El conflicto de la Tierra es asunto del futuro

Por Jazmín Coronel Bejarano

El conflicto de la tenencia de tierra en Paraguay no es un caso aislado en el continente. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), América Latina es el continente más desigual en cuanto a la proporción en la tenencia de tierras. Sin embargo, este país con una marcada desigualdad social puede ser expuesto como máximo ejemplo:

Un informe del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP) destaca que Paraguay claramente es el país con mayor desigualdad en cuanto a tenencia de tierra en el Mercosur. La institución reportó que en el país se observa la mayor desigualdad y que pese a que la Agricultura Familiar Campesina representa el 91,4% del total de las explotaciones agropecuarias, solo concentra el 6,3% de la superficie total.

Cómo se llega a esta situación

Si bien existen los antecedentes de la colonización, como el régimen de encomiendas donde los españoles se auto asignaban enormes extensiones de tierras, esta realidad lacerante se concreta con el gobierno del fundador del partido más tradicional de Paraguay: Bernardino Caballero.

Sin disimulo, luego de la guerra de la Triple Alianza (una guerra contra Brasil, Argentina, Uruguay y con complicidad de Inglaterra, que dejó al país en la llanura), el General Bernardino Caballero dispuso la “Ley de Ventas Públicas”, rematando a extranjeros las tierras paraguayas.

Mediante esta ley, se conformaron grandes latifundios, como el de la empresa Carlos Casado, que incluso lleva el nombre de una ciudad, por su tamaño. Esos latifundios marcaron grandes conflictos de la historia paraguaya, incluso uno de los últimos años, como el que desembocó en el golpe a Fernando Lugo (Caso Curuguaty).

El polémico modelo “agroexportador”

El problema en que estas tierras se encuentren en manos privadas es básicamente el permanente en todo negocio empresarial: Los propietarios se enfocan únicamente en el lucro, olvidándose de los derechos humanos básicos de otros seres humanos a los que afectan directamente.

Hoy en día, las plantaciones de soja van en aumento. No solo avanzan con kilométricas deforestaciones, si no que la expansión de estos cultivos de soja han traído también el uso indiscriminado de agrotóxicos, provocando muertes y enfermedades de niños y adultos, contaminación del agua, desaparición de ecosistemas y afectación a los recursos tradicionales alimenticios de las comunidades.

¿Qué otras alternativas tienen las familias pequeño productoras entonces?

Sumado a la corrupción institucional del órgano que debería en realidad reestructurar las terribles consecuencias que han dejado un pasado de guerras, existe este impacto del agronegocio, que termina en una máquina potente de generación de pobreza.

La forma en que se traduce esto son las inmigraciones de los campesinos a la ciudad, en donde son discriminados y excluidos. Se conforma la reducción de los empleos y, con ello, la precarización de los mismos. El confinar a seres humanos de sus derechos está más que demostrado que genera un círculo de violencia estructural.

Se configura de este modo un esquema que en vez de reducir las grandes brechas de desigualdad existentes en la sociedad paraguaya, las amplía. El pensar en la redistribución de la tierra y seguir exigiéndola como consigna no es una cuestión obsoleta, es más que necesaria en nuestro presente y futuro