América Latina en llamas

Por Marco A. Gandásegui, Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA)*

“Chile en Estado de emergencia, Ecuador en Estado de sitio, Colombia en crisis humanitaria, Perú en crisis política, Brasil paralizada, Argentina destruida, Paraguay agotada, América latina en llamas”. Siete países de Sur América sometidos a los ajustes estructurales del Fondo Monetario Internacional (FMI) que han sucumbido al caos político. En la actualidad, son gobernados por el terror y el hambre. En el resto de América latina la situación es igual o peor: Haití desgarrada, Honduras destrozada, Guatemala vive su tragedia, El Salvador bajo el terror y México tratando de soltarse de las cadenas.

América Latina, en gran parte, ha sido penetrada como nunca por la política de EEUU y los ajustes de su brazo financiero, el FMI. Los ajustes del FMI son iguales para todos los países de la región. Comienzan con una primera torcida del brazo, eliminando o reduciendo los gastos públicos. Sigue la aplicación del ‘shock’ privatizando todos los bienes públicos, ahorros de los trabajadores acumulados durante décadas en cuestión de unos pocos decretos. El siguiente paso es ‘flexibilizando’ la relación entre los trabajadores y los dueños de la propiedad (empresarios), que reduce en forma significativa los salarios.

La aplicación de los ajustes las realizan regímenes ‘fuertes’. Tienen que convencer por las buenas o por las malas a los trabajadores que su sacrificio es para el beneficio del país. Las medidas represivas van de acuerdo con la resistencia del pueblo: Pinochet en Chile, Fujimori en Perú, Salinas de Gortari en México y tantos otros. En Panamá los ajustes del FMI favorecieron a los dueños del capital de manera extraordinaria. En la década de 1970, el 66 por ciento de la riqueza producida en el país formaba parte de la masa de salarios que recibían los trabajadores. Para principios del siglo XXI la relación se había invertido, el 66 por ciento de las riquezas iban a los empresarios y sólo el 34 por ciento restante llegaba a los trabajadores y sus familias.

La aplicación de los ajustes van acompañados de promesas vacías que adormecen a los trabajadores por un rato. La promesa más popular que ofrecen los gobiernos de los empresarios es que la concentración de las riquezas entre los más ricos tiene un límite. La acumulación de riquezas pronto rebasará el vaso y caerá como un ‘chorro’ para beneficiar a los trabajadores y otros sectores que se han empobrecido. La promesa nunca se hace realidad. Al contrario, la pobreza se hace cada vez más intolerable y se rompe toda clase de comunicación entre ricos y pobres, entre capitalistas y trabajadores.

El siglo XXI ha visto explosiones sociales en toda la región como consecuencia de las políticas de ajuste. En Argentina ya lo experimentaron dos veces. En Perú y en Ecuador también. En Haití es un Estado permanente de insurrección y represión. Lo que algunos llamarían un ‘empate catastrófico’. A fines del siglo pasado y principios del actual, las medidas de ajuste (neoliberalismo) demostraron que eran inútiles. Le permitieron a los dueños del capital apropiarse de más riquezas, creando personajes con miles de millones de dólares en sus haberes. Pero, al mismo tiempo, lanzando por el precipicio de la pobreza a decenas de millones de trabajadores. La receta neoliberal probó ser insostenible.

Para enfrentar el caos provocado por EEUU y el FMI en América latina, surgieron los gobiernos democráticos llamados ‘rosados’. Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Zelaya en Honduras, los gobiernos frentistas en Nicaragua y El Salvador, presentaron programas de gobierno más favorables para los trabajadores. Las oligarquías de esos países se declararon en estado de guerra. Recibieron el apoyo de lo que llamaron la ‘sociedad civil’ (clase media alta) y EEUU. En muchos casos la reacción tuvo éxito. En otros, la resistencia logró contener a EEUU (Venezuela, Bolivia) pero a un costo muy elevado.

EEUU se lanzó contra las consignas de Chávez, Lula, Kirchner, Evo y Correa quienes proclamaban cambios e, incluso, en algunos casos el socialismo (à la Bernie Sanders). Sin embargo, el FMI rechazó la idea de distribuir las riquezas nacionales de una manera más justa. Las insurrecciones recientes en Honduras, Argentina, Ecuador y Chile son muestras del fracaso de políticas que empobrecen a los pueblos. La única fórmula que puede tener éxito para los países de la región es la unidad regional. Un solo bloque puede enfrentar a las potencias mundiales y sus instrumentos financieros.

*Publicado originalmente en Cubadebate.cu