Automatización y lucha de clases

Por Nicolás Campos

La automatización ha sido un tópico común en los últimos meses en lo que se refiere a la temática laboral en el país. Y sin duda que es un tema importante ya que de distintas esferas se habla de los efectos que este hecho podría tener en las y los trabajadores. Sin embargo, es importante mencionar y destacar ciertos elementos a considerar si se quiere abordar esta discusión o situación de manera pertinente.

Por lo que el objetivo de las siguientes líneas no es más que ese. Aportar a la franja de militantes y organizaciones de izquierda así como al conjunto de trabajadores del país en torno a la naturaleza de este proceso y de qué forma se puede (o no) enfrentar el mismo desde una perspectiva materialista. 

El proceso de automatización corresponde a una de las transformaciones que suceden en la base de la economía mundial y nacional. Esto es, una modernización de carácter progresista en el campo de las fuerzas productivas. Por lo que una de las primeras cuestiones a tener en consideración es el hecho de que su existencia no responde a la sola voluntad, sino que se inscribe en un marco general y mundial de modernización capitalista. 

De esta forma, es menester rechazar cualquier posición que pretenda enarbolar la detención o el rechazo a este proceso por dos motivos principalmente. 

El primero de estos radica en el hecho de que su existencia o no es prácticamente inevitable. Por lo que aquellas fuerzas sindicales, organizativas y militantes que apuesten por intentar frenar dicho proceso se enfrentan a un gigante prácticamente imposible de vencer. Cual Sisifo, se empeñan en empujar una piedra que nada se moverá.

Por otro lado, al rechazar este tipo de medidas se actúa en sentido reaccionario y en contra de los intereses de la clase trabajadora, la cual requiere del progreso de la tecnología para sus objetivos estratégicos. Asimismo, la lógica de lo dicho en torno a su inevitabilidad también aplica en este aspecto. Esto, ya que el rechazo a la modernización capitalista bien podría afectar los intereses superiores del socialismo y de la clase trabajadora mundial. Ya que en un eventual momento esta necesitará de la técnica y tecnología construida en el capitalismo.

Si esta lógica reaccionaria hubiese triunfado en siglos anteriores lo más probable es que hasta el momento se seguirían utilizando métodos de producción rudimentarios y la explotación sería incluso más bestial de lo que a ratos esta asume en la actualidad.

¿Qué hacer?

Una primera cuestión a realizar es bajar la pelota al suelo y conocer la situación histórica en la que nos encontramos. Se debe asumir que la lucha sindical posee un tope, un techo que será imposible superar al alero de este tipo de organizaciones. 

De esta forma se debe tener en consideración que para estos días la acción sindical “se reduce necesariamente a la simple defensa de las conquistas ya obtenidas” lo que ya se vuelve más que difícil. Es cosa de ver el hecho de que las últimas movilizaciones de trabajadores son básicamente para poder resguardar los puestos de trabajo. 

Sin embargo, aquí no acaba el tema. Esto ya que la diferencia para con momentos históricos anteriores, cuando la clase trabajadora “no tenían nada que perder” son totalmente diferentes. Por lo tanto hoy el principal avance en el campo de los trabajadores debiese ser en el aspecto político ideológico. 

La aparente derrota que significa la automatización para muchos trabajadores y el inevitable freno que le pone a la lucha sindical significa también una importante oportunidad para disputar el plano de la conciencia de las y los trabajadores. 

Poder explicar la naturaleza del proceso que vive la clase trabajadora; el por qué se enfrentan contra lo que se enfrentan; quienes son sus principales enemigos y eventuales aliados; cuál es su fuerza real, etc son cuestiones imperantes a explicar y difundir si se quiere aprovechar esta coyuntura en sentido estratégico.

Asimismo, esta situación abre una nueva oportunidad a las organizaciones de izquierda, las que debiesen ser dinamizadoras del proceso anterior. Asumir el rol pedagógico del cual son protagonistas. De caso contrario, se podría aportar a un agitacionismo sin sustento político y sin posibilidades de aglutinar y articular a importantes sectores de los trabajadores. 

En el dialogo entre el aporte político ideológico y la defensa de aquellas conquistas ya obtenidas es en donde radica la clave en la cual se deben mover las piezas de la clase trabajadora y de sus bastiones más conscientes. 

La reducción de Jornada Laboral.

Los últimos días en el país han estado marcados por el debate en torno a la disminución de la Jornada Laboral, donde se propone que pase de 45 horas semanales a 40. La reducción de la jornada laboral resulta ser una interesante plataforma de lucha a impulsar por parte de la izquierda revolucionaria. 

Más allá de las conversaciones y discusiones al estilo Matamala/Rincón que se puedan tener entre la derecha, la gran burguesía nacional y los partidos Comunista y Frente Amplio; la importancia de que la izquierda revolucionaria tenga una voz al respecto radica en el sentido de que esta es una buena palestra para expresar posiciones de cara a los y las trabajadores del país. Y así hacer conjugar la defensa (e incluso el avance para este caso) de las conquistas de los trabajadores con el aporte cualitativo en torno a lo político ideológico en el marco de la lucha de clases. 

Para lo anterior, el apoyo a la disminución de horas debería ser irrestricto, mientras que por otra parte la izquierda bien podría aportar al esclarecimiento de lo que se encuentra en juego en esta coyuntura. Donde la famosa discusión en torno a la productividad y el crecimiento del país no debería importar de sobremanera a las y los trabajadores. Esto, ya que tanto los partidos de derecha como el proyecto presentado por la diputada comunista Camila Vallejo y el grueso del debate al respecto radica en torno al como esta medida afecta positiva o negativamente al crecimiento del país. 

Siendo un lugar común entre ambos sectores el hecho de que lo importante es no impactar de manera negativa la situación económica del país.