Aviso de utilidad pública: Se necesitan conversos

Por Ingrid Córdova Bustos

Las declaraciones de Mauricio Rojas, que fueron conocidas apenas asumida la cartera de cultura, sobre el Museo de la Memoria, catalogando a este espacio de memoria colectiva como:”…un montaje cuyo propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar (…) Es un uso desvergonzado y mentiroso de una tragedia nacional que a tantos nos tocó tan dura y directamente”, han provocado justificada indignación en el mundo de los D.D.H.H, de la cultura y el público en general.

Rojas ha salido al paso ante el vendaval de reacciones  frente a sus deplorables dichos, señalando que tales declaraciones han sido sacadas de contexto, pues fueron hechas con anterioridad a asumir el cargo: “esos dichos  están sacados de entrevistas anteriores, no sé exactamente de cuándo son y no reflejan mi posición actual” (El Mostrador on line, 11 de agosto 2018), insistiendo en que “nunca he minimizado las violaciones de derechos humanos que se cometieron en Chile. Eso lo he condenado siempre…”

La retractación hecha por el ministro hace que su nombramiento de parte del gobierno de Sebastián Piñera, sea aún más cuestionable y que se instale la pregunta sobre lo que se pretende como objetivo político de fondo, al nombrar a un personaje que en variadas oportunidades – baste echar un vistazo a sus múltiples artículos y entrevistas concedidas a distintos medios en el mundo – ha señalado que el golpe militar se produjo como consecuencia de las directrices políticas asumidas por los gobiernos anteriores de Eduardo Frei y Salvador Allende respectivamente: “Eso es lo que, a mi juicio, ocurrió en Chile a partir del año 1967, cuando coincidieron una serie de hechos que propiciaron una deriva de desbordamiento de la legalidad y uso de la fuerza que culminaría con el golpe militar de 1973.” (www.clublibertaddigital.com/ilustracion-liberal/55/la-destruccion-de-la-democracia-en-chile-un-ejercicio-de-memoria-historica-sin-lapsos-mauricio).

Esta interpretación, mantenida a lo largo de los años, viene a dar cuenta que la posición del actual ministro, se basa exactamente en los argumentos que la derecha golpista, en Chile y Latinoamérica, ha sostenido por décadas respecto de la instalación de dictaduras a lo largo del continente.

La ruta de un converso

Al asumir su cargo, varios medios de prensa  aseguraron que Mauricio Rojas habría pertenecido al MIR, Movimiento de Izquierda Revolucionaria en Chile durante el gobierno de Salvador Allende, situación que fue desmentida por el entonces secretario general de la organización, Andrés Pascal Allende, quien señaló claramente que Rojas no habría sido militante, a pesar que el propio ministro se arroga una vinculación directa con los máximos líderes de la organización: “Les recomiendo leer ‘Diálogo de Conversos’”…ahí van a tener exactamente qué es lo que hacíamos. Miguel Enríquez estuvo dos veces en mi casa, se la facilitamos para que se reuniera el comité central del MIR,…”

Su presunta militancia también ha sido puesta en tela de juicio en el exterior, luego que desde Suecia se levantarán diversas declaraciones  que desmentían tal versión, como el testimonio a través de César Terán Caqueo, boliviano en el exilio, creador y director de la Radio Andina en Estocolmo, quien trabajó directamente en acciones concretas, con la Organización de Detenidos y Desaparecidos de Chile en ese país. Terán Caqueo señala en sus redes sociales:” Hace varios años atrás tuve la oportunidad de entrevistarlo en Radio Andina de Estocolmo, fue una entrevista patética, porque pude comprobar y también los oyentes, la metamorfosis de un exiliado político chileno en Suecia. En esa entrevista él nunca aseveró que él fue militante del MIR…”. Lo que sí está claro es que su madre, profesora, fue dirigente sindical, militante socialista y ex sobreviviente de Villa Grimaldi.

Mauricio Rojas arribó a Suecia en calidad de exiliado político, después de su paso por Argentina, en 1974. Luego de unos años en el país escandinavo y habiendo apostatado de su presunta ligazón con la izquierda radical chilena, se vinculó primero al Partido Moderado, organización política de derecha y pensamiento liberal – conservador  y posteriormente al Partido Popular Liberal, facción de centro derecha, alcanzando un escaño en el Parlamento Sueco donde fue designado como vocero de políticas de integración e inmigración, donde impulsó propuestas para reducir y, en ciertos casos eliminar por completo, los subsidios sociales a inmigrantes y refugiados. Alcanzó también notoriedad en el campo de la investigación y la academia asumiendo una férrea defensa de los postulados de Adam Smith y otros autores proclives a la visión capitalista de la economía. No es necesario pensar mucho, para darnos cuenta que su cambio de perfil ideológico fue y es la estrategia más adecuada y conveniente para alcanzar niveles de poder cada vez en mayor ascenso en el terreno político.

Sin embargo, resulta interesante volver a la interrogante inicial sobre qué pretende el gobierno actual  a través de la integración de figuras públicas que habiendo pertenecido a una postura de izquierda, o al menos supuestamente, se muestran hoy arrepentidos de tal camino, como es el caso de Mauricio Rojas y su dilecto amigo Roberto Ampuero, actual Ministro de Relaciones Exteriores, junto a quien escribió el libro “Diálogo de Conversos” (2015)

Desde la moral cristiana, un verdadero converso debe rechazar el pasado de manera inapelable como única vía de salvación, pues en él se encuentran contenidas todas las faltas que lo llevaron a mantenerse en estado de pecado, a desafiar las normas de una forma correcta de pensar y actuar que ahora, en su nuevo estado, debe defender y predicar como el único camino.

Para el converso político, entonces, es menester cuestionar y dentro de lo posible, desarticular y hace desaparecer  la memoria colectiva, espacio donde se guarda y transmite la representación de los procesos histórico –sociales y su significación para el presente y futuro de un pueblo, más allá de la exclusiva esfera del individuo.

Para la exitosa instalación de paradigmas ideológicos y modelos políticos que entran en abierta contradicción con otras formas de construcción social que fueron posibles en algún momento, basadas en valores opuestos a los detentados por la “nueva ideología” y por la nueva forma de gobernar, el único camino permanente es secuestrar la memoria construida por todos, con el fin de destruir aquellos significados que resurgen como elementos identitarios, capaces de sobrevivir en el tiempo y constituir la base de un pensamiento divergente en  franca resistencia. Destruir la memoria colectiva y su campo de representaciones sociales es la manera de impedir el renacimiento de una identidad colectiva en rebeldía, cuyo anclaje supera con creces la imposición de una estructura instalada en el individualismo y la negación del impacto de los procesos histórico –sociales en el presente de una nación y en la conformación de la identidad de un pueblo.

Para acometer esta tarea de alterar sustancialmente la memoria de un país, para que el ejercicio de olvido resulte creíble es que  se necesitan predicadores convencidos y pontificantes, ojalá conversos de su pecado, tal como los excelentísimos ministros Mauricio Rojas y Roberto Ampuero.