Conflicto de la salud en Chile: Perspectiva de una lucha necesaria

Por Catalina Fuentes

No es secreto ninguno que el sistema de salud chileno está en crisis, listas de espera interminables, falta de camas, concesiones de hospitales públicos, entre otras cosas. Sin embargo, queda pendiente el qué hacer de la izquierda chilena ante la la crisis de la salud. 

Al menos durante los últimos diez años, han surgido en el área de la salud, una serie de problemáticas con distintos grados de gravedad y que se corresponden con diferentes partes de la estructura del sistema de salud chileno. Uno de los más preocupantes y que ha afectado a una gran porción de la sociedad, son las listas de espera, lo cual se refleja en la importancia que le ha dado la prensa a la temática, como su relevancia en las promesas de campaña y eslóganes políticos. A diario, un número altísimo de personas, muere a la espera de una atención, así como un número exponencialmente mayor debe esperar tiempos extralimitados por atenciones que muchas veces no llegan. Por otra parte la atención se ha focalizado en temas como la implementación del aborto en tres causales, la cual no ha estado exenta de problemas y se ha convertido principalmente, en un conflicto de salud pública. ¿Por qué? Principalmente porque no existe una preparación de los profesionales y ni de los establecimientos que prestan atención de salud para el tratamiento de éstos casos. Y así suma y sigue, nos encontramos con problemas entre gremios dentro de la salud y otros de carácter pandémico como lo es el VIH.  

 

Sin embargo, la salud en Chile es un problema, no por el surgimiento coyuntural de estas situaciones por separado, sino que todas en su conjunto. Esto, para quienes nos paramos desde esta vereda de la realidad, es algo lógico, ya que todos los problemas siempre responden a uno mayor, no obstante, nos han hecho creer que cada uno de los conflictos planteados anteriormente tienen solución por sí solo.  

 

Es así como las problemáticas que coyunturalmente han aparecido este último tiempo respecto al sistema de salud, no logran reflejar en su totalidad el problema estructural que éste tiene. Mucho menos consigue llevar esta problemática a la opinión pública, salvo casos contados con los dedos de una mano -como la ley Ricarte Soto-. Esto se da, principalmente debido a la demanda que ejerce el “usuario/paciente” para con el sistema de salud. El Estado y su carácter empresarial es inteligente y bajo una lógica de mercado prefiere pasar sus prestaciones al área privada de la salud y matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, sigue engrosando los bolsillos de los empresarios en su lógica privatizadora, pero por otro, cumple con una condición importante para sus “clientes”, el mejorar los tiempos de espera, tener una atención mejor y presentar una lógica neoliberalizada del tratamiento de las persona, cuestión que acomoda tanto a usuario/paciente como al trabajador y profesional del área de la salud. 

 

La discusión da para mucho, se puede evidenciar el fortalecimiento de la salud privada por sobre la pública con muchísimos ejemplos como estos, que abarcan desde la distribución de las prestaciones, hasta el bajo aporte e interés existente en la atención primaria.  

 

Lo preocupante, es que pese a toda la evidencia, para la izquierda chilena, tanto institucional como no, al parecer, esto no ha constituido una problemática crucial para las reivindicaciones que debiera levantar el pueblo. Salvo espacios que están en construcción, como lo es el Movimiento Salud Para Todos/as y otros colectivos locales en algunas poblaciones, las organizaciones de izquierda no han sido capaces de visualizar el problema de la salud pública y del sistema en su conjunto y mucho menos proponer soluciones y dar respuesta tanto al personal de salud como al usuario/a o paciente. Es por esto, que tenemos que comenzar a pensar en una nueva lógica de la salud, una que nos permita abordar desde la organización comunitaria y la prevención de la enfermedad por sobre el tratamiento, aunque sepamos que quizás el problema de la salud, al menos en nuestro país, responda a una agudización mayor de las contradicciones del modelo y que los cambios profundos y estructurales del sistema de salud, se den a la par con los cambios estructurales del sistema capitalista.