1º de Mayo: de la precarización a la organización del área social

Por Simón Matus

“el único camino que debe conducir al triunfo a nuestro pueblo, la acción directa, tajante y sin claudicaciones en demanda de la transformación revolucionaria que exige el pueblo y la clase trabajadora chilena” Clotario Blest, 1960

Nuestro país se ha neoliberalizado a tal punto, de que no solo derechos como el agua y la educación son mercancía para un grupo selecto de personas, sino que también la vulnerabilidad, la marginalidad y la misma desigualdad, por medio de la implementación de las políticas públicas, se han convertido un nicho de negocios para que particulares se apropien de dineros estatales, dineros que deberían ir destinados totalmente a desarrollar intervenciones de protección y reparación de derechos para nuestros niños y jóvenes, y en condiciones óptimas para los trabajadores. Sin embargo condenan a los trabajadores y a usuarios a la precarización del servicio, volviendo a ser víctimas esta vez de un sin fin de intervenciones de bajo impacto y engrosando los bolsillos de fundaciones, corporaciones o distintas empresas.

No obstante, los trabajadores y trabajadoras, no son solo generadores de riquezas, sino que también de bienestar social, a pesar de las condiciones adversas en el trabajo con niños, niñas y adolescentes de este país, que tan terriblemente los vulnera al quitarles sus familias por las esclavizantes jornadas de trabajo, quitándole el derecho a la educación, a la salud y general el derecho a crecer en una comunidad saludable.

Por eso la organización sindical, no solo cumpliría el rol reivindicativo por apelar por mejores condiciones salariales y de trabajo, sino que inevitablemente tendría impacto sobre la capacidad de los trabajadores para desarrollar un trabajo que entregue dignidad y derechos a las hijas e hijos de este país. Es más, el entendimiento es que en la medida de que como trabajadores seamos capaces de gozar de derechos, también podemos ser mejores garantes de ellos.

Para esto es determinante el fin al lucro, igual que en la educación y la salud, junto al fin del sistema de licitaciones en las políticas públicas, pues son estas las trampas que tienen en precarización a más de trescientos mil trabajadores, profesionales, técnicos, artistas y auxiliares. Situación de la cual es cómplice tanto el estado como las supuestas organizaciones sin fines de lucro.

Sin embargo para esto es necesario construir una fuerza de trabajadores y trabajadoras del área social que permita conquistar no sólo mejores condiciones, sino cambios en la política pública, orientándola a garantizar derechos y no venderlos a privados, cambios que acaben con la externalización de servicios y los contrato a honorario.

Finalmente, es necesario comprender que solo una nueva forma de sindicalismo y nuevos sindicatos – uno alejado de burocratismos o prácticas antidemocráticas, pero que exprese poder por sí mismo – podrán dotar de la fuerza necesaria a la clase trabajadora para remover las trampas dejada por la dictadura en el modelo de licitación y la actual reforma laboral. No existen atajos ni parlamentos que puedan sustituir la fuerza de la clase trabajadora.