Chile ante una nueva batalla electoral

Por Lídice Valenzuela, Cubahora

Sebastián Piñera, un político burgués salido de las filas del empresariado, ya se considera ganador de las elecciones presidenciales de este domingo debido, entre otras razones, a la decepción de una mayoría de los chilenos respecto a la gobernante Nueva Mayoría, de Michelle Bachelet.

La opinión de analistas de diferentes ideologías coinciden en que Piñera tiene las de ganar, como él proclama, pues aunque hay otros siete contendientes, la mayoría de los programas que proponen a futuro son muy parecidos e incapaces de movilizar la base electoral que sufraga de manera voluntaria.

Ese día también se elegirán 23 senadores de los 50 que componen la Cámara Alta, 155 diputados, y 278 consejeros regionales, indicó el Servicio Electoral de Chile.

En esta época de comicios, los fortísimos medios comunicacionales de derecha dedican grandes espacios a ensalzar las proyecciones económicas y sociales del candidato conservador, nacido en 1949 como Miguel Juan Sebastián Piñera, y reconocido como el hombre más rico de Chile, con una fortuna personal de más de dos mil millones de dólares.

Los chilenos conocen a este candidato que ocupó la presidencia entre 2010 y 2014 sustituyendo también a Bachelet y lo identifican como un empresario audaz, que no cambiará el paisaje político del país si gana los comicios, pero tampoco lo hizo la izquierda representada por su antecesora.

Alguna prensa alternativa le llamó a este proceso “la sillita”: una vez se sienta Piñera y otra Bachelet, quien a pesar de su prestigio pasó sin muchas glorias por el Palacio de la Moneda en dos ocasiones.

La coalición Nueva Mayoría, que la condujo de nuevo a la Primera Magistratura en 2014, le ha puesto al conservador financista la presidencia en bandeja de plata, pues en cuatro años de gobierno no adoptó medidas que removieran las leyes de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), cuando lo que se imponía entonces era la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), como ha ocurrido en otras naciones suramericanas, porque es la herramienta más poderosa que tendría la izquierda para reestructurar un país donde aún se mantiene el pinochetismo en algunas esferas.

Bachelet y su equipo no profundizaron en los problemas que existen en la sociedad y solo trabajaron en una democracia posible. No se expusieron ni salieron de una etapa transicional entre la dictadura y un nuevo país.

Muchos critican que Nueva Mayoría perdió su oportunidad histórica mientras una población cada vez más defraudada por la clase política, incluso, se alejó de las movilizaciones callejeras que realizaban durante el mandato de Piñera, en espera quizás de una reacción de la siempre dividida izquierda chilena.

En la segunda semana de este mes, un 35 % de los chilenos aprobaba la gestión de la presidenta saliente, mientras un 56 % la desaprobaba, según la encuesta número 200 de Plaza Pública Cadem.

¿QUIÉNES SON LOS OTROS CONTENDIENTES?

Las elecciones primarias abiertas para definir los candidatos presidenciales, convocadas por Chile Vamos y la coalición independiente de izquierda Frente Amplio, ya que la coalición gobernante no tomó parte, se efectuaron el pasado 2 de julio, en medio de la absoluta indiferencia de la población.

Los políticos, en general, consideraron que el alto abstencionismo de ese día  —solo votó apenas un 12 % de los votantes— se debió a que la ciudadanía prefirió quedarse en casa disfrutando del partido de fútbol donde Chile disputaba con Alemania la final de la Copa Confederaciones, un acto sagrado para los millones de hinchas adoradores del juego del balón.

No es verdad. Analistas políticos recordaban que tradicionalmente, y ante las poco atractivas opciones de los candidatos, el pueblo decide no participar en las primarias.

Tal actitud no es fortuita. La abstención, que se espera sea alta el próximo domingo, es el telón de fondo de la crisis institucional, política y social que vive Chile desde los años 90, lo que causa un sentimiento de frustración en el pueblo que esperaba un cambio democrático con justicia social después del terrorismo de Estado.

Aunque la democracia representativa, el Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos configuran ahora una situación muy diferente a la dictadura que Chile sufrió hace 17 años, la alegría que rodeó el retorno de la presidente —su primer mandato ocurrió entre 2006 y 2010— se tornó una pérdida de esperanza.

Bachelet y su equipo mantuvieron la misma línea política de su antecesor, y solo trabajaron en problemas cosméticos, de la manera que le fuera posible, sin afectar intereses empresariales.

El viejo mal de la desunión de los mayores grupos de centroizquierda favorece cada vez más a Piñera, quien no pierde oportunidad de criticar a la presidente saliente y a sus contrincantes del domingo 19.

El aspirante a la reelección presenta un programa de cuatro ejes principales: libertad, justicia, progreso y solidaridad; además de poner énfasis en un plan nacional de excelencia escolar, modificación del sistema de pensiones de la clase media, propiciar el crecimiento económico y aumentar el número de empleos.

Los otros postulados son de una mujer sin gran experiencia política, la periodista Beatriz Sánchez, de 46 años, candidata de la coalición centroizquierdista Frente Amplio (FA), que propone una nueva Constitución mediante una ANC y un estado plurinacional.

Derechista, apoyado por Nueva Mayoría, Alejandro Guillier tiene también cuatro puntos clave en su programa: solidaridad en apoyo a la pobreza, ahorro colectivo solidario, capitalización individual y aporte previsional voluntario.

José Antonio Kast, diputado de extrema derecha, se presenta como independiente apoyado por Unidos por la Fe. Su discurso electoral es conservador, contrario al aborto y al matrimonio igualitario.

Carolina Goic, del Partido Democrático Cristiano, perfila su candidatura sobre los fondos de pensiones, los adultos mayores y la salud pública.

Eduardo Artés Brichetti, del Partido Comunista de Acción Proletaria, constituido tras la refundación de Unión Patriótica, es un educador, considerado el único candidato de izquierda en los comicios, propone lograr una ANC, una nueva Constitución, renacionalización de todos los recursos naturales y escalafón único de las Fuerzas Armadas.

Marco Enríquez-Ominami es líder y fundador del Partido Progresista. Se presenta por tercera vez como aspirante a la presidencia. Según su programa, debe celebrarse un plebiscito para que la ciudadanía defina el mecanismo adecuado para cambiar la Carta Magna, educación gratuita y de calidad, un plan de inversión pública-privada de cerca de 6000 000 000 de dólares, entre otros puntos.

El senador Alejandro Navarro se postuló por el Partido País, que fundó en 2016. Pretende la creación de varios ministerios, entre ellos el del Adulto Mayor. Al oficializar su candidatura declaró: “Queremos cambios profundos, revolucionarios, que le devuelvan la dignidad a los chilenos y chilenas, frente a un modelo neoliberal que solo beneficia al uno por ciento más rico”.

Según la última encuesta de opinión de Cadem, una plataforma de estudios públicos conocida el pasado día 3, se estima que en una primera vuelta Piñera gane con 45 %, Guillier, 23 %, Sánchez, 14 %, Goic, 6 %; Kast, 6 %, Ominami 5 %. Navarro, 0,5 %, y Artés, 0,5 %.

Por ley, las estimaciones solo se divulgan hasta el décimo quinto día anterior a las elecciones.

*Artículo publicado originalmente en Cubahora.cu