8 de Marzo: Día Internacional de la mujer trabajadora

Por Liliana Salazar

El 8 de marzo, día Internacional de la mujer, debiese ser simbólico en la larga lucha de las mujeres y, especialmente, de las mujeres trabajadoras. Sin embargo, ha ido siendo absorbido, manipulado y utilizado por las clases dominantes y por las representantes mujeres de la misma. 

El día Internacional de la Mujer es la conmemoración de todo un proceso de lucha de las obreras textiles en Nueva York. Dicho proceso se remonta a 1857, cuando cientos de mujeres de fábricas textiles salieron a marchar en contra de los bajos salarios y las largas jornadas de trabajo. La jornada de lucha, como era de esperar terminó con la sangrienta cifra de 120 mujeres muertas a raíz de la brutalidad con la que actuó la policía. Sin embargo, gracias al sacrificio esas mujeres, se funda el primer sindicato femenino de la época.  

En 1909, casi 50 años después de las primeras movilizaciones, las Mujeres Socialistas en EEUU conmemoraron por primera vez el «Día Nacional de la Mujer», el 28 de febrero, con una manifestación de más de 15.000 personas que salieron nuevamente a la calle a reivindicar igualdad de salarios, reducción de la jornada laboral y el derecho a voto. 

Un hecho dramático 

En agosto de 1910, en la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague, Clara Zetkin, propuso establecer el Día Internacional de la Mujer. Se planeaba organizar manifestaciones y marchas para que las mujeres pudieran atraer la atención de la sociedad sobre sus problemas.  Al año siguiente, el 25 de marzo de 1911, Nueva York fue nuevamente escenario de uno de los hechos más dramáticos y simbólicos en la lucha por la igualdad y la dignidad. 123 mujeres y 23 hombres murieron en un incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist. Los dueños cerraron las puertas para evitar hurtos, imposibilitando que las trabajadoras y trabajadores pudiesen escapar de las llamas.  

El Día Internacional de la Mujer, se oficializó mundialmente en 1975 – 100 años después de las primeras luchas-, cuando la ONU proclamó dicha fecha como el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. 

En Chile 

En nuestro país, las luchas de las mujeres también tienen larga data, invisibilizadas y olvidadas, como es de esperar. En los albores del S. XX ya existieron organizaciones de mujeres ligadas a las salitreras, junto a los sindicatos de trabajadores; se multiplican los círculos de mujeres y se conforma el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (MENCH). Así también los partidos políticos de izquierda tuvieron sus secciones femeninas. Se multiplica la organización y la lucha de las mujeres en el norte y centro del país.  

Sin embargo, la organización alcanzada por las mujeres decae durante los años 40 producto de la presencia de sectores femeninos conservadores que desvían los principios laicos y antipatriarcales de las mujeres hacia la defensa de la familia y la creencia de que las mujeres no estaban preparadas para la vida política. Después de lograr el derecho a voto, el movimiento de mujeres prácticamente desaparece de la escena nacional y sólo se mantiene tímidamente el MEMCH.   

El renacer de la organización 

Será para los años 70 y posteriormente en la lucha contra la dictadura cívico-militar, que el movimiento de mujeres vuelve a tomar nuevos bríos. Cobijado este renacimiento por el apoyo internacional que brinda el Año Internacional de la Mujer (1975) y del Decenio de la Mujer de Naciones Unidas (1975-1985). Tras múltiples iniciativas internacionales, Chile se sensibiliza en relación al tema, a través de agrupaciones de mujeres, partidos políticos de izquierda y por ultimo de organizaciones populares. Será la ofensiva patriarcal y reaccionaria de la dictadura que relega a la mujer a «su rol histórico» de sumisión, que tiene su expresión más brutal de abuso de poder con las mujeres encarceladas y asesinadas, lo que impulsa a las mujeres a organizarse y rebelarse contra el poder militar. La lucha de las Agrupaciones de Familiares, Somos más, Mujeres por la vida y cientos de agrupaciones de mujeres populares, además de Comedores Populares, Ollas Comunes y tantas más, se unían bajo la consigna «Democracia en el país y en la casa». 

Este nuevo renacer de las mujeres organizadas durante la dictadura, vuelve a verse amenazado, igual que antaño, pero ahora por la presencia de sectores de «feministas liberales» que confunden la lucha de las mujeres trabajadoras y populares. Así, por ejemplo, en el neoliberalismo se prioriza por la incorporación de las mujeres al mercado laboral, —derecho  inalienable—,  pero el masivo aumento de las mujeres en la fuerza de trabajo ha sido, en muchos casos, en ocupaciones mal pagadas, en pésimas condiciones de seguridad y dignidad. Se reemplaza el sueño radical, contracultural y anticapitalista de las mujeres por una visión de sentido común de la familia y el trabajo, así, la emancipación de la mujer termina atada a la máquina de la acumulación capitalista y a la institucionalidad vigente. 

Derechos institucionales 

El fuerte movimiento de mujeres que se desarrolla en los años 80, se institucionaliza, se crea el Servicio Nacional de la Mujer y todo el «sistema de género» que funciona en nuestro país. Con la firme convicción que será desde la institucionalidad vigente, desde dónde se puedan conseguir los derechos y la justicia para las mujeres oprimidas. Evidentemente ello no ha sido posible, ya que los limitados avances que se consiguen un día, al siguiente pueden ser borrados sin mayor contratiempo. Así sucede cotidianamente con todos los obstáculos que permanentemente ponen los sectores conservadores de las distintas iglesias cristianas y de la derecha en general, frente a los derechos sexuales y reproductivos. Así sucede también con la ofensiva de engaños frente a los derechos laborales, ofreciendo más trabajo para las mujeres sin tener en cuenta la sobreexplotación, la desregulación, la falta de derechos y las enormes brechas salariales. 

Nuevamente se presentan problemas dentro del movimiento de mujeres, por una parte, la presencia de un feminismo institucional, gestionando desde el aparato de gobierno y apoyado en la agenda de género de Naciones Unidas, que implementa políticas cuestionadas por el sector feminista autónomo. Se pierde el vínculo que existió en los 80 entre las feministas de sectores medios y las de los sectores populares. Ambas situaciones llevaron a un silencio de los movimientos feministas durante los 90 y a un estancamiento del activismo; puesto que, mientras se incorporaban las demandas de las feministas a la agenda política, se desmovilizaba el movimiento autónomo y popular. La discusión de los problemas de las mujeres, se enmarca en el ámbito de la academia en los escritorios universitarios, que están muy alejados de la situación cotidiana de las mujeres populares y explotadas. 

En la actualidad 

A partir de 2008, renace un nuevo ciclo de movilizaciones feministas que no había sido previsto, las movilizaciones de mujeres volvieron a contar con miles de participantes, en una agenda marcada por la conmemoración de varias fechas anuales surgidas de los movimientos de mujeres: Día Internacional de la Mujer, Día por la Despenalización del Aborto y Día Contra la Violencia Hacia las Mujeres; además de convocatorias ante alguna situación crítica, especialmente de violencia de género. A las organizaciones que habían sobrevivido desde los años de la dictadura se unieron numerosos colectivos, muchos de ellos vinculados al movimiento estudiantil de enseñanza media y universitario.  

El somero recuento histórico de las líneas anteriores tiene como objetivo visibilizar que la lucha de las mujeres tiene larga data, que las conquistas obtenidas no han sido fáciles y menos exentas de obstáculos de todo tipo. Sin olvidar la amenaza permanente de los sectores conservadores en su época y neoliberales en la actualidad, que buscan confundir y desviar la lucha de las mujeres. Hoy día, la lucha feminista se reduce a espacios de mujeres intelectuales y demandas, que, si bien son muy legítimas, se centran en los abusos sexuales y la violencia más evidente de género. Pero se olvidan de la cotidiana explotación, subordinación y relegación de las mujeres más desposeídas. No serán sólo los sectores intelectuales y menos las que confían en la institucionalidad vigente, las que logren terminar con la opresión de la mujer. 

Mientras no nos organicemos las mujeres comunes, las trabajadoras, las pobladoras, las profesionales y las mal llamadas dueñas de casa, no lograremos la real emancipación de las mujeres. Para terminar con la opresión patriarcal es necesario terminar con la opresión del capital, tanto económica como en la imposición de sus ideas. Pero ello sólo será posible si logramos tomar conciencia y organizarnos en conjunto con toda la sociedad. La lucha de la mujer es también la lucha por un cambio de sociedad, en donde se puedan generar las bases reales de un sistema distinto, sustentado en la solidaridad y la humanidad para todos y todas, sin discriminación, sin racismo, sin explotación del trabajo, no sólo del hombre por el hombre sino también de la mujer.