Argentina ante una encrucijada

Por Carina López Monja

A casi tres años del inicio del gobierno de Mauricio Macri en Argentina, la realidad es desoladora: a una inflación imparable y al crecimiento de los despidos, hay que sumarle el deterioro de la economía en todos sus ámbitos y los alarmantes índices de pobreza que llevan a que cada vez haya más familias que comen una sola vez por día. Ante las elecciones presidenciales del próximo octubre, Argentina se encuentra en una encrucijada: la posibilidad de que Macri -o una variante similar- profundice las políticas de ajuste y logre infringir una derrota histórica a las clases populares, o que se abra un nuevo escenario.  

Los turistas que pasean por la Ciudad de Buenos Aires ya se acostumbraron a que las movilizaciones populares sean parte del paisaje. Trabajadores de fábricas que cierran,  despedidos del Estado, protestas por la eliminación de subsidios para personas con discapacidad y jubilados que no pueden comprarse los medicamentos, son parte de los diversos y cotidianos reclamos que se expresan en las calles ante la emergencia económica y social que se vive en el país.  

Las protestas son diarias y muchas de ellas han logrado una enorme masividad. Y es que la resistencia en las calles de los diversos sectores afectados por las políticas neoliberales de la alianza Cambiemos han sido fundamentales para que el ajuste no fuera aún mayor.  

Lo cierto es que tres años y medio de gobierno de Macri dejan un panorama nada alentador. Desde diciembre de 2015 a hoy, el dólar pasó de $9,76 a 43 pesos; el índice de desocupación, conocido este mes, araña el 10 %, habiendo pasado de 5,9 % al 9,6 % en 3 años; una inflación de 50 % en los últimos 12 meses, la más alta desde 1992. A esto hay que agregarle una brutal caída económica de la actividad industrial, suspensiones en la industria automotriz y con la capacidad ociosa de la industria en el nivel más alto desde 2002, que tiene como resultado una pauperización y empobrecimiento del conjunto del pueblo trabajador.  

Los últimos meses, ante el empeoramiento de la situación social y económica, el gobierno de Macri decidió volver a endeudarse con el Fondo Monetario Internacional y abrir una nueva fase de ajuste en clave ortodoxa, a pedido del organismo multilateral de crédito.  

Con un endeudamiento externo de más de 140 mil millones de dólares, el FMI gobernando la economía argentina, el fracaso en el control de la inflación y todos los índices económicos y sociales en contra, Macri llega a los comicios presidenciales donde pretende ir por la relección. Como en la economía no tiene respuestas, el mandatario argentino decidió hacer campaña con el discurso punitivista que convence a su “núcleo duro”.  

En los últimos meses, Cambiemos aumentó el presupuesto para comprar armas, habilitó la compra de armas de descarga eléctrica Taser -que fueron consideradas armas de tortura por la ONU- y avanzó con la judicialización de la protesta y la pobreza como única respuesta ante los reclamos sociales. Entre los caballitos de batalla se encuentra su “política internacional”, donde la ofensiva contra el gobierno constitucional de Venezuela y los intentos de aislar o eliminar los procesos de integración impulsados en la última década como la UNSASUR son un eje prioritario, para proponer como contrapartida un tratado de libre comercio con la Unión Europea.  

Frente a este escenario, las organizaciones populares en Argentina vienen creciendo y multiplicando la lucha en las calles con movilizaciones multitudinarias para resistir el ajuste y proponer una alternativa de cambio.  

Ese crecimiento ha mostrado muchísima potencia en el movimiento de mujeres y disidencias, que se expresó el 8 de marzo en el Paro Internacional y que tuvo el año pasado un hito histórico con la discusión del derecho al aborto legal seguro y gratuito en el Congreso Nacional; el movimiento de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular, que protagonizó una marcha federal que atravesó todo el país en 2018 y se reeditará este año, que no obstante, no ha logrado aún transformarse en expresión electoral  y llegar en unidad a los comicios de este año.  

La elección presidencial de octubre aparece nuevamente teñida por la polarización entre Macri y la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner (quien aún no ha definido su candidatura), aunque también hay una variedad de candidatos de distintos colores que aún no logran cosechar gran caudal de votos.  

Ante esta encrucijada, Argentina deberá optar en octubre por continuar el camino de realineación en el continente con Estados Unidos, junto a Chile, Brasil y Paraguay, o reafirmar el proyecto de integración latinoamericana que Chávez, Evo y Fidel propusieron para el continente.  

Mientras tanto, los argentinos y argentinas seguirán en las calles defendiendo el derecho a tener derechos, a manifestarse con libertad.  

A que la alimentación, el trabajo y la educación no se vuelvan mercancías pagadas por quien puede, sino derechos garantizados por el Estado.