Coincidencias coloniales y caridad capitalista en Puerto Rico

Por Héctor Luis Álamo. Traducción por Benjamín Alaluf.

“Y ahí viene otra bandada de buitres.”

Ese fue el comentario hecho por el escritor y ganador del Premio Pulitzer, Junot Díaz, en su página de Facebook en una publicación donde había compartido el reportaje sobre el contrato de $300 millones que la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico le otorgó a una pequeña empresa de dos años de Whitefish, Montana que cuenta con solamente dos empleados a tiempo completo. Su comentario resume todo el trama, pero déjenme decir algo.

Resulta que Whitefish es la ciudad natal de Ryan Zinke, secretario del Interior, que está encargado de velar la tierra federal, incluso los territorios coloniales. Eso incluye tanto a Puerto Rico como otros territorios – Samoa, Guam, las Islas Vírgenes, las Islas Marianas del Norte, los cuales son colonias de los Estados Unidos en todo salvo por nombre. El secretario Zinke y el dueño de Energía Whitefish, Andy Techmanski, ambos afirman que habían hablado ni coordinado juntos antes que la empresa llegase a Puerto Rico después que el Huracán María azotara la isla el 20 de septiembre. Sólo resulta que el hijo del secretario trabajó para la empresa este verano pasado.

El secretario Zinke y el señor Techmanski quieren que veamos todo esto como una mera coincidencia. Dejo al lector/a decidir qué es coincidencia y qué es conspiración.

Se está poniendo de moda citar las ideas planteadas en La doctrina de Shock, el libro escrito por la escritora canadiense y activista, Naomi Klein, donde explica cómo el capitalismo se aprovecha de los desastres naturales para imponerse en las zonas afectadas. Pero el libro de Klein no reveló nada nuevo para el pueblo de América Latina, quienes han experimentado de primera mano la doble jugada de los esfuerzos de “rescate” y “reconstrucción” del imperialismo estadounidense hace por lo menos un siglo.

Puerto Rico tuvo su primer bocado de la doctrina del shock sólo un año después de que las tropas norteamericanas invadieran la isla. Cuando el Huracán San Ciriaco, el más mortal en la historia puertorriqueña, azotó la isla en agosto 1899, matando alrededor de 3.400 personas, el gobierno militar estadounidense de “Porto Rico” no hizo nada.

En vez de ayudar, devaluó el peso puertorriqueño por un 40% y empezó a emitir el equivalente puertorriqueño del dólar norteamericano. Con sus cosechas y tierras destruidas por el huracán, y después devaluadas por la ocupación norteamericana, los campesinos puertorriqueños fueron obligados a sacar préstamos al Banco Colonial Americano y el Banco National Riggs, quienes cobraban intereses tan altos que los campesinos eventualmente incumplieron con las deudas y los bancos les quitaron las tierras.

Como dije, los puertorriqueños han aprendido de manera dura qué tipo de “rescate” pueden esperar de su dueño colonial.

“Para Puerto Rico en Estados Unidos no hay ni caridad,” dijo Pedro Albizu Campos [dirigente del Partido Nacionalista de Puerto Rico] en una entrevista dos años posterior al Huracán San Felipe II en 1928:

Puede asegurarse que el gobierno de los Estados Unidos no hará nada por aminorar la carga económica que gravita sobre el país. En realidad, se alegra de ello porque eso acelera el plan de desplazamiento para dejarnos en el aire en nuestra propia tierra. Norteamericanos sagaces ven claro que el huracán que arruinó a todo el país, acelera la penetración económica de Estados Unidos en Puerto Rico…

Los invasores pueden después del huracán, adquirir bienes públicos, tanto tierras como empresas valiosas a precios ridículos comparado con su verdadero valor. Preparémonos para ver la desaparición de gran número de los pocos intereses, negocios, comercios puertorriqueños que nos quedan, riquezas que forzosamente irán a pasar a intereses norteamericanos…

Este desplazamiento ha podido evitarlo la nación que retuvo en sus manos todos los poderes. Los puertorriqueños no podrán reivindicar su riqueza pública dentro del régimen actual, a menos que estén dispuestos a colocarse en una posición de abierta rebeldía contra ese régimen.

Otro resumen aún más apasionado sobre la crisis colonial en Puerto Rico. ¿Es necesario decir más?