15 de Agosto: La Vigencia de un Proyecto Revolucionario

por Ernesto Castro

A más de cuatro décadas de la violenta interrupción del histórico proceso emancipador desarrollado por la clase obrera chilena, desde finales del siglo XIX con el nacimiento de las primeras manifestaciones organizadas de conciencia a favor de los explotados; comprendemos y valoramos los niveles que alcanzaron y que permitieron el nacimiento de un conjunto de ideas y propuestas practicas encarnadas, principalmente, en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, que son un valioso aporte a la histórica tarea de liberar a la clase para construir una nueva sociedad al servicio de los intereses y necesidades de las grandes mayorías del país.

No es sólo la importancia de la entrega cotidiana, combate a combate, a la lucha social, política y militar —esta última, comprendida en todos sus significados y ámbitos de acción—, sino que, también, —y tal vez más importante— a la dimensión de las propuestas de futuro; es decir, cada una de las características del sueño por hacer realidad un gran futuro para millones de, hoy explotados, mañana liberados.

El Poder Popular

Extraordinarios logros de aquella valiosa y gloriosa generación de jóvenes revolucionarios, no sólo en nuestro país, sino que en todos los suelos de la Patria Grande. En Chile, ellos fueron los catalizadores de décadas de lucha libradas por varias generaciones de trabajadoras y trabajadores. Fueron depositarios del producto de la alquimia de la historia, para plantear con claridad «Crear Poder Popular» para liberar a la clase y construir una nueva sociedad, rompiendo con las cadenas que permitían las injustas condiciones de vida de los pobres del campo y la ciudad.

Un proyecto claro que invitó a luchar para crear el pan para todos; el trabajo y el fruto digno para el que lo realiza; la justicia y la libertad de aprovechar, para el pueblo, las tremendas riquezas que posee nuestra tierra y posibilitar a cada uno de sus hijos el camino al Hombre Nuevo. Un proyecto que fue y es enemigo mortal de aquellos que esclavizaron y esclavizan a la clase trabajadora en función de los mezquinos intereses de los patrones.

¿Una derrota?

Solo la represión y la muerte interrumpieron el naciente proyecto liberador que se abría camino raudo, y se fundía en la masa de explotados, ávidos de propuestas de cambios verdaderos, desesperados por cambiar la miseria por una vida digna. Temprano, los dueños del poder habían condenado a muerte a la utopía. Pero, a pesar del crimen, no lo lograron. Las motivaciones aún se mantienen intactas. La persecución, tortura y muerte del pueblo y de los dignos y heroicos dirigentes solo sirvieron para aumentar los niveles de explotación de los trabajadores y de la población en general y para agravar las causas que engendraron la necesidad de luchar para cambiar el estado de las cosas.

En Chile, el sacrificio diario de millones de seres humanos solo sirve para que algunos pocos figuren como poseedores de las fortunas más grandes del planeta. Todos los grandes y ricos recursos naturales de nuestro suelo, que nos pertenecen, son arrasados por las grandes corporaciones trasnacionales que solo dejan pobreza social y destrucción del medioambiente. Derechos y necesidades fundamentales no son respetados o no son atendidos.

La rueda de la historia sigue su curso. Después de décadas de ausencia, nuevos movimientos sociales despliegan sus primeros pasos, nuevas generaciones de jóvenes revolucionarios avanzan al encuentro de su pueblo, renuevan esperanzas, reavivan las llamas de futuras victorias de la clase. Un proyecto inconcluso se está reconfigurando para hacer que las grandes mayorías explotadas sean protagonistas de su propia historia.