Alerta con los oportunistas y conciliadores. ¡La sangre del Pueblo no se negocia!

Por Equipo Editorial Correo de los Trabajadores

La alerta la dio la ACES al denunciar la carta de los partidos del FA dirigida al ministro Blumel solicitando una reunión para el pasado jueves 31 (véase mas abajo). Los secundarios, haciendo gala de una intuición que no caracteriza a las dirigencias políticas y gremiales tradicionales, una vez más asumían la defensa de la autonomía e independencia de este gran movimiento. Sin embargo, la acción del FA, supuestamente destinada a evitar «la cocina», es decir, arreglines a «espaldas de la ciudadanía», es sólo la punta del iceberg.

En efecto, el peligro de manipulación o  representación artificial no sólo es una práctica repetida en las organizaciones políticas como el PS, el PC y ahora el mismo FA, sino también es una muy mala costumbre ejercida por décadas por las dirigencias de las propias organizaciones gremiales y sindicales  clásicas, e incluso, lamentablemente,  en organizaciones mas nuevas como No+AFP en las que terminan imponiéndose las cúpulas por sobre las bases. Prueba de esto son las declaraciones que entre el jueves 31 de octubre y ayer sábado 2 de noviembre, han recorrido la red. La Mesa Social de Valparaíso, en declaración del jueves (véase mas abajo), reforzó la alerta de la ACES pero además puso el dedo en la llaga al emplazar a las organizaciones partícipes de Unidad Social, US, a que manifestacen públicamente su voluntad de no negociar bajo ninguna circunstancia con un Gobierno que ha asesinado y torturado, emplazamiento bastante razonable cuando es evidente que Unidad Social no es mas que un medio artificioso montado por sectores del PC y de la propia CUT para intentar recomponer sus débiles nexos con un movimiento popular que desde antes del 18 de octubre no responde a sus directrices.

En este mismo sentido, el día sábado 2 de noviembre, se dió a conocer la declaración de la Coordinadora Feminista 8 de Marzo (ver mas abajo), partícipe de Unidad Social, en que no sólo explicitó el rechazo a negociar con Piñera, sino también agregó una fuerte crítica a las formas no democráticas de la US y su dependencia de los partidos políticos – en castellano del PC. Del mismo modo, avanzó diferencias políticas respecto del «Pliego  de Chile» que no puede considerarse una suma de peticiones pues ni la plurinacionalidad ni las demandas feministas son puramente de los pueblos indígenas o de las mujeres; y además, este Pliego debe ser producto del debate colectivo de las organizaciones participantes.

Finalmente, el mismo sábado 2 de noviembre, la Asamblea Autoconvocada y Popular de la Región Metropolitana, instancia de coordinación de asambleas territoriales de bases, condena los intentos de negociación con un gobierno responsable directo de violaciones a los DD.HH. y el intento de un «pacto social» ajeno al pueblo movilizado. Por ello, esta coordinadora llama a la continuidad de la lucha y a una próxima reunión de coordinación para miércoles 06 de  noviembre a las 19:00 hrs. (ver mas abajo).

Con todo, lo que comienza a visibilizarse en el campo popular son dos líneas tácticas: una, la que proviene del mismo sistema político y que aún reconociendo su crisis, postula su defensa por la vía de remozar el orden constitucional, y otra, que ubicada por fuera de la política formal, intenta construir soberanía popular para democratizar radicalmente la sociedad. En el primer caso, todo dependerá de cómo se nucleen las fuerzas de las clases dominantes – CPC, demás gremios patronales y sus partidos, incluida la DC- pues ninguno de los partidos de oposición está por trizar el Estado republicano y su sistema democrático, sino por el contrario, con o sin Asamblea Constituyente, se busca hacerlo mas representativo y remendar la desigualdad con una politica redistributiva y un rol mas activo del Estado. La izquierda tradicional y sus gremios clásicos serán fuertemente tironeados y seducidas sus dirigencias por ofertones de paz y orden social, redistribución y mas estado, lo cual es coincidente con su visión de la política.

Por el contrario, por abajo y por fuera del sistema político, las franjas movilizadas y más politizadas, tienden a compartir un rechazo a la representación incontrolada de los partidos y de los gremios burocratizados como la CUT, y han optado por la autonomía de sus organizaciones, manteniendo el activismo y no cediendo ni la dirección de las acciones de masas ni la convocatoria a las mismas.

Un debate que refleja estas diferencias es – además de las declaraciones ya mencionadas- la fuerte crítica al llamado a los cabildos como formas de organización popular. El solo nombre, resabio colonial, choca con el carácter plurinacional de la lucha, además que como tales, los cabildos son simples instancias consultivas – para entregar las opiniones a los partidos o al parlamento nuevamente- no constituyendo formas de poder comunitario y/o popular permanentes.

El reclamo es arrebatar la política a los profesionales de la política, que han profitado de una supuesta representación del Pueblo; desplazar  la política a los espacios vitales, allí dónde se decide directamente sobre nuestra vidas; regresar la soberanía al soberano y no por una única vez si no de forma perdurable como una nueva forma de democracia participativa. Si ya la aguerrida y masiva movilización de estas semanas ha sido sorprendente, el impulso que ha tomado fuerza en las asambleas territoriales autoconvocadas lo es más. Es más, porque hay una búsqueda por organizarse autónomamente sin ceder lugar al sistema político y sus partidos, esos que ya conocemos y que en 1989 pactaron una transición que reforzó el poder del capital y obligó al pueblo al desarme, la resignación, el embrutecimiento individualista hasta que los jóvenes secundarios con el mochilazo del 2006, la revolución pingüina del 2011 y la evasión masiva del 2019, nos emplazaron a levantarnos y luchar.

Por ello, no negociamos con la sangre de nuestros caídos.

Juicio y Castigo a civiles y militares violadores de los DD.HH.!

!Libertad a los presos políticos!