ARCIS y la Educación en Chile: La Crónica de una Muerte Anunciada

Por Francisca Rodríguez

La Universidad de las Artes y las Ciencias Sociales, ARCIS, llegó a sus últimos días. En medio de una campaña mediática destinada a desacreditar el proyecto que diera vida a una Universidad, donde el pluralismo, el debate de ideas y la formación académica liberadora fueron la marca que la distinguieron por más de tres décadas, es necesario destacar algo más que solo las causas de su crisis terminal.

Haciendo un poco de justa historia

Corrían, aún, perversos días de la Dictadura cuando, el año 1982, nació ARCIS, como parte de la fracción de otro proyecto educativo: el ARCOS. Desde sus inicios, este proyecto contó con aspiraciones académicas del más alto nivel. Se formó, principalmente, con docentes que habían sido expulsados de las Universidades Públicas por los representantes que Pinochet había puesto en ellas.

De esta manera, ARCIS comenzó como un pequeño proyecto que fue creciendo en la búsqueda de un espacio de formación que no estuviera marcado por el oscurantismo intelectual que imponía la dictadura en esos años.

Así fue como la casona de calle Huérfanos se constituyó en la primera sede. Se agregarían, luego, la ex Vicaría de la Solidaridad, en la misma calle esquina Riquelme para, finalmente, trasladarle al galpón de calle Libertad.

Comunicación Audiovisual, Arte y Diseño, Sociología y Economía, fueron las primeras carreras impartidas por la Universidad. Luego, se sumaron Filosofía, Literatura y Danza, todo esto aun en tiempos de Dictadura. Con la llegada de la transición, se ampliaron sus aulas a las carreras de Arquitectura, Derecho, Fotografía y Periodismo.

Importantes intelectuales y artistas del mundo visitaron esta casa de estudios, que formaba, ya entonces, a destacados profesionales. Eric Hobsbawn, Eduardo Galeano, Joan Manuel Serrat, Hugo Chávez, dieron cátedras magistrales en sus aulas.

¿Cómo y porqué se pierde este proyecto?

No es posible responder esta pregunta sin mirar un país, en general, donde la Educación de mercado ha primado por sobre cualquier intento de hacer e impartir una educación emancipadora. Sin ánimo de eximir de responsabilidades a quienes administraron, la última década, este proyecto, tampoco es posible entender su extinción sin contextualizar este momento.

El año 2004, nace la Inmobiliaria Libertad, que viene a modificar y ampliar la inicial figura jurídica de la Universidad. A esta sociedad se incorporan la sociedad comercial Ediciones ICAL Ltda, dirigida por el Partido Comunista; además de las sociedades Marambio y Rodríguez S.A. y Comercial Cañaveral S.A, del conocido ex militante de izquierda que se hiciera empresario en Cuba, Max Marambio. Una década después, en el año 2013, la Inmobiliaria Libertad vendió a Tanner Leasing S.A. las sedes de la Universidad. En este momento el Partido Comunista se integraba las filas de la Nueva Mayoría, hoy gobierno, dejando atrás el proyecto ARCIS, del cual no sólo retiraron sus representantes en la administración y en la academia, sino también todos los recursos que habían dispuesto cuando se unieron al grupo de Marambio y cía.

Lo que siguió fue una crisis financiera que no tuvo posibilidades de revertirse, sumando a esto que, desde la asunción de Ical y Marambio, la Universidad vio poco a poco salir de sus aulas a académicos y académicas hacia otras universidades, producto de una administración y gestión que no habían preservado el origen del proyecto. Conflictos permanentes con los sindicatos de la universidad fueron otra de las tónicas de esta última década, sumados a las movilizaciones crecientes de los estudiantes a nivel país, quienes luchaban por una educación gratuita y de calidad, cosa que cada día perdía ARCIS bajo la nueva administración.

A este abandono del proyecto original de ARCIS se sumó la campaña descarada, para el cierre de la Universidad, de parte del gobierno, quien a través de su vocera la Ministra de Educación le dio el último golpe de gracia cuando en diciembre de 2016 ya declaraba su eventual cierre. Los pasos a seguir ya son meras gestiones administrativas para su extinción definitiva de la que se hará cargo, ahora sí, el Ministerio de Educación.

Sin embargo esta magra suerte, no solo toca a este proyecto educativo sino que a otra casa de estudios. La Universidad Iberoamericana, también pareciera, va por el mismo destino. Y ya pasaron por este camino el Instituto Simón Bolívar, la Universidad del Mar y las que vendrán. Pues, si el negocio educativo no funciona, a bajar la Santa María. Esa es en resumen la política educativa de este gobierno y sistema… el mercado manda, una vez más.