Al capitalismo le urge generar acuerdos

Por Maximiliano Rodríguez 

Junto a su fracaso para poder articular y darle una conducción progresista-reformista al capitalismo chileno, el recién terminado gobierno de la Nueva Mayoría cierra, además, como la administración con los niveles más bajos de desempeño económico de las administraciones civiles de la fase neoliberal. 

En los cuatros años del gobierno de la Nueva Mayoría, la tasa de crecimiento del PIB promedió, apenas, un 1,7%, versus, por ejemplo, el 5,3% registrado durante la anterior administración de Piñera y el 3,3% del primer gobierno de Bachelet. 

La ralentización económica tuvo impactos directos sobre los trabajadores en, al menos, dos aspectos.  

En primer lugar, el crecimiento del poder adquisitivo de los salarios disminuyó sensiblemente. Al final del gobierno de Bachelet, los salarios reales habían acumulado un incremento de apenas el 8,4% en relación al nivel que estos exhibían al inicio de este, casi un cuarto menos con respecto al 12% acumulado en el gobierno inmediatamente anterior. Este patrón se repitió, tanto en los reajustes salariales del sector público, como en los del salario mínimo. 

En segundo lugar, si bien, según las estadísticas oficiales, el desempleo se mantuvo a raya, las condiciones laborales experimentaron un deterioro, aumentando los grados de precarización del empleo. 

 

La dinámica de la economía chilena 

Estas señales deben ser vistas en el marco de una serie de tendencias que la acumulación capitalista en Chile ha ido poniendo en juego en el último tiempo, y que trascienden a la acción de tal o cual gobierno. 

Así, parte importante de la dinámica de la economía chilena se explica por la forma específica en que esta se inserta en los circuitos internacionales de valorización capitalista. Esto la hace altamente dependiente de los ciclos de precios de las materias primas en los mercados mundiales. 

Sin embargo, las dificultades por las que atraviesa la economía chilena no se reducen ni se explican exclusivamente por los vaivenes de los «factores externos»; sino que, por el contrario, radican en la base misma de su funcionamiento. 

El problema más grave que enfrenta la economía chilena, y que explica la debilidad de su dinamismo, dice relación con la anémica actividad inversora de las empresas. La caída de la inversión es ya un fenómeno que supera en extensión —mas no en profundidad— a las caídas que se registraron en anteriores episodios de abierta crisis. De hecho, ni en las pasada crisis asiática (1999), ni en la subprime (2009), la economía chilena había experimentado cuatro años consecutivos de contracción de la inversión como la que viene mostrando desde 2014 a la fecha. 

 La pérdida de atractivo 

Lo anterior, estaría dando cuenta de problemas de largo alcance que enfrenta la valorización del capital en los procesos productivos sobre los que esta descansa y que, a su vez, tienen su origen en el agotamiento de su base rentista-exportadora. 

De este modo, la intensidad y velocidad con que el capital ha acumulado durante la fase neoliberal ha terminado por erosionar las fuentes de las ganancias extraordinarias que este ha gozado durante largo tiempo. Esto explicaría la pérdida de atractivo relativo de Chile para la atracción de flujos internacionales de inversión, ante el surgimiento de nuevos centros de acumulación de mayor atractivo en la región. Este es el caso, por ejemplo, de Perú, respecto a la minería del cobre. 

Ante este escenario, al capitalismo chileno le urge generar «acuerdos transversales» al interior de las clases dominantes que cristalicen, lo antes posible, en una institucionalidad medioambiental ad hoc, que destrabe los grandes proyectos de infraestructura que la actividad del gran capital demanda. 

Precisamente, uno de los objetivos que abiertamente se ha propuesto el actual gobierno en el ámbito económico es aumentar la actividad mediante la dinamización de la inversión, asunto que no dejó de generar serias contradicciones al final de gobierno de la Nueva Mayoría y que llevó a la inédita renuncia de su equipo económico ante el rechazo de la aprobación al Proyecto Dominga.