2017: Los desafíos de los Trabajadores y Trabajadoras

Al conmemorarse 131 años de la lucha de los mártires de Chicago, los desafíos de los Trabajadores y Trabajadoras en Chile adquieren nuevas dimensiones: no sólo enfrentarse al sistema capitalista, que profundiza la explotación con todas sus consecuencias de vida, y enfrentarse al Estado que oprime y reprime en defensa de los intereses capitalistas, sino también, acabar con el patriarcado.

En este 1° de Mayo, aquí en Chile, desde hace un tiempo, se evidencia una sostenida recomposición de los movimientos sociales, de la cual los trabajadores y trabajadoras no han estado ausentes. Aún más, ha ido emergiendo un nuevo sindicalismo, un sindicalismo de lucha y de clase, que plantea nuevas problemáticas y desafíos.

Necesidad de una central clasista.

Si hay algo que caracteriza este período, es la definitiva bancarrota de las organizaciones sociales que se pusieron al servicio de la llamada transición a la democracia y, en particular, de las cúpulas del sindicalismo que se pusieron al servicio de los intereses patronales. Por su origen, estas cúpulas son incapaces de enfrentar con decisión a la patronal y sus expresiones políticas frente a los dramas que aquejan a millones de trabajadores y trabajadoras. Los intentos de las dirigencias de las centrales Unitaria, Autónoma y UNT, de presentar a los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría como aliados de las clases trabajadoras, ha revelado ser una gran farsa. Además, las pugnas inter burocráticas por quedarse con la conducción de estas centrales han dejado al descubierto una simple lucha mafiosa, en especial lo ocurrido en la Central Unitaria.

Ante este escenario, se hace imperiosa la necesidad de que los trabajadores y trabajadoras levanten nuevos órganos de defensa y lucha por sus intereses, que cristalicen finalmente en una nueva Central que reemplace definitivamente a las actuales, basada en el sindicalismo clasista que se ha constituido en estos años en el ámbito de la minería, el portuario, los faeneros, el transporte, los empleados públicos, los profesores y los subcontratistas.

NO se trata de cualquier central, sino de una que rescate el proyecto clasista original de la CUT (Central Única de Trabajadores), fundada por Clotario Blest en 1953 pero que, además, esté firmemente asentada sobre una estructura democrática y de los trabajadores y trabajadoras en lucha.

El problema fundamental a resolver es el carácter que debe asumir una nueva Central. Si va a ser una central para convivir y colaborar con los patrones, o se busca refundar la sociedad chilena poniendo fin al capitalismo. El desafío que se plantea es la lucha y construcción de una nueva sociedad, basada en el trabajo, y que ponga fin a los patrones con su explotación; que supere al patriarcado; que ponga fin a la depredación del medio ambiente; que garantice los derechos sociales universales; que desarrolle la solidaridad y el bien común. Este es el gran desafío histórico que debe asumir la clase trabajadora en la construcción de una nueva central.

La construcción de un nuevo proyecto clasista, debe ser capaz de superar los cantos de sirena, las trampas e ilusiones que el sistema pone y pondrá en el camino. Es por eso que, para que el proyecto sea viable, debe plantearse constituir a los trabajadores en poder, en el poder que da la unidad, la organización y la lucha. Solo así será posible constituir una sociedad hecha por y para los Trabajadores y el Pueblo.

En ese camino, hoy día, hay que rescatar la huelga como instrumento de lucha, que impulse la participación de las bases y la asamblea como instancias de decisión, que avance, efectivamente, en el mejoramiento de las condiciones de vidas de los trabajadores y trabajadoras, chilenos, mapuches e inmigrantes. Que unifique todas las luchas.

 A sobrepasar la reforma laboral de la Nueva Mayoría

Hoy día, la clase Trabajadora se ve enfrentada a una prueba de fuego: sobrepasar la reforma laboral, producto de la ofensiva patronal.

Esta ofensiva patronal, es producto de la aguda desaceleración por la que atraviesa el capitalismo chileno, donde el capital necesita echar mano a los salarios de la mano de obra para recomponer los niveles de rentabilidad perdidos.

En ese marco, la reforma laboral impulsada por el gobierno de la Nueva Mayoría y aprobada por el parlamento, lejos de significar un aumento del poder negociador de los trabajadores, en su espíritu apunta, más bien, a debilitarlos en la medida en que criminaliza determinadas formas de acción directa y los obliga a hacerse parte de la gestión capitalista, responsabilizando a los trabajadores de garantizar la provisión de servicios mínimos de la empresa y adecuaciones necesarias, en caso de declararse en huelga.

La reforma laboral pretende someter más a los Trabajadores. En ese escenario, la respuesta no puede ser otra que la búsqueda de salidas que puedan justamente sobrepasar la reforma laboral.

Frente al intento de aislar las negociaciones colectivas a empresas particulares, hay que confluir en las demandas en común, construyendo acuerdos marco entre los sindicatos, para poder negociar por rama, ya sea de hecho o de derecho. Esto obliga a dar saltos en la coordinación que permitan la articulación, también de hecho o de derecho, que sea capaz de desarrollar las luchas adecuadas a las circunstancias.

Se hace necesario confluir en la lucha por incrementar los sueldos base, disminuyendo los bonos condicionados, neutralizar la adaptabilidad laboral y el despido; acabar con la subcontratación; avanzar en derechos y beneficios.

Nada de eso será posible si no se es capaz de desplazar, derrotar y aislar, a los sindicalistas y/o sindicatos amarillos, que son verdaderos mercenarios (pagados con privilegios), y que dividen y dañan la lucha y organización. La unidad de los que luchan, de los dirigentes, sindicatos y trabajadores es, sin lugar a duda, una de las tareas fundamentales del sindicalismo clasista.

A rechazar la propuesta del Gobierno que mantiene a las AFP

El Gobierno de la Nueva Mayoría, en respuesta a la masiva marcha de la Coordinadora Nacional de Trabajadores No+AFP, ha anunciado una propuesta para, según ellos, resolver el problema de las pensiones. Veamos: el aumento promedio de un 20% de las pensiones, significa que las pensiones promedio que son de $ 200.000, subirán $ 40.000, quedando bajo el actual sueldo mínimo ($ 270.000). Y el aumento que se promete de un 50% de las pensiones será para unos 30 a 40 años más. Es decir, con o sin proyecto las pensiones seguirán siendo indignas y miserables.

Y eso no es casualidad. El Gobierno no toca ni un pelo al negocio de las AFP y ellas, junto a la capitalización individual, seguirán siendo la base fundamental del sistema de pensiones.

Es por eso que sigue vigente la propuesta de la Coordinadora de:

  • Que nadie puede tener una pensión inferior al salario mínimo y que hoy día sería de $ 270.000.
  • Que los patrones coticen el 9% (y no un 5%), y que los trabajadores también coticen un 9% (y no más de un 10%), para incrementar real y solidariamente las pensiones
  • Hay que poner fin a las AFP y que los Trabajadores puedan recuperar sus fondos, y construir un nuevo sistema de pensiones, de reparto y solidario con una administración pública, autónoma y única de la Seguridad y Previsión Social.

Los hechos demuestran que esta lucha no será fácil, porque las AFP son la base de este sistema capitalista. No hay caminos mágicos que puedan acortar los tiempos ni minimizar los obstáculos. Las luchas de los trabajadores y el pueblo, enseñan que el camino no es otro que el de la organización y la lucha. No se puede caer en el juego del Gobierno de mejorar un proyecto que protegerá a las AFP, parlamentarizando la lucha, y creando la ilusión que las instituciones corruptas y financiadas por el empresariado resuelvan lo que le corresponde hacer a los Trabajadores.  La tarea sigue siendo la misma: dar una respuesta masiva y contundente de rechazo a la propuesta del Gobierno y seguir trabajando para avanzar a un verdadero paro nacional.

A luchar contra el patriarcado.

Una nueva oleada feminista está en marcha, no son solo son las multitudinarias marchas producto de la indignación contra los femicidios, sino el compromiso de mujeres y hombres por la construcción de una nueva sociedad. 

Sin embargo, falta mucho camino por recorrer. Nuestro país se encuentra teñido de machismo —y lo vemos a diario—, producto del patriarcado y de este sistema capitalista, que pone a la mujer en un plano inferior, para incrementar sus ganancias.

La tarea urgente es avanzar, mujeres y hombres, en la igualdad entre géneros, en los derechos de las mujeres, incluyendo que sea ella la que decida por su propio cuerpo. Es necesario enfrentar la violencia permanente que cae sobre las mujeres, ya sea esta social, simbólica y económica, como la doble explotación a la que se la somete, en la casa y en el trabajo.

La responsabilidad social por la reproducción recaerá en el colectivo, el cuidado de niños, enfermos y ancianos será responsabilidad también de los hombres, y el trabajo doméstico será compartido y reconocido social, política y económicamente.

Los trabajadores y trabajadoras chilenos, mapuches e inmigrantes han iniciado un camino que avanza hacia nuevas conquistas, resistiendo las nuevas arremetidas patronales y construyendo una nueva sociedad.