Bolivia: ¿Será posible una COB paralela?

Por Bárbara Loyda Sánchez Bejarano

No ha dejado de sorprendernos la llamada de algunos dirigentes masistas a desconocer a la Central Obrera Boliviana, o a montar otra COB, o por lo menos a lograr que a la cabeza de la misma deje de estar un minero y en su lugar se nombre a un campesino… Por una parte sería repetir las divisiones de la CIDOB y del CONAMAQ (organizadas desde el Gobierno) y por otra sería repetir el muchas veces reiterado intento de crear otra COB. En todo caso un nuevo error, generado por el miedo al diálogo social y por la embriaguez del poder. Pero veamos el tema con calma.

En primer lugar conviene recordar que nuestra gloriosa Central Obrera Boliviana fue producto y expresión de la Revolución Nacional de 1952, de la cual fueron protagonistas los mineros, los fabriles de La Paz y los campesinos (sobre todo los sometidos al viejo sistema de pongueaje). Sin embargo nadie discutió que a la cabeza de la flamante COB deberían estar la Federación de Mineros (no olvidemos que fueron los mineros los que en la Guerra del Chaco transmitieran a los pongos la forma de organización sindical, cuya última expresión es la actual CSUTCB). Y en muchos momentos la COB jugó un papel decisivo en las luchas sociales (sobre todo contra las dictaduras militares), si bien tampoco se la puede considerar inocente de la cadena de claudicaciones de los sucesivos gobiernos del MNR.

En segundo lugar conviene recordar también que ya entonces hubo intentos de quebrar la COB, siguiendo el ejemplo de muchos países donde las organizacio­nes obreras se fracturaron empujadas por divergencias político-ideológicas, y que a diferencia de esos otros países en Bolivia nunca se pudo romper la unidad de la COB, que sabiamente supo mantener la pluralidad ideológica en su interior. Ni siquiera se rompió esa unidad cuando se acabó la fase histórica del “Naciona­lismo Revolucionario” (en 1982) y la COB dejó de ser el puntal y la representa­ción del pueblo organizado. En estos momentos la COB no es “la” organización matriz, pero no deja de ser una representación de los trabajado­res, con sus estatutos propios, y por supuesto con la posibilidad y el derecho de cambiarlos, pero en ningún caso a partir de presiones externas (y menos gubernamentales) sino por decisión orgánica de las diferentes organizaciones que la componen.

En tercer lugar cabe recordar que en su momento los dirigentes de la COB cayeron en la tentación de acercarse al MAS y al actual gobierno, y estaban en su derecho, pero también están en su derecho cuando empiezan a discrepar de algunas políticas gubernamentales. Y nuestro actual Gobierno, que en su momento tuvo la habilidad de manejar con paciencia la confrontación nada menos que con la “Media Luna” (y pacíficamente derrotarla), se está contradiciendo cuando pierde la paciencia —y el sentido elemental de la participación social— y decide enfrentarse con la COB, y peor todavía intenta dividirla.

No olvidemos que la actitud constructiva (y que no le regala argumentos a la oposición) es la apertura permanente al diálogo, al debate, a respetar los legítimos desacuerdos. Un botón de muestra es el ataque físico de que fue objeto el parlamentario Rafael Quispe, un dirigente con el que muchos no estamos de acuerdo, pero no perdamos de vista que cuando los desacuerdos se traducen en golpizas y en faltas de respeto es señal de que en el fondo ya no creemos en nuestros propios argumentos…

Lo que hay que hacer es discutir con la COB y con sus dirigentes, escucharlos, y por supuesto también rebatirlos. Lo que es contradictorio es intentar acallarlos por la fuerza, o pretender sustituirlos por otros, o maniobrar para dividirlos. ¿O es que se ha ganado algo con la división de la CIDOB y del CONAMAQ?