El Circo Electoral de la casta política

Se nos viene encima una vez más un proceso de elección de autoridades del Estado. Este año municipales, el próximo parlamentarias y luego presidencial. Ya comienzan los llamados a participar, desde quienes creen que votar es la única forma posible de democracia, y de quienes no creen posible otro tipo de lucha popular, independiente del Estado y sus partidos. Dirán que si no votamos no tenemos derecho a criticar, que no hay que dividir las fuerzas populares ni “hacerle el juego a la derecha”. 

Es el momento para que los revolucionarios y los luchadores sociales independientes dejemos en claro nuestra posición ante las elecciones. No es primera vez que lo decimos: Las elecciones, como las huelgas y otras formas de lucha, son parte del arsenal de conquistas con heroicos esfuerzos y sacrificios. No han sido concedidas por nadie, si fuera por los poderosos, aún seríamos esclavos. Nosotros decidimos cuándo y cómo usarlas, de acuerdo a las condiciones concretas de las luchas. No aceptamos imposiciones de una burguesía hipócrita y corrupta.

Los revolucionarios, los luchadores sociales, construimos nuestros conocimientos y organizamos nuestras acciones a partir de una rigurosa lectura de la realidad, de las fuerzas sociales que actúan en ella, de los objetivos que nos guían. Por eso, nuestra posición ante las elecciones se relaciona estrechamente con el período de la lucha política de clases que se lleva a cabo, con los niveles de organización que han alcanzado las fuerzas populares, con el aporte que cada lucha hace para cambiar la correlación de fuerzas políticas en la sociedad. 

Durante el período dictatorial, los espacios políticos estaban totalmente cerrados, no había elecciones, ningún mecanismo democrático de participación, y por eso eran legítimas todas las formas de lucha para exigir los derechos del pueblo. Con la Concertación llega un nuevo período, de democracia limitada: cada tanto se podía ir a votar, pero los candidatos eran y son elegidos al interior del cerrado círculo de los nuevos regentes del Estado. El pueblo confió en ellos, votó una y otra vez, pero poco y nada cambió.

Más de veinte años nos tuvieron engañados y divididos. Hasta que los brotes más nuevos, las voces más frescas del pueblo, los estudiantes ninguneados y traicionados, salieron a la calle a decir que el pueblo se había cansado de esperar. 

La oleada de movilizaciones que desde 2011 toma un ritmo creciente y sostenido, sumando estudiantes, trabajadores y diversas comunidades, se abre un nuevo período para la lucha del pueblo. Se desnuda la crueldad y la codicia del sistema y sus beneficiarios.

Los poderosos respaldan a Bachelet, que ofrece toda clase de reformas para frenar el naciente ciclo de movilizaciones populares. Pero no logran hacer votar ni a la mitad de los electores; la mayoría del país se sabe excluido y rechaza el circo. 

Las instituciones del Estado han perdido todo prestigio y legitimidad. Hoy está claro que están corrompidas, en manos de quien pague el mejor candidato. Tanto la presidencia y sus negocios familiares, como las camarillas del parlamento. En los municipios los alcaldes, representan verdaderas mafias locales, la mayor parte de los concejales son cómplices, poco podría hacer un candidato honesto, de ser elegido.

Por otro lado, el pueblo chileno ya no es tan legalista como antes, ha perdido la confianza en el Estado y sus representantes. Ya no quedan ilusiones, cada vez son más los sectores que comprenden que nada pueden esperar de una institucionalidad corrupta, que la movilización directa para exigir sus derechos es el único camino que queda: la lucha popular hasta derribar este Estado injusto, violento y antidemocrático, para abrir camino a una sociedad de trabajadores y de pueblo organizado.

Es nuestra tarea organizar y movilizar esa mayoría descontenta, para que tome en sus propias manos la lucha por sus derechos.

Por Reinaldo Vives