Campesinado paraguayo: el sector olvidado por todo un país

Por Jhonatan Villalba

En las últimas 3 semanas, campesinos y campesinas  provenientes de diferentes zonas del interior de Paraguay, vienen acampando en plazas del microcentro de Asunción, aledañas al Congreso de la Nación, haciendo protestas que incluyen marchas, cierres de rutas, piquetes, humaredas y mucha resistencia. ¿El pedido? El mismo de cada año, ser introducidos dentro de la agenda del gobierno, que sus reclamos casi agónicos sean escuchados.

Cada año el campesinado protesta, cada año es ignorado o engañado por el gobierno y estigmatizado por la mayoría de los citadinos, no sin la infaltable ayuda de los medios de comunicación de la oligarquía del país, que hace su trabajo de siempre; desinformar. Las frases de repudio contra este resistido sector ya las puede recitar de memoria cualquiera: “Querés que pague tus cuentas, pero no respetás mis derechos”. “Reclamen al Gobierno sin afectar a los pobladores comunes”. “Campesinos haraganes. Piden que se les perdone sus deudas en vez de ir a trabajar”. Pero para emitir una crítica acerca de este conflicto, se necesita conocer la situación del sector rural y del país en general, molestia que por supuesto la mayoría no se toma.

El diverso y rico suelo de Paraguay le permite ser un país con actividad productiva eminentemente agrícola, ganadera y forestal, en ese orden, estimándose que la dependencia del sector agropecuario y forestal ampliado, supera el 60% del PIB total, según el Estudio de la Ruralidad y los Territorios Agrarios del Paraguay (IICA 2011). Se acentúa un modelo agroexportador de materia prima excluyente donde las élites, los grandes terratenientes, acaparan las tierras y lucran con ella, obteniendo además un importante poder político. El 80% del suelo cultivable de Paraguay, esto es, 3.5 millones de hectáreas , está sembrado de soja, la cual junto con el trigo, el maíz y el arroz constituyen los rubros dominados por la agricultura empresarial, que está compuesta por no más de 100 mil productores, los cuales representan el 2% de la población, mientras tanto, el resto de los rubros aquí producidos como son las hortalizas, el sésamo, el algodón, los cultivos frutales, la avilla, el zapallo y los tubérculos ocupan apenas entre 300 y 500 hectáreas, que deben ser repartidas entre no menos de 200 a 230 mil productores campesinos.

Las consecuencias son notorias: Muchas familias campesinas sin terrenos; 900 mil personas desplazadas por las plantaciones transgénicas de la agricultura empresarial mecanizada que no genera empleos (Pese a ser la primera actividad económica de Paraguay, la siembra del grano apenas genera el 15% de los empleos, pero además es utilizada por grandes transnacionales como fuente recurrente para eludir responsabilidades fiscales.) y que está plagada de agro tóxicos que envenenan a las familias que pueblan sus alrededores, muchas propiedades en pocas manos y millones de hectáreas sembradas de un grano que no satisface la demanda nacional de alimentos, que es más, ni siquiera está en la canasta de consumo nacional.

Todo lo anterior es solamente la exclusión de familias y el lucro de la élite, pero, ¿en qué condiciones viven y trabajan las familias que sí tienen acceso a tierras para producir? La precaria tecnología a la que pueden acceder y la ausencia de asistencia técnica hacen que sus cultivos sean totalmente vulnerables al inestable clima de Paraguay; una helada basta para arruinar toda una cosecha (y como la agricultura empresarial no produce rubros consumidos en el mercado nacional, lo que se pierda debe ser importado, aumentando los precios, y el contrabando), la injusticia del comercio llega al punto de que no se les paga ni la mitad del precio por el que en las ciudades se venden sus productos, pero  no tienen otra opción que aceptar los precios que les son impuestos. Como se mencionó anteriormente, toda esta injusticia la soportan viviendo rodeados de sojales infestados de pesticidas que los envenenan y que terminan por desplazarlos a los centros urbanos en busca de oportunidades de trabajo inexistentes, por lo cual solo terminan engrosando los cinturones de pobreza.

Ante esta odisea, hoy se encuentran resistiendo en las calles y en sus campamentos, pidiendo asistencia y la condonación de las deudas a las que debieron incurrir para su supervivencia, cuando bancos y financieras llegaron hasta la casa de muchas familias diciéndoles que con la presentación de sus documentos les iban a entregar préstamos, cuyos intereses solo crecen cada vez más, volviéndose impagables.

El 22 de junio pasado, el Senado de Paraguay resolvió por 24 votos a favor aprobar el proyecto de ley que grava la exportación de soja. La medida generó de inmediato el rechazo en las élites agroexportadoras que buscan aumentar sus beneficios económicos sin tener que pagar más por ello. La presión política y el anticipado veto del ejecutivo hicieron posibles cambios al proyecto, entre los principales: reducir la tasa del tributo del 15% al 10%, así como la exclusión del maíz y del trigo en la aplicación del impuesto, para dejar solamente a la soja en estado natural.

Estigmatizarlos con su conglomerado de medios de comunicación es la forma más fácil de este gobierno, y de los otros dueños plutócratas de este país, de no atender las necesidades de un todavía amplio sector, porque su supervivencia implica un modelo justo de producción con el cual los ricos de siempre no se pueden enriquecer.

Desestimar inmediatamente sus testimonios acerca de la realidad que viven son la forma fácil de los acomodados (o no tan acomodados) de no solidarizarse y seguir despotricando contra ellos, porque lo admitan o no, la existencia de un sector un poco más marginal da un pequeño saborcito de superioridad, y es más fácil agarrarse de eso antes que admitir que son solo otro explotado más; solo otro peón en el tablero de juego en el que unos pocos deciden quiénes son los sacrificados y con qué piezas de la sociedad van a lograr sus objetivos.

El día de hoy se aprobó en la cámara de senadores el proyecto de ley “Que Declara en Emergencia Nacional la Agricultura Familiar Campesina en Todo el Territorio Nacional”. El documento que será remitido a la cámara de Diputados establece la Emergencia Nacional por un plazo de 180 días, en los cuales los Ministerios e instituciones dependientes del Poder Ejecutivo deberán tomar todas las medidas conducentes para cooperar con los campesinos que se dedican a la agricultura familiar, sin embargo, siguen la expectativa y la desconfianza hacia el gobierno neoliberal de Horacio Cartes, siguen las protestas, sigue la resistencia.

Fuentes:

Estudio de la ruralidad y los territorios agrarios del paraguay (iica 2011).

www.fao.org/3/a-as833s.pdf

OXFAM (2016). Desterrados: Tierra, Poder y Desigualdad en América Latina.

https://www.oxfam.org/es/informes/desterrados-tierra-poder-y-desigualdad-en-america-latina