Un año de avances, solidaridad y lucha para los trabajadores

Por Ernesto Castro

El año se acerca a su fin en el mismo ánimo en que comenzó, en medio de una intensa movilización social. De manera creciente, el gobierno de la Nueva Mayoría ha estado marcado por el aumento de las luchas sociales, y este año en particular, por la participación de los trabajadores. Los niveles alcanzados nos imponen la necesidad de comprender el proceso y sacar las lecciones que correspondan.

Las organizaciones de izquierda siempre han tratado, más allá del carácter legal o no de las luchas, de discernir su contenido político o puramente gremial. Esta mirada apunta directamente a la correlación de fuerzas, y a las formas de organización y de lucha hacia las que se puede avanzar. No es una medida fácil, ya que a partir de un cierto nivel de crisis, la mayoría de los conflictos incluirá elementos reivindicativos y elementos políticos. En general, conflictos particulares tienden a ser sobre todo reivindicativos: El pase escolar, el precio del gas en Magallanes, la hora de la colación en el conflicto de los portuarios. En la medida que el conflicto se prolonga y profundiza, tiende a adquirir carácter más político, cuestionando la explotación y el orden de la dominación.

En momentos que los movimientos sociales aún no son fuertes, estos conflictos reivindicativos pueden resolverse por la concesión de la reivindicación o alguna medida paliativa que divide o diluye la demanda; la Concertación y la NM usaron también la cooptación de dirigentes sociales, como en el caso de Iván Fuentes, que traicionó a sus compañeros de Aysén, o los militantes de RD, funcionarios del ministerio de educación.

La cooptación de dirigentes, y el pasar la demanda desde el fin al lucro, que cuestionaba un rasgo esencial del sistema, hacia la gratuidad universal, que depende de la existencia de fondos, debilitaron al movimiento estudiantil. La lucha se transforma en una pugna al interior del Estado, se diluye en la discusión de montos y plazos en infinitas comisiones y mesas, y el movimiento se divide entre quienes encabezan las luchas en las calles y quienes se ilusionan con la posibilidad de “incidir” en la corrupta institucionalidad.

Cuando los movimientos son fuertes, o los negociadores del Poder cometen errores, los conflictos tienden a escalar, avanzando demandas que apuntan a elementos centrales del sistema. Esto convierte al conflicto reivindicativo en un conflicto político, que cuestiona el carácter del modelo y la necesidad de cambios en alguno de sus aspectos esenciales.

Es lo que ocurre en las primeras fases del movimiento estudiantil, cuando avanza desde el pase escolar a cuestionar el lucro, o en los conflictos en zonas extremas, cuando se pasa del precio del gas a criticar la gran centralización del Estado.

Es lo que ocurre con la lucha por No+AFP, que comienzan apuntando a las bajas pensiones que se entregan, y hoy exige el fin del sistema privatizado, que es un pilar de la acumulación de riquezas del gran empresariado y el capital transnacional; en el camino, se comprende que la firma por el Estado chileno del Tratado Trans Pacífico, exigido por los Estados Unidos, haría imposible un cambio en el sistema de pensiones, lo que da un segundo rasgo de politización a la lucha.

Otro rasgo es el aparecer de una consciencia crítica del egoísmo del sistema actual, y la necesidad de pasar a un modelo basado en el reparto y la solidaridad, lo que apunta a una característica central del capitalismo, la ilusión de la iniciativa y la autosuficiencia individual.

Un año de luchas

El año comenzó con conflictos sociales a lo largo de todo el país, y desde los más diversos sectores. Los trabajadores de la DIBAM, Abcdin y la planta Malleco de la CMPC. En febrero, los mineros de Curanilahue que deciden enterrarse en un pozo de carbón; en marzo, la prolongada huelga de los trabajadores fiscales de Atacama.

En mayo la marcha independiente tuvo tanta o mayor convocatoria que la marcha del gobierno y la CUT, adelantando lo que sería el tono del año. Tanto es así que en las poco democráticas elecciones de la CUT, en septiembre, se tuvo que admitir la irregularidad del procedimiento y designar una directiva provisoria con la misión de “refundar” la central, cuestión que pocos avances ha visto y, por el contrario, sigue actuando como un brazo más del gobierno.

Mucho más importante para los sectores populares, por la solidaridad y la conciencia que generaron, fueron las masivas protestas de las comunidades locales de Chiloé, privadas de sus fuentes de trabajo y subsistencia por una marea roja responsabilidad de la industria salmonera. Para completar el clima de protesta, el sector más radical del movimiento estudiantil llamaba a una ofensiva para denunciar el fracaso del gobierno en sus intentos reformistas, y su pretensión de distraernos con el circo electoral anunciado para fin de año. Las campañas “Ellos no son Chile” y “Yo no voto” dieron contenido político a la previsible abstención y concentraron el odio de la casta política y sus medios de difusión.

El 24 de julio ocurre la primera marcha por No+AFP y el fin del sistema de pensiones privado, y comienza una discusión nacional que irá creciendo, marcando la coyuntura electoral, creando sus propias organizaciones zonales y comunales y su plataforma de propuestas, convirtiéndose en un punto de referencia y convergencia para otras luchas y organizaciones.
En paralelo fueron avanzando las movilizaciones estudiantiles para denunciar la vaciedad del rito electoral convocado para el 23 de octubre y las actividades preparatorias del paro nacional convocado por el movimiento No + AFP para el 4 de noviembre, convergiendo en una gigantesca movilización popular que dejó claro que el pueblo no cree más en el gobierno o la casta política,

Fueron centenares de movilizaciones a lo largo del país, de todos los sectores, pero este año destacan por su número y combatividad las huelgas de trabajadores. El año se aproxima a su fin con la movilización de la ANEF, que termina con la imposición, por la casta política, de un miserable reajuste de un 1% real. El gobierno alega que no hay recursos, mientras vemos crecer cada día las ganancias de los bancos y los grandes empresarios. En paralelo se desarrollan otros conflictos, como los miles de trabajadores de Homecenter, propiedad de una de las más grandes fortunas de Chile, los Solari Cúneo, dueños, entre otras, de Falabella y los Mall Plaza; aún así, también alegan escasez de recursos para no entregar un aumento digno a sus trabajadores.

 

La lucha del pueblo mapuche

Los hermanos mapuche mantienen su lucha en alto. Hemos visto durante el año acrecentarse las detenciones y represión contra las comunidades. Sistemáticas violaciones a los derechos humanos de los niños y niñas, además de la militarización del territorio. Todo esto no es más que la desesperada respuesta de un gobierno incapaz de dialogar y atender las justas demandas del pueblo mapuche.

Todo intento de aplacar esta lucha ha fracasado, intendentes suman y siguen alargando la lista de los incapaces, con fallidas fórmulas de cooptación que solo han encontrado como aliado el show de los medios de comunicación que se levantan como la plataforma de la campaña de desprestigio de las enormes muestras de movilización fuerza de este sector y que promete no dar un paso atrás en la lucha por sus históricas demandas.

Ni una menos

Como resultado del enorme avance en la conciencia social de nuestro pueblo, las banderas de la lucha contra el patriarcado y con ello la lucha contra la violencia a la mujer, tuvo una sorprendente muestra de apoyo social en la marcha por NI UNA MENOS. Mujeres y hombres de todos los sectores salieron el 19 de octubre a las calles sumándose al llamado en toda de Nuestramérica por el cese a la violencia de género.

Esta muestra de capacidad de acción se da en medio de las paupérrimas elecciones municipales, donde la convocatoria a éstas queda como dato para el ridículo de la clase política incapaz de movilizar a su propia militancia a las urnas.

 

Un nuevo ciclo de luchas

Este año los trabajadores han entrado de lleno a un ciclo de luchas directas por sus reivindicaciones, y contra pilares del modelo instalado por el pinochetismo criminal, sostenido y mejorado por la Concertación-Nueva Mayoría: No+AFP y fin al Código Laboral de la dictadura son consignas que se unen a la larga lucha de los estudiantes por el fin de la educación de mercado. Frente a ellos, el gobierno ha dejado en claro, y los trabajadores así lo han comprendido, que, sea cual sea la coalición que gobierne, ambas defienden un solo interés, el de los grandes empresarios chilenos y sus socios extranjeros, que no se trata de quien ocupe qué cargo, sino que el propio sistema está diseñado para maximizar las ganancias de los súper ricos, sin importar los costos y sacrificios que tengan que sufrir los trabajadores y el pueblo.

Ya lo dijeron los trabajadores fiscales, apaleados frente a La Moneda: No habrá ni un voto de trabajadores para ninguno de ellos el próximo año. No debe haber ni un voto popular para la casta política, ni para nadie que se proponga, una vez más, mejorar el sistema desde adentro. El sistema es irreformable, el pueblo debe construir su propio sistema, su poder desde abajo, en cada lugar de trabajo, en cada lugar de estudio, en cada población y cada barrio. Organizados y movilizados podremos exigir nuestros derechos, golpear hasta derribar este sistema podrido y criminal, construir una sociedad nueva, de todos los explotados, los oprimidos y discriminados, una sociedad de solidaridad y justicia para todos.