En este sentido, la Reforma de la NM no viene en definitiva a intentar solucionar o entregar respuestas a las y los millones estudiantes que se han movilizado en la última década en Chile, sino que se desarrolla desde una lógica completamente neoliberal e intenta volver a darle coherencia y unidad al sistema educativo chileno en base a los estándares internacionales como “La Calidad” y actualmente no existe mayor sintonía y, como no se está a la altura de los países del “primer mundo”, este debe ser reformado. Cabe destacar que en materia de financiamiento la Reforma actual habla de realizar un crédito con el Banco Mundial, y es posible inferir que este Banco, pieza central del esquema de la globalización del capitalismo, no presta plata solo por buenas intenciones, como lo es la educación.

Podemos notar en la centralidad que ocupa el problema de la calidad, como se mencionó anteriormente, en la educación,  donde se crea toda una nueva Institucionalidad en pos de que esta se asegure en la educación superior. Se sigue categorizando a las Instituciones mediante la lógica del semáforo, en base a criterios externos a las propias comunidades, y en el caso de no estar cuadradas – las instituciones – con los criterios que la Reforma comprende como adecuados, se sigue comprendiendo el cierre de la institución como una alternativa realizable. Cabe preguntarse ¿Quiénes son los que pagan el precio en un eventual cierre de estas?: ¿Los empresarios de la educación? o ¿Los estudiantes endeudados?.

Es necesario detenerse y desmitificar también las nuevas indicaciones del Proyecto de Ley. Estas indican que el Estado, a través de la Superintendencia, se encargará de fiscalizar las Instituciones de Educación Superior (IES) que accedan a fondos públicos para asegurarse que inviertan en los fines que le son propios y en definitiva supervisar la viabilidad financiera existente en las IES, intentando dar contenido a la prohibición del Lucro con fondos públicos. Sin embargo, la letra chica nos dice que lo que pasará es que el Estado se encargará de cuidar la permanencia en el tiempo del negocio y el proyecto de algunos privados, en pos de que este no se vea amenazado por la administración incompetente e interesada que han demostrado tener en estos últimos años. `

Es interesante problematizar este punto respecto a los desafortunados casos de IES que han debido cerrar por la codiciosa administración de algunos mercaderes de la educación. No me parece exagerado entender esta indicación como un parche realizado por el Estado para desentenderse de su responsabilidad – de la cual ha presentado nula voluntad – de hacerse cargo de las Universidades en crisis, como el caso de la ARCIS. Además de lo ridículo que significa que el Estado resguarde la existencia de un proyecto ideológico que nada tiene que ver con las necesidades reales que tiene el país. Así suma y sigue con los despropósitos de esta Reforma Educacional propuesta por la Nueva Mayoría y avalada por distintos sectores de la política estudiantil.

En este contexto es que semanas atrás la CONFECH llamó a radicalizar la movilización estudiantil, debido a que se ha hecho caso omiso, por parte del Estado, a las demandas transversales de las y los estudiantes tramitándolas de reunión en reunión, en mesas de trabajo y en un sinfín de instancias burocráticas que no han dado respuestas. No obstante, hay que tener presente que los mismos que esta vez llaman a radicalizar la movilización, por no encontrar respuestas en las oficinas del Estado, son aquellos que históricamente han apostado por mostrar estos espacios como el camino natural que deben tomar las demandas de los movimientos sociales, los cuales hoy están más cerca de darle una mayor coherencia y unidad al paradigma neoliberal en la educación.

Es paradójico que “Se Gana En Las Calles” sea la consigna que se ocupa para convocar el día de mañana (20/06) a una nueva marcha por la educación, después de lo expuesto y la táctica elegida por este sector del Movimiento Estudiantil (Frente Amplio). Esto no tiene que marearnos, sino, que entregarnos la claridad en lo que a las Luchas Sociales refiere. Son las y los estudiantes, trabajadoras, trabajadores  y en definitiva el pueblo  de Chile, quienes construyan una nueva educación para Chile. A lo largo de estos años de protesta y movilización, experiencias interesantes se han dado al respecto de cómo comprender el proceso de enseñanza y aprendizaje en comunidad, se ha demostrado cómo las personas somos capaces de hacernos cargo de nuestras vidas en lo personal y colectivo, donde no es necesario hipotecar nuestros sueños como históricamente nos han impuesto. Lo que nuevamente se ve a la vuelta de la esquina en la “Contra Reforma” a la Educación, que se hace imperante rechazar. Debemos avanzar en instancias de democratización de nuestras casas de estudio, cuestionar nuestra formación académica y problematizar el tipo de relaciones sociales que establecemos con nuestras compañeras y compañeros y el resto de la comunidad educativa.