Derrumbando muros: La historia de la Revuelta de Stonewall y el surgimiento del movimiento de liberación gay

La historia de la Revuelta de Stonewall y el surgimiento del movimiento de liberación gay

Por Keegan O’Brien, activista socialista queer, escritor y profesor de Boston. Publicado originalmente en inglés en Jacobin Magazine.

Traducción por Benjamín Alaluf, Prensa Irreverente.

Hace 46 años, clientes del Stonewall Inn (Posada Stonewall), un bar popular gay de la ciudad de Nueva York, lucharon contra la policía abusiva y al hacerlo, lanzaron el movimiento lesbiana, gay, bisexual y trans moderno (Movimiento LGBT).

Con la aprobación histórica del matrimonio igualitario de la Corte Suprema de los Estados Unidos, es innegable que hemos llegado muy lejos desde una época en que la policía rutinariamente allanaba los bares gays y al salir del armario a una persona se le tildaría de psicópata sexual, puesta en la lista negra y legalmente se le prohibiría el empleo en la mayoría de ocupaciones. No es ninguna exageración que muchas de las libertades experimentadas por las personas queer hoy hubieran sido inconcebibles hace una o dos generaciones.

Sin embargo, las personas LGBTQ aún enfrentan la opresión: falta de protección en empleo y vivienda, jóvenes sin casa, bullying y altos indicios de suicidio, violencia hacia las mujeres trans (desproporcionadamente las mujeres trans morenas), encarcelamiento, brutalidad policial y la pobreza. Las organizaciones LGBTQ institucionales (a las que algunos radicales se refieren como Gay Inc.) están atadas a los corporaciones de los Estados Unidos y prefieren estar cómodos en el establishment político en vez de enfrentarlo.

 

En este contexto, estudiar la Revuelta de Stonewall y el movimiento de liberación gay es más que una lección de historia interesante, provee a los activistas y radicales de lecciones para confrontar a los desafíos políticos que enfrentamos hoy y reconstruir un movimiento que pueda conquistas la liberación sexual para todas y todos.

La formación de un movimiento

Mientras los seres humanos se han intimado con otros u otras del mismo sexo desde el principio del tiempo, la construcción social de la identidad gay es un fenómeno nuevo.

Fue a través del desarrollo de la industrialización capitalista y la emergencia acompañante de los grandes centros urbanos y el efecto transformador que este proceso tenía en la vida social, que las condiciones materiales para el desarrollo para un identidad LGBTQ y de la comunidad se hiciera posible.

La autonomía personal y la privacidad ofrecida por la vida de la ciudadan para la exploración de deseos no heterosexuales y una mejor expresión de género, y además el desarrollo de una comunidad basada en los intereses compartidos de una manera que generalmente no era posible bajo los modos de producción previos.

Hacia los finales del siglo XIX y principios del siglo XX, un mundo gay extenso y clandestino se empezó a desarrollar en las principales ciudades de los Estados Unidos. Sin embargo no fue hasta la Segunda Guerra Mundial que muchos historiadores gay se refieren como una experiencia nacional de salir del armario, que la historia LGBTQ tendría un punto de cambio cualitativo.

Tanto en la casa como en el extranjero, la Segunda Guerra Mundial cambió la sociedad norteamericana, incluyendo el comportamiento sexual y las relaciones de género, para satisfacer las necesidades militares del país. Millones de hombres  y mujeres fueron sacados de sus casas para ser colocados en ambientes abrumadoramente homosociales como bases militares, hospitales, fábricas industriales, oficinas gubernamentales y centros urbanos.

Estas nuevas condiciones materiales junto a la circunstancias emocionalmente intensas de la guerra, motivaron a millones de hombres y mujeres a explorar y perseguir deseos homosexuales y formar relaciones del mismo sexo íntimas y significativas a un nivel que anteriormente era inconcebible.


Correspondiente, después de regresar del combate en el extranjero y de la producción militar de la casa, muchos hombres gays y mujeres lesbianas optaron por la independencia ofrecida por los centros urbanos estadounidenses. Una comunidad que compartía estructuras sociales comenzaba a echar raíces y crecer en ciudades por el país, instalando y consolidando una identidad política LGBTQ.


Con los años 50’s, llegó una época de conservadurismo junto a una atención cultural creciente a la homosexualidad. Por un lado, el macartismo lanzó una caza de brujas auspiciada por el Estado contra los comunistas e izquierdistas en una campaña conocida como el Terror Lila para remover a los gays y las lesbinas de ocupaciones gubermentales.

 

La vigilancia y represión policial contra los bares gays se intensificó, creando consecuencias devastadoras para los que eran pillados. A los hombres gays que caían presos se les sacaban la foto y sus nombres se publicaban en los diarios, lo cual gatillaría los despedidos del trabajo y aislamiento de parte de sus amigos y familiares.

Por otro lado, la sociedad norteamericana estaba más preocupada por la homosexualidad que nunca. Esto empezó en 1948 con la publicación del libro, “El comportamiento sexual en en el hombre” de Alfred Kinsey, lo cual transformó la manera que la sociedad entendía la sexualidad y se volvió una sensación de los medios. Los informes de Kinsey mostraron que los actos homosexuales eran más comunes entre los hombres que se suponía anteriormente y concluía que tal comportamiento era perfectamente normal y que se practicaría más abiertamente si no fuera por el perjuicio y las restricciones sociales.

Durante los años 50s y 60s, había un flujo de representación y discusión sobre las personas gay en literatura y los medios. Los diarios sensacionalistas y las revistas hacían reportajes sobre el mundo gay clandestino, y había una proliferación de novelas sensacionalistas con personajes y temas gays.

 

Aunque la representación en los medios era negativa, asociar la homosexualidad y la transgresión del género a la criminalidad y la enfermedad mental, este visibilidad creciente mostraba

que las personas LGBTQ socialmente aisladas que había otros y otras como ellos y ellas, y donde encontrarles. Lejos de desaparecer, el mundo LGBTQ continuaba a expandir y se hacía más visible en una época con represión en aumento, una contradicción que inevitable cambiaría.

La primera organización política gay en los Estados Unidos fue el Mattachine Society (Sociedad). Fue fundada en 1951 por Harry Hay, ex militante del Partido Comunista de los Estados Unidos, Mattachine se consideraba una organización  homófila. Afirmaba que la homosexualidad era una preferencia sexual natural y que los homosexuales era una minoría oprimida que se merecía la plena igualdad política y legal.

 

En los primeros años, Mattachine organizaba una campaña impresionante contra la brutalidad policial y el hostigamiento hacia los hombres gays en el sur de California. Mattachine creó ONE, la primera revista nacional (que publicaba hasta 1972) y estableció secciones por el país con miles de miembros acumulativos.

Pero Mattachine se mantuvo clandestino y nunca se volvió un movimiento de masas. Hay y otros radicales fueron sacados de la organización en 1953 cuando el grupo se volvió de derecha bajo las presiones del macartismo y poco después se retiraron de su plataforma inicial. La organización ahora afirmaba que la homosexualidad era una condición mental y motivaba a sus miembros a buscar tratamiento y abandonar la agitación política.

 

Dos años después, la primera organización lesbiana, Daughters of Bilitis (Las Hijas de Bilitis), formada por Phyllis Lyon y Del Martin. El grupo también lanzó la primera revista lésbica, The Ladder (La Escalera). Sin embargo, como Mattachine, Las Hijas de Bilitis fue pesadamente influída por el clima opresivo del macartismo y se mantuvo como una organización de autoayuda para gran parte de su existencia, lejos de la agitación política abierta, y nunca llegó a tener más de cientos de miembros activos.

 

Pero a mediados de los 60’s, las cosas empezaban a cambiar en el movimiento homófilo. El movimiento por los derechos civiles había cambiado a la sociedad estadounidense y había derrocado a Jim Crow [leyes segregadoras en el Sur]. Inspirados por los afroamericanos que desafiaron a la opresión racista y el terror, los activistas homosexuales que no habían sido activos políticamente durante McCarthy empezaron a presionar a Mattachine para tomar una posesión más combativa y de militante.

 

En su discurso en la ciudad de Nueva York, Frank Kameny afirmaba que “no solamente la homosexualidad no es inmoral sino que los actos homosexuales se hacen por adultos con consentimiento son morales, justos, buenos y deseables tanto para los individuos como para la sociedad.”

Ésta fue una ruptura grande de la posición oficial de Mattachine que los miembros debían buscar tratamiento médico. La sección de Nueva York eligió una lista de militantes jóvenes que convencía al grupo de hacer algo nunca hecho – organizar manifestaciones públicas pidiendo derechos de los gay y desafiar a la posición establecida de los psiquiatras sobre la homosexualidad.

Las primeras dos protestas eran concentraciones frente la Casa Blanca y las Naciones Unidas, seguidas por una manifestación anual que se llamó el “Recordatorio Anual” fuera del Hall de la Independencia en Filadelfia donde los manifestantes tenían que vestirse respetuosamente con camisas, corbatas y vestidos. La meta era exigir trato igualitario bajo la ley mientras mostrar a los estadounidenses que los homosexuales eran tan patrióticos y respetuosos como los demás.

En 1966, Mattachine organizó “sorbidatones” en los bares gays por la ciudad de Nueva York para protestar contra la derogación de las licencias de alcohol en los recintos que vendían a homosexuales. Ellos ganaron.

 

En San Francisco el activismo homosexual importante habían comenzado a principios de los 60s. En 1961, los dueños de los bares y los clientes formaron el Tavern Guild para organizarse contra los allanamientos policiales en los bares gays y en 1964 líderes religiosos progresistas y activistas homosexuales se habían juntado para formar el Consejo de Religión y el Homosexual para proveer servicios a los jóvenes gays en situación de calle y ayudaron a crear Vanguardia, la primera organización LGBTQ para la juventud.


La organización homófila más importante y grande era la Sociedad por los Derechos Individuales, lo cual organizaba campañas impresionantes contra la brutalidad policial, luchó por leyes antidiscriminatorias y ganó la construcción de un centro comunitario gay, convirtiéndose en un fuerza política importante.

 

En 1966, San Francisco vio su precursor a los enfrentamientos de Stonewall, los Disturbios de la Cafetería Compton. La Cafetería Compton era un local regular para los gays, las trans, las drag queens de la calle. Una noche veraniega de julio, fue llamada la policía para allanar al restaurante, y un policía agarró el brazo a una drag queen, provocándola a tirarle un vaso de café en su cara. Esto instigó a otros clientes gays a resistir, les dieron vuelta a las mesas, lanzaron paltos, botaron ventanas y empezaron a pelear con la policía.

 

A medida que se cerraba a década, los Estados Unidos estaban experimentando la revuelta social más grande y la radicalización política desde el movimiento de masas de los años 30s. Fue una cuestión de tiempo para que el movimiento gay fuera afectado.

 

En mayo 1969, un joven gay de izquierda, Carl Wittman escribió “Un manifiesto Gay,” un ensayo que pronto se volvería un documento que define mucho para el movimiento de liberación gay. Las palabras de Wittman ilustran la radicalización que tomaba peso entre los militantes jóvenes gays y una previa de lo que vendría después

“Policías heterosexuales nos patrullan, legisladores hetesexuales nos gobiernan, empleadores heterosexuales nos mantienen en línea, el dinero heterosexual nos explota. Hemos fingido que está todo bien, porque no hemos podido ver cómo cambiarlo, hemos tenido miedo.

En el último año ha habido un despertar de liberación gay. Cómo comenzó no lo sabemos; quizás nos inspiramos en los negros y sus movimiento por la libertad

Donde una vez hubo frustración, alienación, cinismo, hay características nuevas entre nosotros. Mientras pensamos en toda la autocensura y la represión de tantos años, una represa de lágrimas caen de nuestros ojos. Estamos llenos de amor por el otro y lo estamos mostrando; estamos llenos de rabia por lo que se nos ha hecho. Y estamos eufóricos, arriba en las nubes, con el florecimiento inicial de un movimiento.”

La revuelta de Stonewall

La Posada Stonewall era uno de los bares gays más populares de la ciudad de Nueva York en los 60s. Ubicado entre la Calle Christopher y la Avenida Siete de la Villa Greenwich, un barrio conocido por su estilo de vida bohemio, y pasos a la Oficina de Village Voice, el Stonewall era oscuro y tenía dos bares, un jukebox y la única pista de baile de toda la ciudad. El Stonewall se hizo epicentro para el mundo gay de Nueva York, especialmente para los miembros más marginados y regularmente atraía a una multitud de hombres gays, drag queens, chicos callejeros y lesbianas.

Debido a la ilegalidad de un recinto gay, los bares gays en Nueva york, incluso el Stonewall, eran manejados por la mafia. La mafia no era amigo de la comunidad, a quien miraban con asco, pero pagaban a la policía de la Comisaría 6 para evitar las redadas en el Stonewall. Cuando la policía redaba al bar, lo hacían temprano para generar una interrupción mínima.

 

Para las personas gays de los 60s, la contradicción era al mismo tiempo la libertad, la apertura y una demanda por el cambio aumentaban por la sociedad, Nueva York estaba simultáneamente aumentando la aplicación de leyes anti-homosexuales que era casi un Estado policial para los gays y las lesbianas.

Al principio de la década, las leyes por los Estados Unidos era más represivas contra los homosexuales que cualquier régimen soviético que los Estados Unidos. criticaban. Un adulto consentido que era pillado teniendo sexo con otra personas del mismo sexo podría estar décadas o por vida en prisión, o podría estar encerrada en un manicomio y le aplicaban terapia electroshock, lo castraban o lo lobotomizaban. Adultos que se les cargaban una ofensa sexual podían perder su licencia profesional y muchas veces despedidos de sus trabajas y prohibidos de empleo a futuro.

Mientras los bares daban un lugar para que las personas gays pudiesen conocerse y socializar en una sociedad represiva, también les hacía objeto para la policía. Tarde en una noche de viernes en junio 1969, la policía hizo una redada en Stonewall, exigiendo que todos los clientes se pusieran en fila para mostrar sus carnets y con planes de detener a empleados del bar, drag queens y aquellos sin identificación correspondiente.


Esa noche la policía era más agresiva que lo normal. Hicieron pedazos al bar, botaron los muebles y eran físicamente agresivos con clientes que fueran groseros y respondieran feo.

No como las redadas previas de la noche, la policía cerró Stonewall durante la hora punta.

Mientras los clientes normalmente se dispersaban al ser echados, sabiendo que podrían volver más tarde, esta vez empezaron a juntarse fuera del bar. La multitud de docenas eventualmente se volvió de cientos. Miles de residentes gays empezaban a salir a las calles.


La revuelta fue multiracial, diversa y reflejaba el espectro amplio de la comunidad LGBTQ. Muchos testigos comentaron específicamente del rol importante de la noche que jugaron las secciones más marginadas de la comunidad: chicos callejeros, mujeres trans y juventud queer afroamericana y latina.


El Village Voice publicó un artículo al día siguiente describiendo las revueltas:

Como los clientes atrapados adentro fueron soltados uno por uno, una muchedumbre empezaba a juntarse en la calle….al principio un encuentro festivo, compuesto por los chicos de Stonewall que esperaban a sus amigos todavía adentro o para ver qué iba a pasar…saludos se hacían mientras los favoritos salían de la puerta, posaban y les decía a los detectives, “Hola, muchacho.”

Pero cuando llegaron los furgones, el ambiente se cambió. Los mirones enojados comenzaron a tirarles monedas a la policía y de ahí comenzaron a tirar botellas, piedras y tarros de basur. Una revuelta empezó a estallar.

Más tarde esa noche las fuerzas especiales llegaron y una persecución que duró la noche  entre manifestantes gays y la policía se dio. Esperando dispersar fácilmente al gentío de gente que la sociedad tildaba de “maricones y “maricas” y estereotipadamente vistos como débiles, la policía se sorprendió mucho al ver a los manifestantes luchar contra ellos. La activista trans, Sylvia Rivera fue parte de la revuelta de la noche de viernes, lo cual ella describiría como un punto de cambio en su vida. Cuando un amigo intentó convencerla de irse, dijo, ¿“Estás loco? ¡No voy a perderme ni un minuto de esto – es la revolución!”

 

Lo que vino después de Stonewall

Stonewall marcó una ruptura aguda con el pasado y un punto de cambio cualitativo en el movimiento gay, no solamente por las revueltas continuas en las calles contra la policía, sino porque los activistas eran pudieron agarrar el momento y dar una expresión organizada a la revuelta espontánea que demostraba la militancia de la época. Mientras el movimiento homófilo lograba seguro, pero limitado progreso en los 50s y 60s y estableció la base para un movimiento de liberación gay, Stonewall rompió el muro de un aislamiento político y social y catapultó al movimiento gay de la marginalidad al público.

Los activistas no perdieron ni un minuto. Antes de que las revueltas terminasen, los militantes homosexuales Charles Pitts y Bill Katzenberg crearon un volante y lo repartieron a miles de residentes de la Villa. Decía “¿Cree que los homosexuales se están levantando? ¡Apuesta su culo que sí!” y describía las Revueltas de Stonewall como “el alfiler caído que se escuchó por todo el mundo.”

Michael Brown, un socialista gay involucrado en la Nueva Izquierda y estaba en Stonewall y ayudó a Pitts y Katzenberg distribuir los volantes, se contactó con la Sociedad Mattachine después de la primera noche de la revuelta con la esperanza de llamar a una reunión organizativa  para el movimiento nuevo.

La propuesta de Brown no fue bien vista por todos de Mattachine. Los activistas más viejos como Dick Leitsch eran críticos del levantamiento y no querían interrumpir la relación del grupo con el establishment político. Después de hablar con el alcalde, algunos miembros de Mattachine llegaron a colocar un letrero en Stonewall que decía

“Nosotros los homosexuales suplicamos con nuestra gente a ayudar a mantener el comportamiento pacífico y tranquilo en las calles de la Villa.”

Pero militantes más jóvenes como Jack O’Brien, un activista anti-guerra y ex-militante del Partido Trabajador Socialista, estaban estáticos. Después de debatir con Mattachine, llegaron a un acuerdo para formar un Comité de Acción para llamar a una reunión abierta de organización.

Brown hizo el volante con el titular “GAY POWER” [Poder Gay] que llamaba a la Reunión de Liberación Homosexual y concluía que “nadie está libre hasta que todos estemos libres.” La primera reunión se hizo dos semanas después de las revueltas y llegaron 40 personas.

Fue aquí donde los activistas escogieron el nombre de Frente de Liberación Gay (FLG), basado en el Frente de Liberación Nacional de Vietnam, el movimiento comunista de guerrilleros que luchaban contra los Estados Unidos.

 

El FLG, sin embargo, era todavía un comité bajo Mattachine. Después de un par de reuniones organizativas, una marcha de conmemoración de un mes de Stonewall (la primera protesta por los derechos de los gays en la ciudad) y un debate político agudo, las diferencias entre los militantes gays y los viejos activistas homófilos llegó a un final. El grupo se dividió y los militantes establecieron el FLG como una organización independiente.

 

Mirando hacia atrás, un militante famoso, Jim Fourrat, resumió las tensiones de la siguiente manera: “Queríamos acabar con el movimiento homófilo. Queríamos que se unieran a nosotros para hacer una revolución gay. Éramos una pesadilla para ellos. Estaban comprometidos a ser simpáticos, aceptables, norteamericanos del status quo y nosotros no: no teníamos interés en ser aceptables.”

En una declaración para un periódico radical llamado, The Rat, FLG, definió su misión:

“Somos un grupo revolucionario de hombres y mujeres homosexuales formados por la idea que la liberación sexual completa para todos y todas no puede llegar a menos que las instituciones sociales existentes se hayan abolido. Rechazamos el intento de la sociedad de imponer roles sexuales y definiciones de nuestra naturaleza, Babylon nos ha obligado a comprometernos con una sola cosa….la revolución.”

Cuando se les preguntó qué les hacía revolucionarios, respondieron: “Nos identificamos con todos los oprimidos: la lucha vietnamita, el tercer mundo, los negros, los trabajadores…todos aquellos oprimidos por esta conspiración capitalista jodida, sucia, vil y podrida.”


El FLG se puso a trabajar. En una de las primeras protestas que el FLG organizó fue en las oficinas del Village Voice, exigiendo que el diario deje de utilizar los términos, “tortillera y maricón” y empezaran a referirse a los homosexuales como “gays y lesbianas”. Ganaron.


Las secciones de FLG empezaron a difundirse por el país, organizando bailes para recaudar fondos y crear espacios para que las personas gays se conocieran fuera de los bares controlados por la mafia. En octubre 1969, el FLG creó su propio periódico, Come Out! [Sal del Armario], lo cual se volvió una manera clave para difundir sus ideas y la información sobre el movimiento. Gay Power y Gay también se estrenaron ese año y se vendieron más de 25 mil copias por ejemplar.

 

El FLG organizaba protestas y acciones directas para presionar a los políticos a apoyar a los derechos de los gays y establecer programas de servicios comunitarios para proveer comida y servicios sociales a la juventud LGBTQ en situación de calle. Los miembros de FLG tomaron su formación política en serio y buscaron desarrollar un análisis de la opresión gay. Arthur Evens, un activista estudiantil quien estaba involucrado en el movimiento de liberación gay, formó el Grupo de Estudio Radical dentro del FLG. El primer libro que estudiaron y discutieron fue “Orígenes de la familia, la propiedad privada y el Estado” por Frederick Engels.

 

Desde el principio los miembros del FLG debatían si el grupo debía enfocarse exclusivamente en los temas gays o conectarse a otras luchas de la izquierda. Este debate causó una división, con algunos militantes una organización enfocada solamente en temas gays que se llamaba Alianza de Activistas Gays (AAG), la cual se definía como un grupo “exclusivamente dedicado a la liberación de los homosexuales y a evitar involucramiento en otro programa de acción no obviamente relevante para homosexuales.”

 

La AAG empezó a organizar protestas públicas referidas como “zaps.” Interrumpían reuniones del alcalde y los concejales en un intento de presionarlos para acabar con la discriminación laboral y hostigamiento policial contra los gays y las lesbianas.



Esta declaración de Arthur Evans, un miembro famoso de AAG, resume la estrategia del grupo y contrasta a la estrategia de “no molestar” utilizada por las organizaciones LGBTQ de hoy. Evans dice

“Hemos decidido que a la gente del otro lado de la estructura del poder les iba a pasar lo mismo. El muro que construyeron para protegerse de las consecuencias personales de sus decisiones políticas se iban a derrumbar. . . eso significaba un efecto que iba a interrumpir la vida personal del alcalde . . .como resultado de las consecuencias políticas de su administración.”

El FLG y la AAG colaboraban en muchos proyectos incluso la primera marcha anual para conmemorar la Revuelta de Stonewall, que tenía lugar en la ciudad de Nueva York y atraía a miles de personas. La marcha comenzaba a expandir a otras ciudades del país y involucró a más de 500 mil personas.

Este pasaje de Stonewall de Martin Duberman, demuestra el sentimiento que tenían los organizadores después de su logro histórico:

“Se demoró un poco más de una hora para llegar al Parque Centro. Foster, de 45 años y obeso, llegó tropezando, jadeando pero emocionado. Craig estaba tan emocionado que no podía dejar de sonreír – por el tamaño de la muchedumbre, el buen sentimiento y la valentía por todos lados manifestado. Karla, de LA, gritó al cruzar la línea final, la espalda adolorida. Sylvia llegó gritando. Yvonne, tenía lágrimas corriendo por las mejillas, Jim también, vio a toda la gente por 15 cuadras y dijo “Yo vi lo que habíamos hecho. Fue inolvidable. Ahí estábamos en toda nuestra diversidad.”

 

Otro logro significativo del movimiento de liberación gay fue la protesta organizada por FLG y AAG contra la designación de la homosexualidad como enfermedad mental hecha por la Asociación de Psiquiatras de los Estados Unidos. Militantes gays interrumpían la convención anual de la asociación y entraban a la fuerza en el panel, donde discutían el daño de las terapias psiquiátricas que les hacía a los gays y las lesbianas. Hasta un psiquiatra gay suplicaba que se cambiara la política de la asociación, pero tuvo que esconderse en una máscara y disfrazar su voz.

En 1973, la junta directiva del grupo tuvo que ceder bajo presión y sacó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, y 5 años después en una convención de psiquiatras gays se formó. Como dijo Sherry Wolf, “nunca más un psiquiatra gay tendrá que esconderse de sus colegas detrás una máscara.”

Un tema que todos los de la liberación gay compartían era el énfasis en salir públicamente del armario. Aunque conllevaba muchos riegos, era una experiencia catártica que se deshacía la vergüenza y humillación asociada a vivir una vida en el armario y les daba a las personas un mejor autoestima y orgullo.

Era también como dice el historiador gay, John D’Emilio “proveer a los militantes de la liberación gay un ejército de alistadores permanentes.” Al salir del armario, el movimiento ganaba gente que se invertía personalmente en el futuro de la lucha y servía como polo de atracción para capas amplias de gente y nuevas reclutas. Como gays y lesbianas salían del armario para sus amigos, familiares y colegas, convertía a la homosexualidad como algo normal del tejido social.

Salir del armario, junto al debilitamiento de la represión policial, permitía a la comunidad LGBTQ y subcultura florecer y expandirse de una manera nunca vista antes. Estos desarrollos ayudaban a darle movimiento ventaja en luchar por cambio social en las décadas venideras.

Sin embargo, como todos los movimientos la liberación gay que tenían contradicciones políticas y problemas internos. Aunque las personas trans jugaban un rol importante en las revueltas y el movimiento lo proseguía, el trato en el movimiento era mixto; desde apoyo hasta hostilidad.

Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson, militantes en la AAG y FLG, se volvieron las militantes trans más famosas. Formaron una organización (que duró poco tiempo) dedicada específicamente a proveer servicios y personas trans y juventud en situación de calle – Acción Revolucionaria Callejera de Travestis (ARCT). Aunque eran rechazadas y ocasionalmente bienvenidas, daban cara y se negaban a irse.  

 

Como lo describía Rivera, nunca iba a dejar que nadie le impidiera luchar por su propia causa. Aunque les llegaban los insultos y abucheos, trabajaba para convencer a sus camaradas gays que compartían intereses con las personas trans y la juventud en situación de calle que eran brutalizados por la misma policía rechazados por la misma sociedad como gays y lesbianas. Aunque las personas trans encontraron apoyo de un número significante de militantes del movimiento gay, se demoraría 20 años antes que las organizaciones gays oficialmente tomaran la causa de las trans.

 

El FLG atraía a muchos radicales de la extrema izquierda quienes llevaban sus propias visiones respecto al tema gay. Estos variaban desde la idea de que la homosexualidad era una desviación burguesa hasta conceptos libertarios. El maoísmo era una influencia de izquierda que dominaba en el FLG. El maoísmo era una corriente con muchas organizaciones que formalmente prohibían la membresía a los gays en la época. Sin embargo, la estrategia libertaria civil para la cuestión de la sexualidad fue tomada por trotskistas y socialistas democráticos que les llevaban a estar en solidaridad con el movimiento y evolucionar políticamente en estos temas.

 

Algo que complicaba aún más esta dinámica era el hecho de que algunos países que algunos socialistas apoyaban sin criticar – China, Cuba y la Unión Soviética se oponían a la homosexualidad y criminalizaban a las personas LGBTQ.

 

Los maoístas afirmaban que los más oprimidos de una sociedad tenían que dirigir todas las luchas, lo cual significaba en el contexto estadounidense los afroamericanos. Esto llegó a muchos debates difíciles como el apoyo de FLG a las Panteras Negras en finanzas aunque varios militantes prominentes tenía posiciones anti-gay. Fue un gran paso cuando Huey P. Newton apoyó públicamente a los derechos de los gays y llamó a la solidaridad entre los movimientos de liberación negra y gay. Fue la primera figura famosa de la Nueva Izquierda en hacerlo.

Al FLG le faltaba una estructura formal y liderazgo electo, operaban usando un proceso de toma de decisiones de consensos. Esto conllevaba reuniones largas en las cuales el asesinato de carácter y moralismos tenían lugar en vez de debates y discusiones verdaderamente políticos. Decisiones que tenían que ser votadas en una semana podrían ser reabiertas en la reunión siguiente, limitando la habilidad del grupo de seguir adelante. Muchos militantes se fueron frustrados.

A pesar de estas limitaciones, en el contexto de agitación política, social y económica de los sesenta y setenta, muchos miembros de la comunidad LGBTQ sacaban conclusiones radicales de la sociedad y se atraían por las luchas y liberación políticas. Pero a medida que los movimientos sociales empezaban a decaer, la liberación gay decaían también. Como Sherry Wolff explica en Sexualidad y Socialismo:

“Muchos grupos no duraban en la ausencia de luchas sociales continuas, una meta unificadora y madurez política para resolver desacuerdos en tácticas y descuerados en principios. Una extrema izquierda fraccionada, grupos revolucionarios que defendían Estados pseudosocialistas y homofóbicos en el extranjero no gaban liderazgo. Algunos gays y lesbianas se fueron por lados distintos – hacia el separatismo, hacia el rechazo a la revolución o hacia los partidos políticos burgueses.”

El progreso a través de la lucha

¿Qué deberían los activistas hacer con esta historia?

El primer punto es simple, pero es lo más importante: todo el progreso que ha logrado la comunidad LGBTQ ha sido por medio de la lucha. Los políticos nunca han sido la fuerza motriz del cambio social, siempre ha sido una lucha colectiva por gente común y corriente desde abajo que ha hecho historia.


Segundo, cuando la gente se organiza y lucha por lo que realmente quieren, no por lo que el establishment político les diga qué es realista, podrán vencer. Tercero, el poder está en nuestra masividad. Lo que distinguió a la liberación gay del movimiento homófilo y lo que le permitió ganar reformas importantes que habían sido inimaginables hacía una década antes, fue su carácter masivo.

Cuarto, la lucha es contagiosa. Stonewall fue un resultado directo de la radicalización de la militancia de los 60s. Como un segmento de la sociedad empezaba a romper sus cadenas y desafiar el status quo, otros se inspiraban y empezaban a moverse. Los radicales de los 60s nunc vieron esto como un acto de “apropiación” sino como central para que la gente rechazase las ideas de la clase dominante y se involucrase políticamente.

Quinto, la solidaridad es clave. Lo que hizo la Revuelta de Stonewall tan poderosa fue el hecho de que atrajera a queers pobres y de clase trabajadora de todas las razas y géneros.

Mientras había diferencias obvias entre la gente LGBTQ, lo que le daba una base para unirse y luchar fue una experiencia compartida de opresión a manos de un enemigo en común.

 

Finalmente, la organización y la espontaneidad no son mutuamente exclusivas – son dos aspectos de un mismo proceso y existen en una relación dialéctica. Las revueltas espontáneas como la Revuelta de Stonewall son inevitables bajo un sistema donde se les golpea a la gente y se le oprime. Eventualmente décadas de pasividad y conservadurismo se rompen y la gente se transforma cuando se involucran en los cambios. Empiezan a deshacerse de las ideas viejas, cambiándose a sí mismos y el mundo en su entorno de maneras impensables anteriormente.

Los estallidos son mejor entendidos no como fines sino como puntos de inicio de un proceso en el cual las masas de gente se vuelve políticamente conscientes y empiezan a reconocer su poder colectivo. El trayecto de estas luchas no es lineal. Nada de la historia es automática. Los movimientos enfrentan cuestiones políticas de cómo seguir adelante, hay debates sobre las ideas y las fuerzas políticas organizadas juegan un rol crítico en determinar qué dirección tomar.


Mientras desde una distancia puede parecer que la historia del movimiento LGBTQ ha sido sencillamente largos periodos de tranquilidad interrumpidos por estallidos de actividad, una mirada más cercana revela que entre esos puntos altos hay actividad constante de los militantes como aquellos del movimiento homófilo, ganan y pierden luchas pequeñas, construyen redes y gradualmente empiezan a acumular cuadras con años de experiencia política y entrenamiento que dejan trabajo preliminar para revueltas futuras.

 

Algunos de estas organizaciones y luchadores se levantarán, tomarán el momento y jugarán roles importantes en canalizar las luchas espontáneas en canales organizados que pueden tomar la lucha para adelante, como lo hicieron los mejores militantes de Mattachine y la Nueva Izquierda. Otros como los viejos guardias de Mattachine, serán incapaces de cambiar al terreno nuevo y son barridos para un lado por la historia.

Finalmente, es importante entender por qué el FLG nunca logró sus aspiraciones revolucionarias. Los revolucionarios de los 60 incluso los militantes de FLG, miraron a los movimientos anticoloniales de guerrillas que tuvieron éxito en el tercer mundo como un modelo para el cambio revolucionario. Los militantes miraron a grupos pequeños de los más oprimidos y marginados para luchar en nombre de las masas en vez de la propia actividad de la clase trabajadora (quienes veían como comprados y complacientes)

La ultra izquierda y el sectarismo se volvieron características de la izquierda maoísta, incluso el FLG. Llamados a revolución parecían de militantes pero eran slogans vacíos sin las fuerzas sociales de la clase trabajadora que los apoyase. Por dejar de lado a la misma clase con el poder de transformar a la sociedad, los radicales se pusieron para caer en el aislamiento eventual.

Stonewall y el movimiento de liberación gay no pudieron ganar un mundo libre de regulación sexual y restricciones sociales. Pero los militantes sí cambiar la historia, transformaron las condiciones sociales para la gente LGBTQ y dieron inicio al movimiento LGBTQ moderno.

En hacerlo, dieron a las futuras generaciones radicales y revolucionarios con lecciones críticas para los desafíos que enfrentamos hoy.