A 70 años de la declaración universal de los DDHH. ¿Que significan para la izquierda revolucionaria?

Por Pamela Fernández

El 10 de diciembre de 1948, la organización de naciones unidas (ONU) recién emergida posterior a la segunda guerra mundial, constituida principalmente por países occidentales y capitalistas, hacían público un documento titulado “Declaración Universal de los Derechos Humanos”. Documento emergido principalmente con la justificación de los crímenes cometidos durante el régimen nazi en Alemania y el resto de Europa y que comenzaba declarando que estos derechos eran inherentes al hombre fuese cual fuese su condición étnica, religiosa o política. La declaración fue aprobada por la mayoría de los países capitalistas de la época, mientras que el eje oriental llevado adelante por la Unión Soviética se abstuvo de la votación junto a países islámicos, quienes criticaron duramente el documento por su condición universalista y que en 1990 derivó en la “Declaración de los Derechos Humanos islamicos”.

 

El escrito fue separado en dos apartados principales, los Derechos civiles y políticos, que establecen derechos como el de la propiedad privada, de la libertad, la nacionalidad y la vida, entre otros y los Derechos económicos, sociales y culturales, que establecen el derecho a la educación, a la vivienda, la salud y la migración. Estos últimos no fueron, ni han sido ratificados por la mayoría de los países capitalistas hasta el día de hoy, abriendo la posibilidad de continuar con las lógicas capitalistas incluso cuando hablamos de derechos básicos como la salud y la educación. Como lo hemos visto estos últimos días en Chile con la negación del gobierno de suscribirse al pacto migratorio de la ONU, estableciendo que la migración no es un derecho humano.

 

La declaración constituyó estos derechos como una cuestión inherente al ser pero siempre cuando este se atañera a los márgenes institucionales del Estado, por lo tanto entendemos, la naturalización de la despolitización y la individualización del ser humano. Además del aparataje institucional en el que se sustenta la declaración, institucionalidad burguesa, occidentalista y cristiana, globalizando, universalizando e individualizando al humano en estas líneas.

 

Esto porque entendemos que la declaración está construida bajo la concepción burguesa del Estado que continúa con las condiciones de dominación y opresión, defendiendo los derechos individuales de los miembros, más allá incluso de la construcción histórica de los pueblos, ocultando los procesos de lucha, negando la dimensión socio-histórica de las comunidades e invisibilizando a los actores sociales, sus causas y luchas y volviendo a establecer una despolitización, en donde se ponen por delante los derechos individuales antes que los colectivos.

 

En este sentido y entendiendo las críticas antes establecidas, debemos ser capaces, también de ver, las herramientas que estos nos pueden entregar para la lucha revolucionaria. En este sentido, no debemos establecer un discurso que solo defienda los derechos individuales, ni mucho menos por visiones globalizantes de los principios y valores que los sostienen, ni tampoco por los derechos de aquellos que poseen el poder económico y político dominando y explotando a miles, sino por la autodeterminación de los pueblos y la construcción de una estructura social sin opresiones ni privilegios. Utilizando herramientas válidas como la violencia política para la construcción de esta estructura social. En este sentido, es necesario comprender los DD.HH como una herramienta más para esta construcción, estableciendo también un discurso que funcione, en este sentido como un blindaje, entendiendo el periodo postransicional en el que nos encontramos, con una institucionalización de la violencia ejercida por parte de los organismos estatales, que ha generado una legitimación social de esta, utilizando el argumento de la protección del orden y seguridad de los individuos. Así, cuando las capas oprimidas y explotadas utilizan la violencia política en cualquier forma de protesta y lucha será deslegitimada, ya que amenaza el quiebre del orden establecido.

 

Por lo que nos encontramos desprotegidos frente al terrorismo de Estado y sus formas de violencia y por lo mismo, debemos entender que los DD.HH deben convertirse en una herramienta para la utilización de la violencia política y para establecer el respeto por  la dignidad de los grupos marginados y explotados.