40 ahora semanales sí, abuso patronal, no

Por Ariel Sáenz

En medio de un complejo momento para la humanidad, donde vemos las imágenes de la depredación y extinción de uno de los pulmones de nuestro conteniente, el Amazonas, y con ello  la evidencia del nivel que ha alcanzado una forma de depredación, que domina la sociedad y donde el modelo capitalista ya no es capaz de controlar la voracidad en la acumulación de riqueza de unos pocos y la consecuente miseria de millones. 

La gran burguesía financiera ha emprendido una ofensiva global en contra de los trabajadores y todos los pueblos del mundo. La fuerza del globalismo liberal, sobre cuyos hombros cabalgaron durante tres décadas depredando el planeta, despojando a las naciones de sus riquezas, explotando a los trabajadores, oprimiendo a los pobres y masacrando a los pueblos arrebatando 10 millones de vidas, ha agotado su utilidad. 

Mientras Piñera se florea cual perro faldero en la cumbre del G7, la gran burguesía chilena, fiel a sus mandantes transnacionales, a tono con los tiempos, está empeñada en no rezagarse.  

En este contexto en Chile, los patrones preparan nuevas arremetidas en contra de los trabajadores. Luego de haber logrado instalar el Estatuto Joven, la Cotización Obligatoria de los trabajadores a honorarios y la tramitación del TPP-11, tampoco no olvidamos la Ley de Subcontratación y sus consecuencias nefastas. 

Ávidos de lucro, pagando salarios de hambre y con una cesantía que la estadística oficial sitúa sobre el 7%, sin conformarse con las tasas de ganancias que han obtenido en las últimas décadas, ahora pretenden convencer a los trabajadores de los beneficios de lo que ellos llaman la flexibilización laboral. 

Se han volcado con todo a promover una reforma laboral a la medida de sus intereses mezquinos, reduciendo la jornada laboral semanal a 41 horas, bajo sus condiciones. Estas condiciones implican responder a las “necesidades del mercado”; “pactar” las horas con el patrón; “adaptabilidad” laboral;  jornadas de trabajo superiores a 12 horas; “flexibilidad” de horario; “bolsas” de horas extraordinarias; eliminación de la obligatoriedad del descanso dominical; tiempo preparatorio a cuenta de los trabajadores. 

En definitiva, la reforma promovida por el gobierno pretende arremeter en contra de los pocos derechos reconocidos por ley que han logrado los trabajadores luego de años de lucha y la superación de dificultades enormes, reconfigurando así la superestructura que regula la relación capital / trabajo: se profundiza la precarización de las condiciones de trabajo. 

Las necesidades de mercado no son otras que las necesidades usureras que emanan de la pulsión de lucro insaciable de la clase burguesa. La pactabilidad no es  más que un engaño para dejar en un estado de vulnerabilidad a los trabajadores, en una relación caracterizada por la asimetría y el despotismo patronal.  

En ese contexto, la adaptabilidad, la flexibilidad horaria y la disposición de bolsas de horas extra, permiten al patrón disponer de manera arbitraria y a su beneficio de las horas de trabajo. Las jornadas de 12 horas de trabajo diario, representan la súper-explotación de los trabajadores y en ese contexto, dado los salarios de hambre y las limitaciones a la capacidad de negociación de los trabajadores, un estímulo macabro para que el trabajador complemente su trabajo con otra actividad laboral, en el tiempo que podría destinar a su descanso.  

Suman además, la relativización del descanso dominical termina por violentar la libre disposición y usufructo de horarios de descanso y la eliminación de la jornada laboral del tiempo preparatorio, simplemente una usurpación vulgar. 

Frente a este estado de cosas, es la obligación urgente de los trabajadores conscientes redoblar los esfuerzos de todos los trabajadores por armarse de organización, por construir la unidad de quienes estén dispuestos a luchar y por masificar la movilización y la protesta social, en todas sus formas, sobre la base de un contenido clasista, abrazando todas las formas de resistencia frente a la arremetida patronal. 

¡A LUCHAR POR 40 HORAS DE TRABAJO SEMANAL Y PUNTO!